Cháchara con Marcela Mar

Pensar en Marcela Mar es pensar en reinvención.

Foto cortesía de Marcela Mar

Los diferentes roles que la actriz colombiana asumió en el 2018, a nivel tanto profesional como personal, evidencian que la búsqueda y la curiosidad son una constante en su vida. En entrevista para Eterna Recurrencia nos habla sobre sus intereses, desafíos y la comodidad que hoy por hoy siente bajo su propia piel.

Eterna Recurrencia: Cuando uno habla de Marcela Mar piensa sobretodo en reinvención ¿Cómo logras apropiarte de esa versatilidad como poder para hacerle el quite a las etiquetas o a que te encasillen?

Marcela Mar: Yo creo que desde que empecé como actriz, ya hace unos 30 años, siempre dentro de esa búsqueda artística que tenía estuvo ser versátil. Y es algo que creo que viene con el espíritu de cada persona. La necesidad como artista que se tiene de no repetirse a sí mismo, sino de indagar en otros universos, en otras historias. Esa curiosidad con la que uno nace, con la que uno viene, te obliga a no querer contar siempre el mismo personaje, la misma historia. Eso hace que uno se tenga que estar re inventando.

ER: Y en ese proceso, si sientes que te estás repitiendo ¿qué escape buscas para oxigenarte?

MM: Cuando siento que me estoy repitiendo, que lo he sentido varias veces en diferentes momentos de la vida…siento que hay un bloqueo y generalmente lo que hago es que paro y me voy a estudiar, para justamente poder desbloquear eso que está pasando. A veces cuando empezamos a trabajar y tenemos que pagar los recibos, y de alguna manera volvemos el trabajo mecánico, ahí es cuando vienen la insatisfacciones digamos a nivel artístico, a nivel profesional, porque ser mecánico no te permite estar dentro de ese criterio artístico que busca contar algo único, novedoso, apasionante, arriesgado y etc. Entonces, cuando me he sentido así la solución que encuentro es irme a estudiar, volcarme de cabeza al estudio con otros actores que están con las mismas inquietudes que yo estoy y estar en el gimnasio del actor que es en un taller de creación.

ER: Te has formado toda la vida como actriz. En los últimos años decidiste ensayar como productora. Respecto a tus procesos creativos ¿qué debe tener un personaje para que te llame la atención y decidas interpretarlo? ¿Cómo vives ese proceso creativo y cómo se diferencia del proceso como productora?

MM: Justamente con esos procesos creativos que llevo viviendo a lo largo de estos 30 años, de esa necesidad como actriz que tengo de no quedarme digamos en el trabajo fácil y repetir un personaje tras otro, surgió la inquietud de ser productora y de contar otras historias a las que, al ser productora yo podía tener un poco más el control creativo y proponer otro tipo de historias en las que quería trabajar como actriz. El convertirme en productora viene de esa necesidad.

Lo primero que hice fue Venus en piel y fue un maravilloso ejercicio porque era una historia que me interesaba, que me interesaba hablar de esas historias de amor que incluyen sadomasoquismo, esclavitud. Me interesaba el personaje, era un personaje con muchas facetas y dramatúrgicamente para mí era muy interesante, ya que el autor lo que propone es cómo se van tejiendo la realidad y la ficción hasta tal punto que el espectador no puede saber qué es real y qué no lo es, me interesaba mucho hablar de eso.

En esta segunda oportunidad, una vez más hable del amor pero desde otra hipótesis muy distinta, y es desde la física cuántica y desde las múltiples posibilidades que nos ofrece. Me interesa hablar de las relaciones humanas, ese es uno de los temas que más me obsesiona y me interesa, cómo nos relacionamos, por qué hacemos lo que hacemos, de dónde vienen esas reacciones. Me inquieta el comportamiento humano en general, me interesan los personajes femeninos complejos, que están llevados por sus pasiones, por sus deseos más oscuros, o me interesa también saber hasta qué punto alguien es víctima o es verdugo. Me interesa siempre indagar en la dualidad de los seres humanos. Ese es uno de los temas que más me inquieta.

 

 

Foto cortesía de Marcela Mar

 

 

 

 

 

 

ER: Hablando de mostrar un lado de la mujer que a veces no se ve, en el papel de Francis Drake y en Constelaciones, de alguna manera se juega con la concepción que tenemos entre lo masculino y lo femenino. ¿Cómo fue la experiencia de encarnar personajes y proyectos que rompen con una idea tan fuerte y radical que tenemos sobre el género a veces.

Me siento afortunada porque haber podido interpretar a Francis Drake fue una de esas oportunidades que se presentan escasas en la vida. Es un personaje histórico masculino y que hayan decidido convertirlo en chica es una delicia. Es maravilloso y como actriz es delicioso interpretar a un pirata, yo creo que hace parte del imaginario colectivo de todo niño y por ende de todo actor, para mí fue una gran oportunidad haber podido hacer ese personaje y sí tuve que hacer mucho acopio de esa fuerza masculina que yo tengo, identificarla bien; porque si tenemos en cuenta que mujeres piratas que se registren en la historia hay tres, no hay más porque era una época en la que las mujeres no estaban permitidas abordo porque eran una tentación, ¡entonces claro! Lo hice con una energía muy masculina y teniendo en cuenta que es una mujer que es la capitana de 150 hombres y que su energía masculina tiene que estar muy desarrollada. Que aunque no sea más fuerte físicamente que los otros hombres, realmente la respetaban es por su capacidad de estrategia frente al ataque, frente a la guerra. Así la construí, me inspiré en eso. Entonces, pues son facetas, que uno como actor explora y explota a la vez.

 

El personaje que hice después era femenina, se llama Berta en El Chapo, en la tercera temporada, fue lo que grabé después de Francis Drake, y era una mujer muy ambiciosa, mexicana, quiere ser presidente de México, no tiene escrúpulos para llegar al poder, pero era una mujer femenina, muy distinta de Francis. De pronto parecida en lo calculadora, en que son muy estrategas, las dos se parecen en eso en el fondo, pero en la forma eran mujeres muy distintas. Luego hice Constelaciones, Marianne es una profesora de física cuántica y está atravesando por una historia de amor donde se conoce, se rechaza, se separa, se enferma, muere, revive. Es otra faceta de otro ser humano y creo que con un fondo y una forma muy distinta también. Una mujer, no diría yo tan femenina, porque a Marianne la construí pensando que era una mujer que podía sentirse atraída en algunos casos por hombres y en algunos casos por mujeres, y jugué mucho con esa energía femenina y masculina en las dos puestas en escena que teníamos que eran en unas con un hombre, en otras con una mujer. Me permitió explorar esa maleabilidad de las energías masculinas y femeninas que nos habitan. A veces me sentía más fuerte cuando lo hacía con el hombre, con Humberto Busto, y curiosamente me sentía más suave cuando hacía Marianne con Angélica Blandón, no sé por qué. También a veces lo mágico de actuar es dejar que el personaje se manifieste también, después de que uno ha ensayado, ha investigado, también la magia de actuar está en sorprenderse uno mismo de qué rumbo toma ese personaje que has ensayado. Un poco dejarlo ser y uno mismo sorprenderse y hacer ese análisis después de cada función y decir “ve creo que Marianne es más suave en su forma de hablar, en sus movimientos, cuando tiene roles masculinos” … son reflexiones que uno va haciendo a lo largo de la temporada en las cuales uno también se sorprende y deja ser al personaje.

ER: ¿Cuál ha sido el mayor desafío que has enfrentado al trabajar por la cultura en Colombia?

MM: El mayor desafío siempre es, para mi, la consecución de los recursos. Suena a que es el desafío que sería el más elemental de todos, pero ese es el más difícil, porque generar cultura, hacer proyectos que muevan la ciudad, que sean innovadores, que inviten al público a otros espacios, es el reto más grande, ese es el reto más alto, el riesgo que uno corre… y conseguir esos recursos para poderlo hacer y no morir en el intento, creo que eso es lo más difícil.

ER: Pasando al terreno personal, en la industria audiovisual muchas veces se promueven estándares físicos que son lejanos a nuestra propia realidad como espectadores y tú has insistido en varias ocasiones en la importancia de aceptarse a sí misma, en redes has publicado mensajes respecto a la comodidad que sientes en tú propia piel, tienes la frase “I do believe in my magic”. ¿Cómo has aprendido a construir y a mantener esa confianza en el medio en el que te mueves y en el que creciste?

MM: Pues mira, ahí sí aplica la palabra resiliencia que se ha puesto tan de moda, pero pues sí es verdad. En mi caso las experiencias dolorosas me han enseñado a construirme y a reconstruirme las veces que sean necesarias y a ser consecuente con eso, buscando la coherencia entre lo que se dice, se hace y se piensa, buscando esa coherencia para vivir de acuerdo a eso, para simplificar la vida. Yo creo que también tiene que ver con ser agradecido, a veces somos muy ambiciosos, queremos esto y queremos lo otro, queremos el mejor papel de la vida y queremos esto otro, pero se nos olvida también parar un momento en el camino y darnos cuenta de lo que hemos recorrido, abrazarnos y decirnos a nosotros mismos “eres una berraca, o sea has hecho esto, has hecho esto otro, has atravesado determinadas situaciones y lo estás haciendo bien”. Creo que tiene que ver también con eso.

 

Foto cortesía de Marcela Mar

ER: Hablando también de esa resiliencia y de esa confianza emocional y corporal que has logrado manifestar, ¿cómo vives (el terreno) de la moda?

MM: A mí me gusta la moda, me gusta ver qué pasa en el mundo de la moda. Procuro no ser esclava de ella sino más bien tener un estilo propio donde se puedan combinar elementos clásicos con ese espíritu rebelde que siempre me ha caracterizado, pero claro, la moda es una expresión y es una expresión del arte y sí me gusta ver qué está pasando.

ER: Y te gusta experimentarla también…

MM: Sí, sin hacerme esclava de ella porque yo siento que no hay bolsillo que aguante eso y tampoco me gusta obsesionarme con ese tema. Me parece más interesante crear un estilo propio e igual sí ser un observador de lo que pasa en el mundo de la moda, observar, interpretar y traducir para mí misma.

ER: Fuiste mamá muy joven y asumiste este rol mientras seguías construyendo una carrera. Cuéntanos un poco de ese desafío y de cómo lo vives hoy día

MM: Yo me hice madre joven, a los 21 años. Fue una decisión muy consciente en ese momento de la vida, Emi fue un niño muy deseado tanto por su papá Gregorio como por mí. Fue un niño deseado, esperado, amado, a mí me trajo mucha solidez a la vida … me trajo mucho arraigo a la vida misma y tengo hoy en día una relación maravillosa con él. Él ya tiene 18 años, está estudiando ya afuera del país, está haciendo lo que quiere hacer, él quiere ser actor también, está estudiando teatro. Entonces me siento cómoda bajo mi piel, justamente esa es una de las razones por las cuales me siento cómoda, porque siento que he sido buena madre, siento que le he dado las herramientas a ese hijo para que sea un buen hombre, para que persiga sus sueños, para que sea feliz, para que sea libre. Todas esas cosas me dan seguridad como mujer y como ser humano de la vida que decidí vivir. Me siento bien, me gusta, (…) claro que me hace falta porque despegarse de un hijo es duro, pero deja de serlo cuando me acuerdo que él está haciendo sus sueños realidad, entonces me siento bien. Esa es la vida, el desapego, también esas lecciones que uno tiene que tener en cuenta, que los hijos se tienen que ir en algún momento y tomar su rumbo.

ER: Ahorita estás comprometida, ¿cómo ha sido esa experiencia en este momento de tu vida?

MM: Pedro llega a mi vida en un momento hermosísimo, donde justamente de lo que hemos hablado en esta entrevista, y es donde yo me siento dueña de mí, de mi cuerpo, de mis pensamientos, de mi vida. Me siento a gusto con lo que he hecho tanto a nivel profesional como personal. Entonces llega un hombre que valora todas estas cosas, que yo soy capaz de ver y de valorar por mi misma, sola. Llega un compañero maravilloso con una cantidad de cualidades bellísimas a complementar ese paisaje, a darle más luz todavía, es el compañero con el que quiero caminar de la mano y es el compañero que escojo para seguirnos cultivando en los días que están por venir. Para hacernos brillar el uno al otro, para tener proyectos en común, para caminar la vida de la mano.

ER: Para finalizar, a todas las mujeres que trabajamos en las industrias creativas y que también asumimos los desafíos diarios, ¿qué consejo nos darías desde tu experiencia?

MM: Pienso que las generaciones nuevas ahora son mucho más inquietas que las anteriores, evidentemente por el internet, por la globalización del mundo. Yo siempre les recomiendo lo mismo que le recomiendo a mi hijo: “me encanta que seas un artista pero no dejes de lado tus conocimientos en mercadeo, en números, en economía, en cultura general… empápate en general del mundo entero, trata de que el mundo entero de quepa en la cabeza, ten esa ambición a nivel intelectual… procura que el mundo te quepa en la cabeza, lee mucho, investiga, aprende historia, aprende de números, hay que saber llevar una contabilidad”. Y ser recursivo e independiente es lo que yo le recomendaría a cualquier persona que está en la industria creativa. Que sea muy recursivo y que investigue, que lea, que sea inquieto, que sea curioso.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach