Feminismo y Relaciones Internacionales

Para este artículo quisiera ahondar en un tema que ha venido haciendo eco desde las últimas décadas y se ha hecho más persistente en la coyuntura actual: la presencia femenina en la arena internacional. Estamos viviendo una realidad donde una pandemia ha llegado a todos los rincones del planeta y los dos bloques (China y Estados Unidos) parecen haber fallado en su prontitud y acertividad para ejercer poder sobre los agentes tanto estatales como no estatales para contener el virus y proteger su territorio. Los únicos estados que están sobrellevando esta situación con eficiencia y prontitud han sido Alemania, Corea del Sur, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Taiwán. A excepción de Corea del Sur estos estados tienen en común que quienes están al mando son mujeres. 

 

La nota de Forbes que trajo el foco a este tema, ilustra alguna de las medidas que estas mujeres han implementado para reprimir la multiplicación del agente patógeno. Actuaron con prontitud e inmediatamente adoptaron templanzas de restricción de movimiento y realización colectiva de pruebas. Adicionalmente, tomaron de manera seria los informes científicos y demostraron ante su población empatía y certeza. Por el contrario, figuras políticas como las de E.E U.U, Reino Unido, México y Brasil respondieron ante este cisne negro de manera incrédula y altiva, cosa que les ha costado al responder ante este nuevo agente. 

 

Al hacer esta comparación, no se quiere asentar que las mandatarias han respondido mejor a esta emergencia internacional simplemente por ser mujeres. Más bien, se quiere constatar cómo estos valores patriarcales que infestan el sistema internacional en el actual contexto globalizado e hipermoderno están resultando ser obsoletos. 

 

Tras la creación del estado moderno con el tratado de Westfalia el panorama internacional parece ser un gentlemen’s club. La presencia femenina en este sistema es muy poca. Inclusive hoy en día hay más cabezas de estado masculinas que femeninas, más precisamente el 25% de los líderes globales son mujeres. Esto se debe a  procesos sociales establecidos, que han mantenido a las mujeres por fuera de cualquier posición política que tenga influencia estatal (a veces de manera coercitiva). 

Margaret Thatcher y otras cabezas de estado en la cumbre de Venecia en Septiembre de 1987.

 

A pesar de que las mujeres hemos estado fuera del alcance estatal, nuestra presencia ha permeado las esferas de la arena internacional. Cynthia Enloe, una internacionalista prominente, visibilizó estos hechos en su libro Bananas, Beaches and Bases (1989), donde cambió la perspectiva macro de las Relaciones Internacionales y le dio visibilidad a las micro esferas. En su trabajo argumenta que las relaciones entre gobiernos no solo dependen del capital y armamento, también del control de las mujeres como símbolos, como consumidoras, trabajadoras y cuidadoras. 

 

En el presente contexto, la existencia de las mujeres en la esfera internacional se ha establecido aún más, no sólo han aumentado las cabezas de estado femeninas, sino que sus aproximaciones han permitido mayor transparencia y cooperación entre naciones. Un ejemplo de esto ha sido Taiwán, quien desde el inicio del brote ha sido bastante abierto con sus datos y ha enviado equipos médicos a  regiones como E.E.U.U, y Europa. Taiwán inclusive fue ignorado por la Organización Mundial de la Salud al principio del año, cuando determinó que el virus podía transmitirse de humano a humano. Y a pesar de su evidente eficiencia, sigue sufriendo el ostracismo de la OMS.   

 

Así mismo, la presencia femenina ha sido indispensable a escala micro. Basta con observar las estadísticas del World Economic Forum, donde se enunció que el 70% del cuerpo médico y científico que le está haciendo frente al COVID-19 está conformado por mujeres. En en la industria de la moda y la belleza, variadas marcas han gestionado la manufactura de trajes especiales, mascarillas y geles desinfectantes para abastecer los organismos de salubridad. Y ciertamente quienes están detrás de esta persistente fabricación son las mujeres. 

 

Hemos estado presenciando momentos de tensión internacional, desde antes del estallido del COVID-19. China y Estados Unidos venían con  disputas económicas y el Reino Unido recién se había fragmentado del bloque europeo. Estas tensiones no han nada más que aumentado con este prisma y posiblemente habrá una nueva cortina de hierro entre el Dragón y el tío Sam. 

 

Al ser el sistema internacional un espacio anárquico, los Estados deben velar por su bienestar y tomar la postura de cooperar o no cooperar. Lo que está sucediendo con estas dos naciones es que han abarcado una posición Realista, es decir han afirmado el hecho de que no pueden confiar entre sí y por ende, la cooperación no es viable. Deben velar por sus intereses nacionales y de ser necesario, a través de la sujeción. 

 

Esta jugada Realista es en su núcleo patriarcal y no se puede ignorar que contiene valores similares a los que históricamente se le han adjudicado a lo masculino. Encender un ambiente hostil internacional no evitará que la pandemia se siga propagando, esto simplemente impulsaría el racismo, la xenofobia, la autocracia y el sexismo. En estos momentos de urgencia los estados deben acercarse con transparencia, con el ánimo de colaborar, compartir conocimiento y sobretodo ayudar a los estados del sur global que no tienen las instituciones adecuadas para enfrentar la pandemia. Ahora más que nunca los estados deberán seguir el ejemplo de solidaridad y cooperación de los países que han respondido de manera eficaz a este evento de salubridad y abandonar sus posturas coercitivas y bélicas.

 

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach