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Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural

Por: Maria Camila Akl

Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural

 

  • Maria Camila Akl es nuestra invitada especial para este artículo. Su experticia en Gestión Cultural y administración de empresas le agrega a nuestra línea editorial una perspectiva mercantil de las actividades culturales, la curaduría y los museos.

 

Durante el 2019 el Victoria and Albert (V&A) presentó la exposición Christian Dior: Designer of Dreams, la misma exhibición que hizo el año anterior con mucho éxito el Musée des Artes Décoratifs de París (MAD), pero con una nueva sección que les permitía darle un enfoque a la experiencia de la marca y del diseñador en Inglaterra.

 

La exhibición tuvo gran éxito ya que fue la más visitada en la historia del museo. No obstante, también fue duramente criticada por no abundar en algunos temas historicamente importantes que pudieron enriquecer la exposición, posiblemente por mantener buenas relaciones con el conglomerado LVMH quien es actualmente dueño de la casa de moda. La periodista Rachel Cook da varios ejemplos en su reseña sobre esta exposición en el V&A. Uno de ellos es el hecho de que el New Look de Dior fue lanzado en el año 1947, justo dos años después del final de la guerra cuando todavía la gente necesitaba cupones

de racinamiento para alimentarse o para vestirse. En contraste, el New Look de Dior era un despilfarro de tela que no solo chocó con su contexto sino que también representaba valores que las mujeres habían dejado atrás durante la guerra. Otro ejemplo de Cook es el hecho de que el V&A no menciona por qué Dior se vio obligado a sacar a su director creativo Jhon Galliano después de que este hiciera comentarios racistas y antisemististas.

 

Las críticas a la exposición son válidas y el no haber abundado en algunos temas incómodos para la casa de moda, reduce la exposición (según los críticos) a una simple campaña de mercadeo. Y tienen razón pero no fue una campaña de mercadeo que sólo beneficia a Dior, sino también al museo.

 

Los beneficios de dicha exhibición son claros para la casa de moda. Una de las estrategias de mercadeo utilizadas por varias megamarcas de lujo ha sido posicionarse como marcas históricas que poseen una rica herencia. Las exhibiciones a gran escala, en asociación con los principales museos, ayudan a aumentar la concienciación del público y pulir sus historias patrimoniales. Dior no ha sido la única que ha utilizado esta estrategia, otras casas de moda cómo Louis Vuitton o Chanel han hecho lo mismo, he inclusive varias han fundado sus propios museos.

 

El V&A por su carácter de museo, tiene el próposito de atraer a la mayor cantidad posible de público no sólo para la subsistencia del mismo sino para difundir información y experiencias de una variedad de temas (en este caso moda y arte) que son trasendentales para la sociedad. Ahora bien, no siempre es fácil captar público y una de las estrategias para lograrlo es optar por alianzas que generen tráfico y experiencias positivas. Después del caso del MAD, era evidente que la exhibición de Dior cumplía con dichas características. Hacer exposiciones como estas le permite a los museos dejar una impresión positiva en la mente del consumidor y con esto, la posibilidad de que dicha persona regrese en un futuro para visitar otras exhibiciones tal vez no tan ‘populares’.

 

Podemos vilipendiar el mercadeo y decir que el museo cedió a la presión de complacer a su aliado principal LVMH, a costas de profundidad y contexto histórico. Todo esto puede ser cierto pero también es el hecho de que más allá de ser una exposición, para el museo es una estrategia de captación de públicos apalancada en la popularidad de la marca Dior.

 

Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Dior Designer of Dreams: Una mirada desde la Gestión Cultural
Sobre el Tiempo: La Moda y la Permanencia

La cancelación del evento llevado a cabo cada primer Lunes de Mayo era inevitable, el mundo se detuvo de un momento a otro y ahora las personas de numerosos rincones geográficos nos encontramos en un encierro donde los días parecen confundirse entre sí. Irónicamente este suceso coincide con el tema que Andrew Bolton, curador del Costume Institute del MET, eligió para la famosa gala del museo: Sobre el Tiempo la Moda y la Duración. 

 

Sobre el Tiempo: La Moda y la Permanencia
Sobre el Tiempo: La Moda y la Permanencia

 

El tiempo es un concepto que ha sido teorizado por muchos pensadores, es un término que no posee una definición precisa y en muchas ocasiones ha sido considerado como relativo. La verdad de este fenómeno es que está presente en nuestras vidas sociales, psicológicas y físicas y no hay nada que podamos hacer para evitar que avance. Pero, ¿qué tiene que ver el tiempo con la moda y cómo se puede interpretar este tema?

 

Bolton escogió este tema basándose en la película de Sally Potter Orlando (1992), la cual está basada en la obra de Virginia Woolf que lleva el mismo título. La película gira alrededor de la historia de Orlando, un hombre que vive en la Inglaterra de la era Isabelina. Este personaje misteriosamente tiene la habilidad de viajar en el tiempo y experimentar los períodos que visita a través de ambos sexos. Esta película fue protagonizada por Tilda Swinton, quien es una actriz que se ha caracterizado por tener cautivadoras facciones andróginas que le han permitido desplegar su talento en papeles muy diversos. De acuerdo con Andrew Bolton, la idea del tema para la gala surgió de “una escena maravillosa en la que Tilda Swinton entra en el laberinto con una túnica de mujer a la francesa del siglo XVIII, y cuando la atraviesa, su ropa cambia a un vestido de mediados del siglo XIX, y reaparece en la Inglaterra de 1850”.

 

Además de hacer referencia a esta película, Bolton con mucha seguridad está citando el trabajo de Walter Benjamin, un pensador que vio en la moda una herramienta que permitiría comprender el proceso cambiante de nuestras sociedades e historias. Para Benjamin, la moda es consciente de la noción del tiempo, ya que cita el pasado, anhela el futuro y tiene una presencia sólida en el presente. El título de nuestra revista inclusive, hace alusión a esta noción. 

 

La moda está interconectada con la temporalidad y es un reflejo persistente de la vida humana. Benjamin declaró que la moda es capaz de viajar en el tiempo (aunque no de forma dimensional) y evita pasar de manera lineal por la historia. La moda se repite citando la historia y en este proceso, mitifica el pasado, creando un nuevo significado para las prendas revividas. Más adelante, Ulrich Lehmann retomaría este concepto de la eterna recurrencia de la moda y diría que “la moda habita en la posición de lo eternamente nuevo, la novedad en apariencia parece ser nada más que las mismas prendas diseñadas para un nuevo desempeño social”. 

 

La eterna recurrencia la podemos ver en diferentes circunstancias. Es posible empezar por nombrar las colecciones que distintos diseñadores exhiben en los Fashion Week de las capitales de la moda, cada una de estas colecciones está cargada de referencias históricas al pasado. Esto puede ser detallado por ejemplo en la colección que Versace presentó durante el Fashion Week de Septiembre del 2019 en Milán. En esta colección Donatella revivió el afamado vestido que Jennifer López había usado en el 2003. La célebre cantante apareció en la pasarela usando su Jungle Dress, sin embargo, este no era igual al del 2003, el vestido del ahora poseía ciertos cambios que le daban la característica de la “novedad”. 

 

La relación de moda y tiempo también puede ser desplegada en el mundo del cine. En María Antonieta (2006) de Sofia Coppola por ejemplo, hay una breve escena donde unos Converse aparecen en medio del siglo XVIII. Cualquiera pensaría que se trata de un error de filmación ya que estos zapatos claramente no pertenecen a la época. Pero la verdad es que esta escena fue una incongruencia juguetona que creó una intencional discordancia temporal. Es decir, que esta película a través de su vestuario está reinterpretando a este gran personaje histórico. Representando a María Antonieta como una estrella de rock de la modernidad. De esto se puede concluir que en estas interpretaciones fílmicas, la moda de otras épocas es preservada y superada. Preservada por que estas ropas se están trayendo de vuelta a la vida, y superada puesto que estas son interpretadas con nuevos valores y significados. 

 

Así mismo esto se materializa es en la moda vintage. Más que usar simplemente prendas de otras épocas, la moda vintage se traduce en un estilo que consiste en resucitar estéticas y vestidos pasados, donde lo viejo se valora. Es decir, estos vestidos, como el vino, atraviesan un proceso de añejo que le concede estatus a las prendas. Adicionalmente, la moda vintage permite que quien porte ropas del pasado pueda “viajar en el tiempo” y revivir estéticas o valores históricos. 

 

Durante esta etapa de pandemia y confinamiento, se han visto cambios significativos en ciertos aspectos del orden social y político. Desde antes de que se dieran estas circunstancias, la moda se había percatado de las tensiones entre Estados Unidos y China; y colecciones de las anteriores semanas de la moda habían resucitado prendas y estéticas de los años 60s y 70s, décadas donde las relaciones entre la U.R.S.S y Estados Unidos estaban bastante tensionadas. Ahora queda preguntarse, ¿cómo serán las relaciones entre el Dragón y el país del Tío Sam? Las actuales circunstancias dan a entender que es muy posible que se de una nueva guerra fría, donde la historia será repetida y el sistema de la moda acudirá a la eterna recurrencia para desplegar su ingenio.  

 

Nota: 

Aunque por el momento no podremos observar detenidamente los ostentosos vestidos que habrían usado los asistentes a la gala si esta hubiese tenido lugar, VOGUE E.E U.U anunció que la exhibición del MET tendrá un espacio en sus páginas de la edición de Mayo.  

 

Para este artículo quisiera ahondar en un tema que ha venido haciendo eco desde las últimas décadas y se ha hecho más persistente en la coyuntura actual: la presencia femenina en la arena internacional. Estamos viviendo una realidad donde una pandemia ha llegado a todos los rincones del planeta y los dos bloques (China y Estados Unidos) parecen haber fallado en su prontitud y acertividad para ejercer poder sobre los agentes tanto estatales como no estatales para contener el virus y proteger su territorio. Los únicos estados que están sobrellevando esta situación con eficiencia y prontitud han sido Alemania, Corea del Sur, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Taiwán. A excepción de Corea del Sur estos estados tienen en común que quienes están al mando son mujeres. 

 

La nota de Forbes que trajo el foco a este tema, ilustra alguna de las medidas que estas mujeres han implementado para reprimir la multiplicación del agente patógeno. Actuaron con prontitud e inmediatamente adoptaron templanzas de restricción de movimiento y realización colectiva de pruebas. Adicionalmente, tomaron de manera seria los informes científicos y demostraron ante su población empatía y certeza. Por el contrario, figuras políticas como las de E.E U.U, Reino Unido, México y Brasil respondieron ante este cisne negro de manera incrédula y altiva, cosa que les ha costado al responder ante este nuevo agente. 

 

Al hacer esta comparación, no se quiere asentar que las mandatarias han respondido mejor a esta emergencia internacional simplemente por ser mujeres. Más bien, se quiere constatar cómo estos valores patriarcales que infestan el sistema internacional en el actual contexto globalizado e hipermoderno están resultando ser obsoletos. 

 

Tras la creación del estado moderno con el tratado de Westfalia el panorama internacional parece ser un gentlemen’s club. La presencia femenina en este sistema es muy poca. Inclusive hoy en día hay más cabezas de estado masculinas que femeninas, más precisamente el 25% de los líderes globales son mujeres. Esto se debe a  procesos sociales establecidos, que han mantenido a las mujeres por fuera de cualquier posición política que tenga influencia estatal (a veces de manera coercitiva). 

Margaret Thatcher y otras cabezas de estado en la cumbre de Venecia en Septiembre de 1987.

 

A pesar de que las mujeres hemos estado fuera del alcance estatal, nuestra presencia ha permeado las esferas de la arena internacional. Cynthia Enloe, una internacionalista prominente, visibilizó estos hechos en su libro Bananas, Beaches and Bases (1989), donde cambió la perspectiva macro de las Relaciones Internacionales y le dio visibilidad a las micro esferas. En su trabajo argumenta que las relaciones entre gobiernos no solo dependen del capital y armamento, también del control de las mujeres como símbolos, como consumidoras, trabajadoras y cuidadoras. 

 

En el presente contexto, la existencia de las mujeres en la esfera internacional se ha establecido aún más, no sólo han aumentado las cabezas de estado femeninas, sino que sus aproximaciones han permitido mayor transparencia y cooperación entre naciones. Un ejemplo de esto ha sido Taiwán, quien desde el inicio del brote ha sido bastante abierto con sus datos y ha enviado equipos médicos a  regiones como E.E.U.U, y Europa. Taiwán inclusive fue ignorado por la Organización Mundial de la Salud al principio del año, cuando determinó que el virus podía transmitirse de humano a humano. Y a pesar de su evidente eficiencia, sigue sufriendo el ostracismo de la OMS.   

 

Así mismo, la presencia femenina ha sido indispensable a escala micro. Basta con observar las estadísticas del World Economic Forum, donde se enunció que el 70% del cuerpo médico y científico que le está haciendo frente al COVID-19 está conformado por mujeres. En en la industria de la moda y la belleza, variadas marcas han gestionado la manufactura de trajes especiales, mascarillas y geles desinfectantes para abastecer los organismos de salubridad. Y ciertamente quienes están detrás de esta persistente fabricación son las mujeres. 

 

Hemos estado presenciando momentos de tensión internacional, desde antes del estallido del COVID-19. China y Estados Unidos venían con  disputas económicas y el Reino Unido recién se había fragmentado del bloque europeo. Estas tensiones no han nada más que aumentado con este prisma y posiblemente habrá una nueva cortina de hierro entre el Dragón y el tío Sam. 

 

Al ser el sistema internacional un espacio anárquico, los Estados deben velar por su bienestar y tomar la postura de cooperar o no cooperar. Lo que está sucediendo con estas dos naciones es que han abarcado una posición Realista, es decir han afirmado el hecho de que no pueden confiar entre sí y por ende, la cooperación no es viable. Deben velar por sus intereses nacionales y de ser necesario, a través de la sujeción. 

 

Esta jugada Realista es en su núcleo patriarcal y no se puede ignorar que contiene valores similares a los que históricamente se le han adjudicado a lo masculino. Encender un ambiente hostil internacional no evitará que la pandemia se siga propagando, esto simplemente impulsaría el racismo, la xenofobia, la autocracia y el sexismo. En estos momentos de urgencia los estados deben acercarse con transparencia, con el ánimo de colaborar, compartir conocimiento y sobretodo ayudar a los estados del sur global que no tienen las instituciones adecuadas para enfrentar la pandemia. Ahora más que nunca los estados deberán seguir el ejemplo de solidaridad y cooperación de los países que han respondido de manera eficaz a este evento de salubridad y abandonar sus posturas coercitivas y bélicas.

 

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

En una metrópolis fundada en la Europa continental, está una ciudad que ha sido testigo del pasar del tiempo y de los hombres. En esta urbe, el intercambio cultural, el comercio y sus estructuras sociales fueron los que la establecieron como una de las capitales de la moda. En ella, se encuentra una institución que posee una de las colecciones más importantes de moda y que cada cierto tiempo exhibe piezas de indumentaria que son curadas alrededor de un tema seleccionado. Para esta exhibición, el Museo de Artes Decorativas de París, decidió concentrarse en la cronología de los zapatos, y cómo estos han acompañado a diferentes culturas a lo largo de la historia, hasta el contexto presente de interconexión global. 

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos
Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

El MAD, que sus siglas en francés quiere decir Museé des Arts Decoratifs, se encuentra en un ala del magnificente Palais Royal. Al entrar, se puede presenciar un hall con techos amplios que conduce a la salida de los jardines de las Tullerías. Y el otro corredor lleva a unas grandes escaleras que guían al visitante hacia otras galerías. El camino a la exposición, estaba señalado por unas huellas de zapatos plateadas a escala humana, estas guiaban a los visitantes hacia el ascensor. Una vez las puertas del elevador se abrían en el segundo piso, lo primero que el visitante podrá apreciar es una gran escultura del famoso Zapato Arcoiris (1938) de Salvatore Ferragamo. Esta escultura estaba acompañada por el título de la exhibición Marche et Demarche: une histore de la chaussure

 

A partir de aquí el recorrido empezaba con un breve párrafo introductorio, donde se mencionaba que en la actualidad existen diferentes tipos de zapatos, aunque estos en principio tienen el propósito de proteger el pie humano, en realidad muchos no están fabricados para caminar sino para ser contemplados. Partiendo de esta premisa se desarrolló esta exposición, y aquí, aunque sí se exhibieron zapatos que cumplían un propósito específico como el de caminar, correr o bailar; la gran mayoría de los zapatos que se encontraban en las vitrinas tenían objetivos religiosos, estéticos, de ornamentación u ostentación. 

 

Luego de leer esta información, el visitante se adentra a un espacio que presenta algunos de los primeros zapatos de las diferentes culturas de la historia de la humanidad. Sobretodo en este espacio los zapatos para bebés tuvieron un gran protagonismo. Al otro lado de esta vitrina, se exhiben unos zapatos del siglo XV, XVII , de 1750-1770 y de 1880-1889. Luego de recorrer este pequeño salón, el recorrido guiaba a otra sala donde los zapatos que se utilizaban para ejercer la práctica del foot binding se encontraban. Esta costumbre comúnmente asociada a la China Imperial, consistía en someter a jóvenes mujeres a un proceso largo y doloroso, donde les rompían las falanges de los pies. Seguido de esto, los pies eran vendados para evitar que crecieran y para darles la forma de una flor de loto, de ahí su nombre. En ese entonces era apetecible que una mujer tuviera los pies muy pequeños y que tanto sus movimientos, como sus pasos fueran mínimos. 

 

En esta sala, la exhibición evidencia que el ejercicio del Foot Binding no sólo ocurría en China. También  fue implementado en Occidente, más específicamente en en la Francia del siglo XVI, XVII y XVIII. Aquí las mujeres también eran subyugadas a este método, sin embargo sus pies no llegaban a ser igual de diminutos a los de las chinas. Esta sala adicionalmente presentaba una escala donde se comparaba el tamaño de un pie normal contra el tamaño de un pie de loto. Sobre esta, se encontraban los zapatos occidentales y orientales y se ilustraban los tamaños del pie femenino en en consideración a las edades. La decisión por parte de la curadora de hacer visible esta confrontación, es sin duda para generar un impacto emocional ante el espectador. Es debido a esto que antes de entrar a la estancia hay un letrero que advierte que el contenido que yace ahí puede vulnerar la susceptibilidad de ciertas personas. 

 

Luego de atravesar todas estas galerías, el camino de la exposición lleva a un espacio amplio donde varios zapatos de distintas épocas se encuentran posicionados sobre una estructura de madera de bamboo que simula un oleaje. Esta estructura se encuentra resguardada en una caja rectangular de cristal, todos los zapatos que están acá poseen diferentes funciones, no todos están fabricados para caminar, pero la coherencia de estos está en su cronología. Es decir, están ordenados por período histórico y presentan un eclecticismo cultural. 

 

Después de transitar esta primera parte, el visitante llegará a un hall pensado exclusivamente para que los espectadores puedan interactuar y caminar con zapatos de múltiples plataformas, hormas y tacones. Inclusive estos zapatos de hiperbólicas alturas estaban ubicados dentro de un sistema de seguridad para evitar accidentes entre los visitantes. Es decir, quienes se aventuraran a caminar en estos zapatos tenían la posibilidad de escoger entre dos pistas y cada una contenía de seis a siete pares de zapatos. Los zapatos estaban amarrados a unas cuerdas para evitar que los valientes visitantes se enredaran mientras daban sus pasos y además en las pistas estaban instaladas unas barandas para que las personas no perdieran el equilibrio. 

 

Denis Bruna, la curadora de esta excepcional exhibición fue muy asertiva al decidir instaurar esta parte interactiva. Muchas veces cuando vamos a un museo, estamos limitados a sólo usar nuestros sentidos de la vista y el oído, es rara la ocasión que se le da la oportunidad a los visitantes de tocar una pieza y poder experimentarla a través del tacto. Darle la oportunidad a las personas de subirse en estas plataformas ayuda a que logren dimensionar lo limitante que es caminar con estos zapatos, adicionalmente pienso que puede incentivarlas a cuestionar el significado de estos y por qué estas prácticas de calzado han sido sobre todo impuestas hacia las mujeres. 

 

Al finalizar este ejercicio de caminar sobre abismales alturas. Como visitante sentí que el recorrido había terminado, sin embargo al atravesar la salida de esta ala del edificio, me di cuenta que aún faltaba la mitad del recorrido. Cosa que me hizo sentir muy emocionada e intrigada, ya que no me podía imaginar qué otros zapatos se podrían encontrar del otro lado. 

 

La segunda parte de la exhibición era un espacio oscuro donde se estaban mostrando zapatos que hacían referencia a la literatura, la mitología y el cine. Sobre cada uno de estos zapatos, había una imagen que ilustraba su contexto. Por ejemplo, llamaron la atención los zapatos de Cenicienta, que fielmente se aferraron a la descripción del cuento. Sobre ellos había una imagen donde la Cenicienta se estaba midiendo la zapatilla que determinaría su futuro. Detrás de ella se encuentran sus hermanastras, quienes observaban ansiosamente el veredicto.  Aquí también se encontraban unos tenis adidas plateados que a sus costados tenían unas alas de angel. Esta era una clara referencia a Hermes, el mensajero y heraldo de los dioses griegos. Estando en esta exposición no pude parar de pensar en el libro de Summer Brennan High Hill (2019). Según la periodista, desde que somos niños nos enseñan que los zapatos son objetos mágicos que nos pueden liberar y hasta nos pueden otorgar poder. Una jóven puede resolver sus problemas con unas zapatillas de cristal y hasta un gato se puede convertir en el Primer Ministro de una comarca. 

 

A continuación había una sala que proyectaba cortometrajes de diversos zapatos icónicos del cine y de la historia. Uno de los videos que más llamó mi atención fue el de una niña china que su madre la había forzado a pasar por el procedimiento del vendaje de pies. En el video es posible hacerse una idea de lo doloroso que resulta el ritual y sobretodo lo complejo que era para estas mujeres recuperarse de este y volver a caminar con sus nuevos pies. Los zapatos de loto eran unas prendas necesarias en la vida social de estas mujeres, y lo que más tocó mis fibras, fue que a esta niña no la dejaban quejarse del dolor. Su madre inclusive le comenta que para ser bella el sufrimiento es inevitable. Finalmente, las últimas salas estaban consagradas a los zapatos icónicos que diferentes diseñadores de las cuatro capitales de la moda habían fabricado.

 

La intención de Denis Bruna, es contar la experiencia en torno a los zapatos y cómo estos han definido a la humanidad y permitido el desplazamiento y la ejecución de diversas actividades. No se podía pasar por alto la idea secundaria de los zapatos y la feminidad. Este diálogo no se pudo ignorar una vez que los zapatos de loto, las abrumadoras plataformas y los tacones de alturas inalcanzables fueron mencionados en diversas salas. El diálogo adicionalmente invitó a los espectadores a experimentarlos en carne propia, y ponerse en los zapatos de las mujeres a lo largo de la historia. 

 

Summer Brunnan ha reiterado que los zapatos de loto como los tacones son en esencia lo mismo a pesar de que son mencionados de manera contrastante. Como la niña del video, las mujeres deben esperar sufrir, pero el dolor no debe ser expresado. En el momento en que una mujer se queje de su sufrimiento, según Summer Brunnan, es un indicador de que esta no es capaz de soportar y sobrellevar su vida. Es como el cuento de la princesa y la arveja pero a modo contrario, una dama de calidad no deberá sentir el dolor que se le impone para que así pueda ser considerada femenina y bella. 

 

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

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Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

Marche et démarche: la historia de la humanidad a través de los zapatos

Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things

El Museo de Victoria and Albert en Londres, es uno de las instituciones más importantes dedicadas a la investigación, museología y curaduría de la indumentaria. Este museo fue fundado en 1852 cómo un museo de manufactura y en 1899 fue bautizado en honor a la Reina Victoria y su esposo Alberto. El museo actualmente cuenta con una inmensa colección de vestidos de diferentes épocas, de diferentes rincones del mundo. Adicionalmente cuenta con piezas de arte y esculturas. 

Llegar al V&A es una experiencia embelesadora, basta con atravesar sus puertas giratorias y entrar a un amplio espacio neo clásico donde se puede apreciar un imponente candelabro de vidrio del artista Chihuly. Esta breve experiencia es un abrebocas de lo que se puede encontrar en este museo tan significante. Inclusive Walker ha mencionado que el V&A es un templo del conocimiento al cual recurre para obtener inspiración y referencias. La exhibición consagrada al fotógrafo británico Tim Walker aborda su trabajo en la industria de la moda y celebra la singularidad de su estilo fotográfico. Esta exposición se encontraba en una de las galerías más importantes del V&A y con solo adentrarse en el espacio, era como cambiar completamente de ambiente y dimensión. 

La entrada conduce a un túnel alumbrado por luces tornasoladas donde un letrero en letras que parecen burbujas de jabón enuncia el título de la exhibición: Wonderful Things. De por sí esta entrada genera en el visitante la sensación de haberse incorporado a un sueño donde cada imágen que fue tomada por el lente de Walker es un state of mind. La curadora Susan Brown dividió esta exhibición por salas temáticas, donde cada una abordaba distintos aspectos del trabajo de Walkrer. 

La primera sala invitaba al espectador a sumergirse en una sensación de estar en medio de la nada, esta sala presentaba en su totalidad un color blanco tiza, donde las únicas que se llevan el papel protagónico eran las fotografias. Aquí se ilustra la fascinación de Walker con los cuentos de hadas y la fantasía. El footgrafo le rinde homenaje a su infancia dándole vida a diferentes personajes ficticios en su trabajo, donde es posible encontrar animales tales cómo elefantes de colores flamboyantes como el azul o el rosa. Sirenas o muñecas gigantes también son personajes muy recurrentes en estas fotografías, que inclusive han aparecido en diferentes ediciones de la Vogue británica. Adicionalmente, los sujetos fotografiados parecen poseer proporciones corpóreas hiperbólicas. Dentro de esta  misma habitación se mostraban algunos de los retratos que el célebre fotógrafo ha hecho a lo largo de su carrera. Aquí se enuncia la fascinación que tiene Walker por las personas que poseen características andróginas. Una de sus mayores musas es Tilda Swinton quien sus facciones singulares permiten que esta fluya en y encarne diferentes géneros. 

Luego de este deleitante abrebocas, la exposición conduce al visitante a la siguiente sala que se titula Capilla de desnudos. Como su título lo indica, aquí se presentaron los desnudos de Walker en un espacio iluminado por luces cálidas, paredes palorosa y sillones de cuero rosa. En su trabajo con los desnudos, Walker juega mucho con la proporcionalidad de los sujetos por medio de los lentes fotográficos. Por ejemplo, una fotografía titulada Beth Dito, pinted pink logró captar mi atención por la posición erguida de la modelo, pero a pesar que esta posición la haría ver alta, el lente fish eye genera el efecto opuesto, hace que su proporción sea ancha en el centro y angosta en las extremidades. Así mismo, con el juego de los lentes, ciertas fotografías parecían estar fundiéndose dentro del marco, creando así una ilusión de tridimensionalidad de la foto. 

Seguido de esto, el camino lleva hacia la capilla de iluminaciones. Este pequeño espacio tomó como inspiración las excavasiones del arqueólogo Carter en la tumba de Tutancamón. En el momento en que Carter descubre la tumba del Farón Egipsio, uno de sus acompañantes le pregunta: -¿Qué ves? a lo cual Carter responde: Wonderful Things. De ahí viene el nombre de la exhibición. Para Walker, el V&A es cómo la tumba de este misterioso faraón, es un lugar lleno de tesoros por descubrir. Él mismo tomó objetos de la colección del museo para elaborar sus fotografías. 

El siguiente espacio llamado Pen & Ink se exhiben otras de las grandes inspiraciones de Walker: la tinta y su disolución. Una habitación blanca con luz fría genera un mayor contraste con el negro de las fotografías. Walker se ha sentido seducido por las ilustraciones en tinta de Aubrey Beardley, y el V&A posee varias impresiones de este artista. Cuando Tim Walker las precensió por primera ves en una visita al museo, automáticamente las tomó como referencia para sus fotografías. En esta sala, algunas de las obras estaban ampliadas sobre el negativo, lo cual generaba un contraste poderoso entre blanco y el negro. 

El museo que lleva en su nombre la insignia del Imperio Británico, posee una variada colección de objetos de la India y de Asia. Walker siendo fiel admirador del repertorio del V&A, buscó en sus archivos aspectos de la cultura India que le sirviernan para emplear en sus creaciones. Para este proyecto, trató de acercarse a la mitología del país incorporando componentes de los cuentos de hadas. De manera curiosa las fotografías de esta sección, no fueron hechas en la India, sino en un día caluroso en la campiña inglesa. Esto puede dar a entender la aproximación de la cultura inglesa con la India, no sólo por la agobiante historia imperialista, sino cómo la India ha influenciado profundamente a Inglaterra. Un ejemplo de esto puede observarse en la gastronomía del país anglosajón, donde el Curry (originario de la India) ha sido adaptado como un plato nacional. 

Luego de recorrer estos espacios, el visitante podrá atravesar un universo con una estética Camp, donde la pretensión está en invitar a los expectadores a la deshinibición de sus secretos y represiones, aquí hay muchas alusiones a lo queer. Al cruzarr este espacio, decidí pausar brevemente mi emoción por continuar el recorrido, y me concentré en la reacción de aquellos que estaban conmigo en la nueva estancia. Aquellas personas fijaron rápidamente su mirada en un dragón chino negro que se encontraba en el techo de la entrada. Esta criatura mitológica se camuflaba con el espacio y en primera instancia no era fácil de percibir. Pero una vez uno logra percatarse de este, automáticamente se hacen evidentes sus detalles dorados y rojos. Las personas mostraban interés por los detalles del dragón y curiosidad por cada una de las fotografías ostentadas.  

En la última sección de la exhibición, la curaduría estuvo dirigida hacia tres temas: La masculinidad, Tilda Swinton y la sostenibilidad. La masculinidad y su anatomía es otro de los asuntos que Walker aborda en su trabajo. Según la descripción, sus visitas al V&A lo inspiraron a explorar el cuerpo desnudo del hombre y a abordar su expresión erótica. Así mismo, Tilda Swinton, su musa, es la protagonista de una de las últimas secciones, aquí podemos ver retratos de la actriz británica donde su androginia es celebrada. Finalmente, el tema de la sostenibilidad fue abordado, y en estas fotografías Walker usó materiales reciclados para las escenografías y el vestuario de los modelos. 

No cabe duda de que esta exhibición mostró meticulosidad en los detalles, cada sala temática era un mundo cromático y temático diferente al anterior. Los los letreros que explicaban los contextos de cada espacio fueron pertinentes, contenían una letra clara y  sus explicaciones eran precisas. Tim Walker trabajó junto a Susan Brown en hacer esto posible, y ambos ejecutaron un arduo trabajo de investigación en los archivos del V&A. Es evidente la intención de la curaduría era destacar la importancia del trabajo de este fotógrafo británico, en explicar sus motivaciones y, naturalmente, destacar la colección del V&A como singular y especial. 

Pero la exhibición precisamente abre una inquietud que puede resultar incómoda. Un museo que contiene cargas con un pasado imperialista, aunque bien está preservando las piezas en cuestión, no va a poder cerrar facilmente estos ultrajes. Hace poco por ejemplo, se hizo pública la denuncia de varios países del Medio Oriente en contra del British Museum. Esto dejó en evidencia que el British es uno de los museos con más piezas robadas del mundo. Es importante deliberar esto y considerar cúal es la responsabilidad ética de estas instituciones encargadas de  resguardar la historia y el conocimiento.

 

Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Reseña Tim Walker: Wonderful Things
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Reseña Tim Walker: Wonderful Things
Moda, identidad y equidad: tertulias de AFRICARIBE Fest con CFCE

En Cartagena empieza a florecer un proyecto, AFRICARIBE Fest, que a través del arte, la música y la cocina de tradición, busca también poner a andar reflexiones sobre cómo la estética, la moda y el vestir pueden ser conductos para pensar la identidad Caribe y las formas cómo el estilo habla sobre lo social, la raza y la posibilidad de crear estructuras más equitativas.

Todos los meses habrá tertulias, abiertas, en la ciudad, en el Centro de Formación de la Cooperación Española.

La primera, realizada en noviembre, trató temas de representación racial en la moda colombiana.

Breve historia de un encuentro que busca sembrar conversación colectiva.

 

Vanessa Rosales A.

Moda, identidad y equidad: tertulias de AFRICARIBE Fest con CFCE

Fotografías: Luís Gabriel Salcedo

@elvaledelacamara

 

Una de las grandes ambivalencias del mundo estético es que puede ser un tema de apariencias sin contenido o un portal hacia el poder de los símbolos. La moda, esa palabra que todavía – y con motivos – genera escozor, remite casi siempre a un fenómeno y a una industria que se han forjado sobre cimientos de capitalismo, desigualdad, blancura, uniformidad. Pero si tenemos en cuenta que las imágenes son importantes en tanto pueden darle fuerza a símbolos e imaginarios predominantes, no es difícil tampoco ver que, en sus aspectos visuales, la moda y el estilo pueden ser senderos que ayuden a generar ideas sociales y culturales.

 

En los setenta, la feminista Angela Davis fue conocida como “the afro”, por desplegar un espléndido pelo rizado y voluminoso que entonces se asociaba bastante a la organización negra y rebelde llamada Black Panthers. Era una expresión estética que en ese entonces hablaba también de cómo el pelo, en la feminidad negra estadounidense, podía ser un terreno de afirmación política. En una reflexión que escribe en 1994 sobre los contenidos políticos que pueden tener las imágenes, Davis se refiere a las ambivalencias que pueden ocultarse en las expresiones estéticas cuando se relacionan con sus consecuencias políticas. Pueden ser mero espejismo o una tendencia cosmética, sí, pero una imagen o un gesto estético también pueden darle otros significados a imaginarios arraigados y problemáticos. El afro de Davis, utilizado incluso en campañas de desprestigio como un elemento de subversión amenazante, y que bien pudo también “banalizarse” como una mera tendencia, lleva una fuerza de transformación: la imagen de una mujer negra, feminista, que hizo deseable llevar el pelo de esa manera y en cuyos gestos libertarios había cambio para las mujeres que se criaron viéndola.

 

En un país como Colombia, en un terreno como el caribeño y en una ciudad como Cartagena de Indias, las imágenes pueden ser importantes a la hora de problematizar y analizar un aspecto que necesita todavía mucho análisis: la representación racial. La imagen de la bloguera blanca, norteamericana y europea, que se instala en la mitad de un séquito de palenqueras, ataviadas de manera colorido, las pieles oscuras, las frutas frescas. Las estructuras socioeconómicas que conducen a que esas mujeres, vestidas coloridamente, que ofrendan fruta vivaz a la venta, generen ingresos monetarios en esas poses momentáneas. La inquietante visión de un grupo de muchachas y muchachos de fenotipos mulatos y de tez oscura, vestidos de blanco, en bodas y eventos lustrados, que evocan de cierta manera lacerante la esclavización africana que se guarda en los fantasmas y las fibras históricas de la ciudad misma. Y la portada de una revista de renombre nacional que hace unos meses, para celebrar el festival musical y cultural más emblemático del Pacífico, escogió hacerlo eligiendo a una modelo célebre, de tez clara, ornamentada con un voluminoso turbante y ropas que evocaban códigos estéticos afro. Todas estas imágenes, espinosas, problemáticas, demuestran que aquí, en nuestros contextos, estos son temas importantes de conversación, que reflejan cómo la estética es índice de cosas más arraigadas.

 

De eso se trata el componente de moda, identidad y equidad que propone AFRICARIBE Fest. Un festival que busca trazar a Cartagena como un centro creativo e innovador, haciéndola epicentro de ritmos, expresiones y sabores que convergen desde África y el Gran Caribe, para celebrar los vínculos multiétnicos que han definido las costumbres, el folclor y también la cocina de estos contextos. Las tertulias, que se celebrarán todos los meses, de manera abierta, tienen como propósito invitar a los cartageneros a reflexionar, en conjunto y colectivamente, sobre cómo, precisamente, el estilo, la vestimenta, la moda y la estética nos ayudan a reflexionar sobre temas sociales, culturales y simbólicos.

 

La primera tertulia, que sucedió en el espléndido patio del Centro de Formación de la Corporación Española, el 14 de noviembre, desató la conversación alrededor de la representación racial en la moda colombiana y en los medios.

 

Laura Romero, una joven cartagenera que con su proyecto estético, Rosa Caribe, ha materializado formas de consciencia y educación a través del turbante como signo simbólico y político, acompañó el diálogo que se sostuvo con una nutrida y variada audiencia. En la conversación se problematizaron, por ejemplo, temas alrededor de homenaje versus la apropiación. Para algunas personas, hacerle honra a unos lemas estéticos no significa apropiación, pero el contexto y la consciencia son importantes cuando se trata, por ejemplo, del uso que se le da a lemas o códigos estéticos que pertenecen a grupos que han existido como grandes otros históricamente. Por eso fue tan importante la reflexión alrededor de la portada de la revista nacional que escogió la aparición de una mujer de tez clara para celebrar una coyuntura musical y cultural afro. Por eso se despertaron preguntas alrededor de cómo se genera uso de esas estéticas desde una posición consciente y simétrica. Por eso se discutió por qué era problemática y espinosa la escogencia de una mujer de tez clara en la portada. Por eso se problematizó incluso el término raza y cómo se puede leer, por ejemplo, el uso de ciertos códigos estéticos afro durante el festival Petronio Álvarez.

 

El espacio dejó preguntas complejas y abiertas, y puso en evidencia que en Colombia y en Cartagena, estos temas cobran matices peculiares. Sobre todo cuando observamos, con sentido de consciencia, cómo operan las estructuras racializadas que nos rodean. El espacio siembra una chispa: la posibilidad de que muchas voces se suman a la conversación, de que en conjunto podamos reflexionar cómo usar la moda y la estética para crear estructuras más equitativas y que celebren, con consciencia y humanización, lo que nos hace caribeños, la multiplicidad del mulataje que nos compone también.

 

La próxima tertulia será el 10 de diciembre. Tengo el profundo honor de poder ser vehículo para estos espacios y de usar el prisma histórico y teórico de la moda para agitar conversaciones necesarias en Cartagena.

 

Esta primera tertulia reflejó que una imagen puede tener mucha carga estética pero un alto poder simbólico y político también.

 

 

Notas sobre una cumbre de moda latinoamericana

Esquelas reflexivas sobre el Latin American Fashion Summit 2019, celebrado en Cartagena de Indias.

 

Vanessa Rosales A.

Notas sobre una cumbre de moda latinoamericana
Foto por: Rafa Bossio

 

En su cuento de 1924, “El vestido nuevo”, Virginia Woolf narra lo que atraviesa una mujer ante algo que para muchas puede ser aborrecible vivencia: sentirse mal vestida. Deshilachada. Fuera de sitio. Insuficiente. En la psiquis del personaje femenino del cuento se instala una sensación que la precede, pero que tiene en la ropa desacertada del momento el vehículo preciso para alentar un sentimiento de carencia, una sensación de profunda y dolorosa insatisfacción, una suerte de miseria persistente. Una sombra súbita se adhiere a los momentos que, en su escozor, observa la mujer en retrospectiva; esos pasos de planificación y de proyección que se hilvanan alrededor de la decisión de una aparición vestida, que de repente, al mirarse en el espejo del salón, al tocar la atmósfera a través de su aparición, empiezan a antojársele sórdidas, desvencijadas, repulsivas. Lo que en el salón de agujas y telas le parecía una audacia encantadora, se le dibuja lentamente como un lacerante error. Antes de aquel momento nefasto, antes de la agonía de habitarse ante otros, con un vestido que se siente penosamente desacertado, el personaje del cuento recuerda los pasos de la elección, viéndose ante el espejo de la costurera, cuando “empapada de luz, brotó en existencia”, cuando se vio a sí misma, en el reflejo, como aquello que añoraba siempre y secretamente – ser una mujer bella. La fiesta a la que asiste se convierte en una travesía de desconsuelo, en ese escarpado y afligido estado que puede invadir a una mujer cuando lee en sus ropas un desacierto.

 

Entre sus múltiples consecuencias, la moda tiene la peculiar habilidad de propiciar ese tipo de marejadas de insuficiencia en quienes participan de ella. Kennedy Fraser escribía sobre el centelleante fulgor que se convierte en gesto facial de la mujer que se sabe vestida bellamente. Pero no es improbable que en las confluencias donde la moda es el gran centro, en los encuentros donde es el gran eje, sus acudientes, fabulosamente ataviados, calculadamente estilizados, se encuentren, también, sacudidos por corrientes de hesitación. Los encuentros donde las ropas y las apariencias ejercen un protagónico rol, son los dominios en los que, con frecuencia, los individuos experimentan sus performances con duda también. Hervideros de inseguridad camuflada de ropa espléndida. La inseguridad puede ser, muchas veces, accesorio imperceptible en dichos encuentros. Una sombra también, un centelleo secreto, un silencio compartido que va aflojándose o creciendo conforme el cuerpo vestido se experimenta afirmado o en desacierto.

 

Cartagena de Indias, la gema del Caribe colombiano que se ha instalado en imaginarios colectivos y desde hace unos años como punto de fabulosidad global, -con sus callecitas de fachadas edulcoradas y sus noches arrulladas por una luz adormilada y amarilla, con sus patios atravesados por el verdor de la palma y sus salones que combinan códigos de tropicalismo con lemas modernistas-, ha sido el teatro para la segunda edición del Latin American Fashion Summit, una cumbre que busca afianzar las alianzas y los resortes comerciales de la moda latinoamericana.

 

Para dar inicio, los acudientes fueron citados en el Teatro Adolfo Mejía, una estructura magnífica y circular con balconcitos labrados en madera, construida para evocar un célebre recinto cubano, coronada por un techo deslumbrante con azules y estrellas donde flotan nueve figuras pintadas por Enrique Grau. Despojado de sus sillas rojas habituales, el teatro asumió el aspecto de un salón lustrado, con instalaciones de palmas aquí y allá, con gloriosas mesas salpicadas por flores y cristales. La atmósfera derramaba toda esa miel y todo ese almíbar que se desprende de la teatralidad tropicalista, en la entrada una multitud animada de lejos revelaba vestimentas comprometidas con la ocasión, cuerpos que posaban ante las cámaras y contra un mural de palmas y pájaros, dispuesto allí, en el pasillo central del recinto, para efectuar postales instagrammeables, calculadas para la mirada colectiva del espectro digital. La escena despertaba remembranzas de un tiempo latinoamericano donde reinaban los salones de baile, salpicada por vestigios de la gracia del bolero, con sus siseos azucarados, con sus mujeres vestidas de faldas amplias, coloridos tibios, y formas de flor.

 

En todo eso podía leerse el fulgor de un continente que ha sido, en bellezas y espinas, consecuencia de mestizaje, donde los aires húmedos engendran la vivacidad cromática de la flora y la botánica profusa; donde vibra una tibieza innegable, una corriente inefable que fragua sensorialmente con calidez y encanto. En Latinoamérica ese glamour, esa cualidad atractiva y excitante, esa forma de persuasión visual, está atravesada, no obstante, por una arteria herida y diáfana de carácter colonial. Un continente que es sincretismo, caótica mixtura, que es heterogeneidad, cuyos subsuelos residen sobre desigualdades turbias y ariscas, que se leen en salones donde la espléndida aparición de sus comensales está concatenada con otros hechos perceptibles – que la mayoría de quienes sirvan los festines fantásticos sean criollos, de pieles oscuras y fenotipos mulatos.

 

Una escritora observa desde una de las mesas suculentamente ornamentadas, en la distancia que le concede uno de los balcones de la segunda planta. Ineludible evocar el espejo de La Habana pre-revolucionaria, con toda esa grandiosa muestra de prosperidades y galas, la estética exquisita como fachada de algo más, un paisaje atravesado por explotaciones y acumulaciones de posibilidad para unos cuantos, todo ese hedonismo, bellamente ataviado y ornamentado, sosteniendo los artificios de lo que entonces, se estimaba, era una especie de backyard, de patio trasero, puesto al servicio del goce y el dólar norteamericano. Ineludible observar en todo este centelleo, por lo demás, de preciosidad excitante, una ruta conectora entre la Cartagena de Indias del presente y esa Habana ya extinguida, que sobrevive en seductoras imágenes de festines resplandecientes.

 

Todos los lemas visuales que caracterizaron el Latin American Fashion Summit, las ilustraciones de cartografías y mapas de navegación, las visiones de palma dibujadas, el patio exuberante de la casa central, los guiños al realismo mágico, los detalles de escenificación, los lemas gráficos de comunicación, todos forjaron una congruencia estética que habla de un lenguaje codificado sobre la hibridez que se percibe en lo caribbean chic, lo chic caribeño. Una amalgama de sutilezas que se nutre de esa estética que hoy, puede afirmarse, compone una parte importante de los imaginarios que definen la globalización de la moda colombiana, por ejemplo, esos casos insigne de triunfo y presencia en espacios de legitimación que años atrás hubiesen sido impensables. El caso más emblemático siendo el de Johanna Ortiz, en cuyos sellos vestimentarios se han fraguado las imaginaciones de una feminidad que se nutre de la cadencia sevillana y del tropicalismo habanero, de la alegría sincera de la salsa y de las prudencias de una feminidad que, se enseña, es calculada y suave.

 

Ese fenómeno de triunfo, que no puede desentenderse de ciertas coyunturas y contingencias peculiares, – que a partir de 2013 más o menos la industria global, en su avidez de “novedad” mirase hacia el continente latinoamericano, el madrinazgo de damas encumbradas norteamericanas, el efecto de las ropas en las pantallas digitales – ha suscitado también una innegable hilera de emulaciones, de marcas diversas que, al observar este triunfo global, y al leer la fuerza que tiene el tropicalismo en las alquimias creativas de la región,  han buscado parecerse a uno de los sellos más representativos de los actuales imaginarios de moda latinoamericana. En ese sentido, hay algo sintomático: la tendencia que hay, en nuestras geografías culturales, a homogeneizar, a replicar. La diversidad latinoamericana tiende muchas veces hacia la actitud tribal. De allí las similitudes que se observan en los vistazos rápidos a las propuestas de diseño, en los espacios escenificados en el evento y con frecuencia  en Instagram. Algo que no resulta difícil de comprender también en tanto que es éste, al final de cuentas, un circuito incipiente, en formación. La moda latinoamericana, como la colombiana, está en proceso de formación, ha sido parte de un proceso histórico y cultural más amplio, donde los lugares de la “periferia”, se han sumado a la marejada efervescente por la moda, por lo que hace y por lo que representa. Por eso, al recorrer la Casa 1537 – una casona colonial en la Calle del Colegio, el corazón central del encuentro del evento  – donde en los salones internos se acondicionaron las pequeñas estancias para los diseñadores participantes, el observador puede sentir un tintineo de orgulloso fulgor. Hace unos años, esta efervescencia era inexistente. No había tantas iniciativas, ni representaciones, ni ánimos estéticos. No había tantas interpretaciones materiales ni la posibilidad de vestir objetos hechos localmente. Eso guarda una innegable belleza.

 

Pero porque lo que aquí se pretende es plantear un ejercicio reflexivo y no una abreviación descriptiva, no se repasarán los acontecimientos de manera insular ni específica. Se trazan, en cambio, algunas esquelas de lo que compuso el evento y se quiere sembrar, más bien, la pregunta, ¿qué queda de él?

 

Sin duda, queda la sensación de un fulgor, de todas esas exquisitas escenificaciones que, como se vislumbraban en Casa 1537, permitieron a diseñadores en ascenso conectar con compradores globales, y afianzarse dentro una de las realidades inexpugnables sobre la moda también: que ella es, en últimas, venta y comercio. Su finalidad intrínseca es vender. Quedan todas esas postales digitales, y en las revistas renombradas, donde se capturó el espíritu sartorial de un acervo de mujeres que al performar en el Caribe, recurren a ciertos elementos cromáticos y fórmicos, a ciertas fórmulas de eclecticismo fabricado sobre las sutilezas de las proporciones y las mezclas. Queda establecido que lo Caribbean Chic – concepto que esta pluma tocó hace seis años aproximadamente y con el ánimo de sembrar una reflexión abierta sobre posibilidades de una identidad estética – se ha fraguado como uno de los grandes lemas del imaginario del estilo latino. Fluidez, hombros al aire, vibrantes lemas florales, coloridos ensambles, complementos artesanales, ornamentos vistosos en las orejas y sobre la sien. Queda también la homogeneidad, la uniformidad, un síntoma común en las expresiones de la moda, que puede verse contestado, sin embargo, por los modos subversivos que puede vehicular la moda como canal de expresión individual. Queda esa ambivalencia vibrante.

 

Queda el animado hecho de que la ganadora del premio que otorga el LAFS quedase en manos de una joven local, Maygel Coronel, una cartagenera que ha capitalizado una de las fuerzas importantes en la manufactura colombiana, el swimwear, planteándola en usanzas que se moldean a muchos tipos de cuerpos, con proporciones que esculpen simplicidades versátiles en conjugación con la gracia de un bolero o una manga asertiva, piezas que funcionan para contingencias de corporalidad exhibida o para combinaciones urbanas – en un escenario oceánico o con jeans talle alto en una acera de ciudad. Queda que en una de sus imaginerías publicitarias, Coronal haya escogido retratar con sus piezas a mujeres de San Basilio de Palenque, de tez oscura y con bellezas que rebasan el canon de delgadez espigada que se ha arraigado en los ideales de la moda más normada. Queda que Paula Mendoza ha reconfigurado sus procesos de creatividad, arrimándose a los maestros artesanales con su proyecto Looking for the masters, buscando fabricar una visión estética que rescata la artesanía artesanal y ancestral a través de una alquimia de resignificación, haciendo de ciertos tejidos y de ciertas técnicas el cimiento desde el cual crear vestidos que ella misma lució durante el evento. Queda, sobre todo, que en el panel donde lanzaban el proyecto estuviese la maestra artesana wayuu Iris Aguilar, de La Guajira, con quien Paula Mendoza y su séquito creativo ha colaborado cercanamente.

 

 

Y queda también el sinsabor en vestigios flotantes. Una serie de ausencias imposibles de no anotar. Latinoamérica es un crisol de diluciones – no siempre apacibles, construidas sobre exterminaciones y esclavización – pero sus imaginarios e imágenes, necesarios en las fabricaciones de una identidad colectiva, remiten siempre a la hibridación de tres componentes: todo ese abanico de mixtura que propiciaron encuentros asimétricos y encantados entre españoles, indígenas y africanos. No hubo en este encuentro un elemento de negritud, no hubo referencias a lo afro, no hubo, ni en los paneles, ni entre los invitados, ni entre los asistentes, esa necesaria presencia. En ese sentido, la moda puede hablarnos de símbolos estructurales más amplios, especialmente en una ciudad donde persisten esquemas racializados que requieren problematización profunda y humana.

 

No hubo, en los paneles, una noción más amplia de las múltiples formas en que la moda conecta con los aspectos de la condición humana. No hubo un elemento que la ligase a los temas de la equidad de género, a las resignificaciones de la feminidad y de la masculinidad, no hubo una reflexión cercana a las formas en que muchas marcas, cada vez más, se suman a pensarse desde formas más éticas de consciencia. (Cuerpos más diversos, la corporalidad latina, los retoques de recursos artificiales en las imágenes). Tampoco quedaron muchos rastros de novedad en las intervenciones académicas, escenificadas todas también en el Teatro Adolfo Mejía, con sus espléndidas tribunas de madera. La innegable fabulosidad centelleante de los encuentros aledaños al evento, las cenas y los almuerzos, los momentos festivos, las visiones de mujeres calculadamente ataviadas desplazándose por las calles, las figuras del glamour encumbrado de la región, el pensativo detallismo en las ornamentaciones, todas estuvieron atravesadas por la carencia en las conversaciones que transcurrieron en los paneles, que hubiesen podido sintonizar de manera más sustanciosa con algunos otros elementos que se pide y se espera de la moda en la actualidad. Un sentido más crítico y menos complaciente con algunos de los aspectos que la hacen fantasiosa y ensoñadora, pero a veces compleja en sus espinosas realidades.

 

*

 

La moda es incómoda también porque, de manera agudamente simultánea, ella puede representar hondura pero también mera superficie. Puede ser un conducto estimulante hacia comprensiones matizadas sobre la forma cómo las sociedades se comprenden a sí mismas, sobre cómo se entienden y sobre cómo las expresiones estéticas son índices de los relieves políticos, culturales, y simbólicos de la psiquis colectiva. Pero la moda también es el lustro del dinero, de la posición social, del apellido heredado, del linaje posicionado, de los espacios que afianzan y perpetúan jerarquías sociales. De manera aguda y para muchos insoportablemente simultánea, la moda puede ser una concurrencia de fuerzas opuestas entre sí. Performar en ella no necesariamente implica comulgar con sus múltiples y extendidas acepciones y aspectos, por ejemplo. Estudiarla a fondo, conocerla, reconocer su naturaleza contraria y contradictoria, implica ocupar una franja extraña, un adentro y un afuera, también simultáneos, una escisión que se vive estando presente en sus espacios y que entraña también ciertas formas externas – vestirse de igual manera, calculada. Pero implica sobre todo observarla en sus relieves, con sus magníficas ofrendas visuales y sus fondos problemáticos. Con sus fulgores y sus oscuridades.

 

De allí que uno de los sinsabores que quedaran del encuentro viniese por parte de uno de los grandes iconos de la moda latinoamericana, Carolina Herrera. En su panel, entrevistada por Carmen Busquets, Herrera hizo referencia al roce que se presentó hace unos meses cuando la casa de diseño fue señalada de incurrir en uno de los temas que se agitan con frecuencia en los hervideros de la moda actual: apropiaciones de culturas ajenas. Al referirse al incidente, Herrera usó el término “indias”, y en algún momento, “éstas”, de una manera que desplegaba un tipo de discurso todavía ferozmente frecuente entre ciertos segmentos de la moda y ciertas concepciones sociales. No era un término o un tono de reconocimiento de otredad, o de mención simétrica, sino que denotaba cierta condescendencia. Busquets, complaciente, no se aprestó en corregirla, o en modificar el término por el correcto: indígenas. Herrera explicó que debido a la costura fantástica de la técnica que había sido empleada en una de las carteras, las mujeres artesanas mexicanas habían recibido un porcentaje de remuneración y escudó sus motivaciones en el sentido de homenaje que con frecuencia despiertan lemas mexicanos. La visión de Herrera esa altamente sintomática. Revela las tensiones irresueltas que se expresan de manera escarpada en una época que le reclama a la moda, como nunca antes, respuestas ante sus aspectos más problemáticos. El espinoso asunto de la apropiación cultural traza con frecuencia temas de asimetrías de poder, de explotación neoliberal, de las oscuridades del capitalismo, que explota, apropia, y subsiste de jerarquías marcadas. Herrera consolidó su visión sartorial, su feminidad latinoamericana, en tiempos donde a la moda se le permitía reforzar los elementos que hoy se le cuestionan. Ese choque generacional debe ser incluido en la problematización crítica de unas afirmaciones hechas, además, en un panel que pudo haber sido estructurado de manera más sólida. La moda de hoy pide hablar más de simetrías en muchos niveles, sobre todo cuando se trata de usar las técnicas, los objetos, las fórmulas, o los lemas que pertenecen a comunidades que han vivido históricamente como grandes otros. Por fuera de los esquemas blancos y patriarcales. Observar las estructuras en las que Carolina Herrera se forjó, como diseñadora de renombre global, no significa condonar unas actitudes que ameritan ser medidas con los tiempos que corren, con las necesidades que plantea la moda en un presente saturado de informaciones e imágenes. En un contexto en el que la misma palabra moda ha girado debido a su multiplicidad.

 

También es cierto que moda, originalmente, es un fenómeno europeo, moderno, capitalista, urbano, que se alimenta de jerarquías y que remite, con mucha frecuencia, a los brillos de las élites, a los nombres acomodados. En ese sentido ella podría ser vista como una metáfora de elementos más amplios sobre las condiciones de clase social y estatus que aún preocupan a las sociedades latinoamericanas y al mundo en general. Pero, de manera simultánea, y comprendiendo su desarrollo en las últimas décadas, si contemplamos las formas en que se han ampliado sus significados, las formas en que se ha reconfigurado, la moda también puede ser un mundo de revelaciones políticas, culturales, simbólicas, sociales. Esa simultaneidad la hace problemática. Ambigua y contraria. Percibirla así ayuda a comprender que en tiempos de debates políticos en redes sociales, y en una coyuntura en la que se ha puesto en el radar primordial los temas éticos de cómo se manufactura, se consume, y las consecuencias que tiene la moda en una de las grandes angustias de nuestra era, los estragos climáticos, se reclamen y se indague por sus aspectos más problemáticos.

 

Sin embargo, vale la pena preguntarse, ¿la moda es el terreno para el activismo político más eficiente? Si pedimos de ella unos discursos más conectados con las inquietudes generales de nuestro tiempo, de no-conformidad con el género que prescribe, de ampliaciones de lo bello y lo estiloso en términos raciales y étnicos, de multiplicación de expresiones corporales, de celebrar no solo poderes adquisitivos sino singularidades individuales, ¿será ella, realmente, un terreno en donde queden disueltos todos sus elementos de jerarquía y desigualdad? ¿Puede la moda, realmente, ser un terreno donde se resuelva lo que solo las políticas públicas y gubernamentales pueden transformar? ¿Podemos observar que si bien la moda es un terreno donde hoy podemos afianzar símbolos que reconfiguren estructuras desiguales, hay aspectos sobre ella que remiten y es posible sigan remitiendo a sus códigos de exclusividad? ¿Lo que le exigen las personas a la moda desde sus pantallas, desde el fervor incendiario de Twitter, desde la lejanía abstracta de lo bidimensional que crea la ilusión de cercanía, lo estamos problematizando correctamente? ¿Podemos recurrir a la dicotomía radical para resolver algunas preguntas complejas que hoy es inevitable hacerle? La moda nos hala en esas direcciones convulsas y tensas. Nos deja siempre en un terreno de positivos y negativos encontrados, de claroscuros movedizos, de formas y fondos que se cruzan con significados y vacíos. Para quienes sea insoportable o intolerable la contradicción y la contrariedad, la moda es un terreno imposible e inhóspito para navegar. Porque para usarla como fuerza simbólica medianamente revolucionaria, necesitamos navegarla en los intersticios y comprenderla en sus dualidades. Tal vez así, el próximo encuentro del Latin American Fashion Summit se anime a contemplar esas arterias y fuerzas temáticas que hoy se necesitan dialogar y problematizar en la América Latina, que hierve con sus problemas de siempre y que avanza con los fulgores de sus progresos también. Tal vez así podamos entender las contradicciones humanas que ella puede entrañar también.

 

Los socialismos utópicos desterraban la moda en sus instalaciones al poder porque la veían como una forma de “debilitar” a la mujer, y la leían como contraria a las fórmulas racionales que pretendían instalar. También leían en ella un vehículo de jerarquía y desigualdad, también la amenaza del pensamiento individual, pues lo cierto también es que las revoluciones de la igualdad diluyeron la capacidad de pensar por sí misma por fuera de un régimen al que había que acogerse como un Dios único e incuestionable. Tal vez así podamos cuestionar de manera más crítica a quienes desean exigir de la moda elementos ideológicos que no pueden arraigarse en binarios radicalizados, extremismos que terminan por destruir lo que afirman. Tal vez así podamos entender un poco mejor este afán de personajes digitales por atraer notoriedad hacia sí haciéndose de lemas y consignas que generan likes y retweets bajo la fórmula altiva de la condena moral, de un sentido de corrección política que no reflexiona sus perspectivas y que no ofrece, además, formas humanizadas de señalar injusticia.

 

Mientras escribía estos párrafos, resonaba en mi fuero interno una melodía que llegó a mis oídos a los catorce años, y cuyas líricas que sigo encontrando tan pertinentes como siempre, observadora empedernida que he sido desde niña de unas dinámicas burguesas que no cesan de parecerme problemáticas y ensombrecidas por su inercia infatigable. Una melodía de uno de los miembros de La Fania All Stars – gran referente de estéticas para inspiración de diseño latino – que ha profesado siempre una consciencia poética y política, Rubén Blades.

 

 

“Oye latino oye hermano oye amigo

Nunca vendas tu destino por el oro ni la comodidad

Nunca descanses pues nos falta andar bastante

Vamos todos adelante para juntos terminar

Con la ignorancia que nos trae sugestionados

Con modelos importados que no son la solución”

 

No te dejes confundir

Busca el fondo y su razón

Recuerda: Se ven las caras

Pero nunca el corazón”

 

Hay cosas que persisten y que nos llaman a verificarlas bajo las formas de tiempos distintos. Allí, en esa persistencia que muta en sus superficies, está la estética de lo latino, con sus espinas y con sus posibilidades para crear nuevos símbolos.

Notas sobre una cumbre de moda latinoamericana
Foto por: Rafa Bossio
Notas sobre una cumbre de moda latinoamericana
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episodio 12 #: moda y feminismo – algunos lentes y conexiones

episodio 12 #: moda y feminismo – algunos lentes y conexiones

Al aire, nuevo episodio del podcast #MujerVestida con @akordepodcast

En este episodio, la escritora Vanessa Rosales habla un poco sobre su insistencia en ocupar un espacio híbrido, más allá de categorías rígidas o binarios esquemáticos. Desde esa postura, habla sobre algunas de las formas en que ha estudiado las intersecciones entre moda y feminismo.

Explica algunas de las formas en que ha abordado la moda en general – tratándola siempre como una categoría de múltiples significados, que sigue incomodando también por sus asociaciones históricas a determinados aspectos de su formación como fenómeno (europeo y capitalista). Invita a navegar la moda como una categoría colmada de contrariedad y contradicciones. No apta para miradas que, al jactarse de liberalismos contemporáneos, terminan por incurrir en dogmatismos. Enfatiza la importancia de siempre observar la categoría moda en contexto, para desglosarla de manera más acertada.
Analiza algunas de las formas en que la moda actúa como vehículo de las codificaciones de lo masculino y lo femenino.
Y cierra el episodio reflexionando un poco sobre cómo, al aterrizar los temas de moda y feminismo en Colombia, resulta importante dialogar sobre cómo se expresan temas de raza, clase social, feminidad, machismo en nuestro contexto particular. Reflexiona también sobre cómo todo eso conecta con la efervescencia que ha causado en los últimos días el uso de códigos estéticos afro en una revista de moda emblemática. ¿Cómo generamos un debate más allá de la indignación digitales?

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach