Lo Femenino ha sido fabricado desde el rechazo en muchos ámbitos.

lo femenino ha sido fabricado desde el rechazo en muchos ámbitos.
Desde los imaginarios religiosos, o los del mundo antiguo, que alentaron la asociación entre “mal” y mujer; pasando por todas esas nociones que afianzaron vínculos con lo sospechoso, la artimaña, la cualidad malévola, la manipulación, lo perverso.
Esas ideas, convertidas en lentes para valorar a las mujeres, fueron transferidas a otros contextos, mudando de formas, manteniendo sus fondos.

Las críticas que surgieron, por ejemplo, hacia el ornamento como asunto femenino, cargaban consigo ese puritanismo peculiar, que condenaba libertad de mujer como “inmoralidad”, que apuntaba a una mayor “funcionalidad” o “utilidad”, desconociendo su propio sesgo a cómo esos conceptos son fabricados también.

Segmentos del mismo movimiento de liberación femenina cedieron a la tentación puritana de condenar lo “femenino” como algo indeseable, creando ortodoxias que descartaban toda muestra de feminidad como cárcel y algo que debía rechazarse a toda costa.
En su comprensible necesidad de liberarse, se cayó también en la trampa de percibir lo femenino como debilidad – desconociendo también que esas percepciones destilaban de una misoginia estructural.

Lo femenino, como energía, como cualidad, como fuerza, como lógica, como lente perceptivo, está llamado a verse más allá de fabricaciones que lo transformaron en algo indeseable y negativo.

Ese es el camino también.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​