Las percepciones arraigadas marcan cómo miramos las cosas, a veces de modos inconscientes que nos sobrepasan.

las percepciones arraigadas marcan cómo miramos las cosas, a veces de modos inconscientes que nos sobrepasan.
He escrito que Siri Hustvedt invita de manera constante a observar esos prejuicios inconscientes que persisten en las codificaciones que hacemos automática, o rápidamente, de lo femenino y lo masculino. ¿Qué percepciones abundan y son frecuentes ante las mujeres poderosas, las no-convencionales, las solitarias, las que rebasan los lemas de la feminidad tradicional? ¿Por qué se perciben como sacrificios y no como elecciones algunos de los aspectos de sus feminidades?
Hace unos días me preguntaban en este medio por qué las mujeres que avanzan en determinados ámbitos, públicos, productivos, laborales, “fracasan” en el dominio amoroso/romántico.

Me pareció una pregunta cargada, atravesada por matices y múltiples temas por revisar.

Lo amplío en otro espacio, pero algunas notas. En ciertos momentos de liberación inédita, algunas mujeres no materializaron dos ejes de la convencionalidad largamente asociadas a lo femenino: ser esposas y madres. Erase una vez cuando ambos representaban, por ejemplo, el medio a través del cual existir socioeconómicamente y activarse de manera aceptada a nivel sexual.

Esa ecuación se fue complicando en la medida en que las mujeres tuvieron un abanico más amplio de elecciones de donde definir su identidad. Se fueron multiplicando las feminidades.

Pero aún hoy persisten códigos a los que todos estamos llamados a revisar.
Girar el sentido de “sacrificio” a “elección” por ejemplo. Comprender que uno puede significar algo muy distinto según el contexto y la humanidad en las que anclen.

Asumir menos, revisar la simplificación con que leemos lo femenino muchas veces, problematizar la complejidad de la individualidad femenina más.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach