Milán Fashion Week: Recurrencia renacentista

Galería Vittorio Emanuele II. Milán, Italia.

El sello Made in Italy ha evolucionado desde sus inicios en los años 50; ¿qué significa hoy para marcas como Versace?

 

El 25 septiembre de 2018 Donatella Versace anunció la venta de la icónica marca italiana, Versace, al grupo empresarial estadounidense Capri Holdings Limited, propietario de marcas como Michael Kors y Jimmy Choo. La compañía se proyecta como futura competencia de grupos empresariales de la industria del lujo como LVMH y Kering.

 

Tras el anuncio oficial, una publicación de Donatella en la cuenta de Instagram de la marca comunicó al público su continuación como directora creativa para Versace, pero sobretodo resaltó que esta “continuaría siendo una marca italiana”. Hizo énfasis en aquel Made in Italy bajo el cual se han acobijado emblemáticas marcas italianas desde la posguerra, caracterizado por la  continua referencia al Renacimiento, la artesanía, la manufactura y a partir del cual se ha desarrollado  el imaginario internacional de Italia.

 

En esta historia algo resuena familiar. El sello Made in Italy empezó a desarrollarse en los años 50, la posguerra exigía recurrir nuevamente al ideal renacentista fácilmente vinculado a Italia para hacer de la industria de moda italiana el nuevo foco del mercado internacional. De allí que el primer escenario que con contundencia presentara el característico Made in Italy fuera Florencia. Giovanni Battista Giorgini se preocupó por organizar en la tierra de Da Vinci un desfile con los elementos clave para evocar una atmósfera renacentista que reuniera a los compradores, periodistas y fotógrafos estadounidenses más importantes de la escena de la moda internacional. Las alianzas establecidas durante la Guerra Fría entre Italia y EE.UU beneficiaron no sólo las dinámicas comerciales de ambos países, sino también la visibilidad y  el posicionamiento de Italia como un centro y un punto de referencia de la moda. Posteriormente, con la aparición del ready-to-wear Milán se abrió al mundo como capital de la moda al lado de ciudades como Nueva York, Londres y París.

 

La más reciente semana de la moda de Milán, celebrada desde el 19 al 25 de febrero, es tal vez una clara representación del agitado momento que vive el mundo y que se refleja no sólo en la industria, sino también y especialmente en un estilo de referencia como el Made in Italy, fuertemente fundado en la herencia y la tradición. Fue este el escenario para que marcas emblemáticas como Gucci, Prada y Dolce & Gabbana presentaran sus colecciones de otoño-invierno 2019, tras protagonizar un fin de año lleno de controversias. Fue también una semana que sirvió como debut de diseñadores como Daniel Lee para la marca Bottega Veneta.

 

No obstante, Versace es un caso que hace más que evidente el constante juego de la moda que hace honor al nombre de esta revista, la eterna recurrencia. Con los pines de oro como elemento principal en la presentación de su última colección Versace vuelve a enaltecer hechos emblemáticos de su propia historia, un esfuerzo concentrado nuevamente en resaltar el origen, lo construido, el lugar que se ha hecho en términos simbólicos, aún cuando legal y económicamente la marca no se encuentre dentro de fronteras italianas.

 

Utilizar como elemento central el icónico vestido negro, aquel de profunda abertura y escote a los costados sostenidos por pines dorados (mejor conocido como “THAT dress”), portado por primera vez por la actriz Elizabeth Hurley en 1994 para la premiere de la película Cuatro bodas y un funeral, recuerda momentos luminosos de la marca. Pero además, resalta también las ya expuestas intenciones del grupo empresarial al que ahora pertenece, el cual pretende enfocar y fortalecer Versace en la línea de accesorios.

 

Cerrar el desfile con una sensual Stephanie Seymour, top model estadounidense de los años 90, reafirma nuevamente la identidad de la marca y conmemora una vez más a su fundador, Gianni Versace, de quien se ha reconocido su rápida intuición al reconocer el poder de las celebridades y abrir camino a varias de las grandes top models de la década de los 90.

 

La transición de Versace es signo de la moda actual: imparable, transnacional, tanto de identidades mixtas e influencias globales así como recurrente. Las emblemáticas y tradicionales marcas italianas pueden volver a recorrer su historia, reafirmar su identidad así como el Made in Italy vuelve a su referencia renacentista. Queda, sin embargo, abierta la pregunta en relación con las nuevas marcas y diseñadores ¿de dónde partir? ¿de dónde “renacer”? ¿qué significa hoy para ellas el legado del Made in Italy?

 

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach