Escribir puede ser subversión.

escribir puede ser subversión.

Escribir puede ser subversión.
Consciente rebeldía.

Cuestionar. Hacer del prisma vital un estado constante de estado foráneo. Afuera, mirando. Cazando las palabras para articular aquello que se mira y se fragua por la verbalización.
Es crear conductos subrepticios para darle forma a la subjetividad, femenina, que ha podido ser restringida en contextos históricos donde escribir era prohibido.

Una mirada a los archivos del tiempo para observar que las estructuras han sido fabricadas para que la voz femenina no fuese sólida, sino vista como un susurro, un sonido intruso, un destello adverso. Y que al ser contundente, maciza, audaz, se agite con frecuencia el temor y la ansiedad.

Edith Wharton fue criada entre los almidones de la élite de Manhattan, los dineros antiguos, las parsimonias de esas castas sociales llenas de ensayos y cálculos. Era “mal visto” que una dama de su estirpe quisiera perseguir el oficio de la palabra que se piensa y queda registrada.

Edna St. Vicent Millay fue la primera mujer en ganas un Pulitzer por su fogosa poesía y sin embargo, tantas de sus representaciones biográficas fueron destinadas más a sus vivencias amorosas y menos a sus letras. ¿Sucede lo mismo con los fervores románticos de escritores masculinos?

En los imaginarios dominantes, además, la mujer que escribe debe verse de cierta manera.
Tener un aspecto cómodo para suplir estereotipos.
Ejercer un look que renuncie a los artificios de la feminidad. O, como en el caso de Siri Hustvedt, caer bajo sospecha por su diáfana belleza.

O, como en el caso de Chimamanda Ngozi Adichié, compaginar apariencia de cultivación femenina con la figura literaria para subvertir la misogonia que se impone a las mujeres que escriben.
En el historial de mujeres que osaron escribir cuando no era un oficio “aceptable”, también fue habitual recurrir a seudónimos masculinos para poder ejercer una voz escrita. ¿Por qué se percibe “peligrosa” la mujer que escribe? La que tiene la audacia de reflexionar en público.

Porque aún hoy, por las estructuras y los códigos que asignamos de lo femenino, es “amenazante” la voz de la mujer que escribe, que expresa desde su fuerza para pensar y cuestionar.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach