Un entramado llamado Rosalía

La artista española trajo una de las estéticas más complejas y celebradas a la escena musical del 2018.

 

Cortesía de Lorenza Ramírez (@lorenzalamas_)

 

“Un clavel en mi melena ¿no lo ves?”, canta Rosalía a J Balvin en su dueto Brillo. Sin embargo, en la imagen a cargo de la fotógrafa Camila Falquez, capturada para la edición de septiembre de 2018 de Vogue España, no un clavel, sino una cautivadora serpiente blanca que contrasta, como una corona, con la oscura melena de Rosalía, quien viste una pieza roja de grandes boleros con uno de sus hombros descubierto, para completar un clásico trío flamenco: blanco, negro, rojo.

El fondo verde que acompaña la imprescindible identidad flamenca recuerda al espectador la capacidad de la artista de 25 años para hacerle el quite a la rigidez. Lejos de oponer los elementos de su trabajo, busca articularlos y fusionarlos en forma de géneros musicales, roles, estéticas y colaboraciones.

Aproximadamente 996 kilómetros  separan a Sevilla, capital de Andalucía –región conocida como cuna del flamenco–, de Barcelona, ciudad natal de Rosalía. La distancia se hizo sentir con críticas de perspectivas puristas del flamenco y otros géneros. Así como alguna vez atacaron la experimentación  del gran exponente flamenco y cantaor gitano Camarón, ahora se mostraban en contra del nuevo álbum de Rosalía: El mal querer, un trabajo conceptual en el que, desde hace más de un año, la fusión entre flamenco, ritmos africanos y ritmos urbanos como el trap, comparten importantes escenarios del mundo encarnados en el cuerpo de la cantaora catalana.

Por otro lado, El mal querer, específicamente la canción Malamente, le valió a Rosalía dos victorias de las cinco nominaciones que tuvo en los Premios Grammy Latinos 2018; una por Mejor canción alternativa y la otra por Mejor fusión/interpretación urbana. Asimismo, el juego de símbolos y referencias presente en su composición visual es una muestra más de la mixtura del proyecto.

La portada de El mal querer, presentada al público el 14 de septiembre de este año, muestra una silueta que vista rápidamente parece una figura religiosa, la Virgen. No obstante, observarla con atención hace evidente la inexistencia de su manto, a su vez remplazado por una capa que se abre al mundo. Su desnudez recuerda más a El nacimiento de Venus de Botticelli que a la reconocida figura bíblica. El halo de luz ya no alumbra al Sagrado Corazón, sino el sexo. Y la tan temida serpiente no se posa debajo de sus pies, sino que se presenta como un coqueto detalle enroscada en la parte inferior de su pierna izquierda.  

Tanto en la editorial de Vogue España como en la portada de El mal querer, la serpiente se muestra en un rol de acompañante, más que en el de un ser al cual temer. En el juego de elementos aparentemente contradictorios: el espejismo virginal y la víbora; la pureza y el erotismo; el rosario y el tarot. Así, se hacen públicas dicotomías que han regido el concepto del ‘ser mujer’ en occidente. Sin embargo, estos elementos no se muestran como extremos sobre los que se deba tomar partido, sino que se hacen evidentes a los ojos de quienes los contemplan para mezclarlos y jugar con ellos.

Ornamento, espacio e imagen en movimiento

En sus videos, al look flamenco se suma el dinamismo de la vida urbana, tanto en el vestuario como en los espacios. Velos, peluche, minifaldas, boleros y accesorios conviven con sudaderas, chunky sneakers y elementos deportivos que suelen equilibrar la balanza entre el ornamento y la funcionalidad del vestir, cualidades históricamente adjudicadas y reforzadas desde el siglo XVIII al rol de la mujer y el hombre respectivamente. En la figura de Rosalía, ambas cualidades convergen para abrir el rango de posibilidades sobre las cuales nos hemos aprendido a narrar.

En el videoclip de la canción Pienso en tu mirá se puede ver cómo el adorno se vincula con el espacio doméstico y la posesión. Las manos que visten con joyas a Rosalía son las mismas que, a través de la coreografía, crean la sensación de encierro.

De igual forma, a partir del estilo urbano se toman elementos de escenarios asociados con la masculinidad y con dinámicas machistas, como talleres de autos o parqueaderos de camiones. Generalmente, Rosalía y su grupo de bailarinas intervienen estos espacios llenándolos del movimiento de coreografías fuertes y precisas. Cada bailarina porta además un vestuario distinto al de las otras: se conserva el estilo general, el equilibrio de los colores y el uso de elementos que permitan el movimiento que requiere el baile, pero las prendas de cada una varían. La imagen que se construye al desarrollar las coreografías es diferente en espacios privados, en los cuales las bailarinas aparecen uniformadas y con la cara oculta, se anula el carácter individual y se revela su apoyo como elemento de ambientación.

El cuerpo en vivo

Sin duda dos de los elementos más importantes en la puesta en escena en vivo tienen que ver con el trabajo conjunto: el cuerpo de baile y Palomo Spain. Por un lado, el cuerpo de baile, conformado en su totalidad por mujeres, marca el espacio, crea formas, genera la atmósfera necesaria para mover la energía y conectarse con el público. A diferencia de los videoclips, en los espectáculos en vivo se homogeneiza el vestuario del cuerpo de baile, sin importar lo dinámica que pueda ser la coreografía, pues el foco está en resaltar a Rosalía, quien además viste un color distinto al del resto.

El encargado de ingeniar piezas que representen a Rosalía y al mismo tiempo permitan ejecutar las coreografías es Palomo Spain. El joven diseñador cordobés creó el vestuario para la gira de la artista y ha estado a cargo de la mayoría de eventos en vivo en los que se ha presentado. Nuevamente, se tiene muy en cuenta las formas típicas del flamenco, haciendo uso de flecos y drapeados, pero sobre todo se mantiene el juego con colores propios de la identidad flamenca: blanco, negro y rojo. El diseño de las prendas puede variar entre minifaldas, pantalones, bodies o croptops, pero los colores generalmente permanecen. Así lo evidencian importantes eventos como Los 40 Music Awards, los MTV EMA Awards y el más reciente, la gala de los Premios Grammy Latinos 2018.

No obstante, estos no son los únicos escenarios que reúnen a Rosalía con el diseño de moda y dos ejemplos permiten evidenciarlo. Por un lado, la más reciente Semana de la Moda en París, en donde el diseñador colombiano Esteban Cortázar usó el flamenco como inspiración e incluyó Malamente como parte de la música en su pasarela primavera/verano 2019; por otro, dirigido a un público más amplio, el lanzamiento  de la colección Pull&Bear by Rosalía el pasado 12 de noviembre, un trabajo en conjunto de la marca con la artista.

La imagen de Rosalía compuesta en diferentes formatos representa, por una parte, la coexistencia de símbolos y significados históricamente afianzados y puestos en el contexto de la vida de la mujer contemporánea. Su vestir es también una extensión de las diferentes áreas que fabrican su identidad, una reafirmación flamenca, la combinación de géneros musicales, el despojo de acciones relacionadas con el deber ser femenino, el oscilar entre una estética construida para ser apreciada y otra que permite el movimiento. El suyo es un vestir que teje un llamado para aprender a fluctuar, a mezclar y a experimentar más de cerca el entramado que se esconde entre los aparentes extremos.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach