Categoría: Prensa

Fashionistas feministas

MODA 15 de Marzo de 2017

http://revistas.elheraldo.co/miercoles/moda/fashionistas-feministas-141907

 

Por: VANESSA ROSALES

En la imaginación de muchos, las palabras moda y feminismo no suelen estar dentro de la misma orilla. Antes, por el contrario, resultan fácilmente antagónicas. Aun cuando vivamos en lo que es claramente la era más libre en la historia femenina, sigue siendo fuerte la idea de que una mujer que añore una vida libre es, en consecuencia, una mujer que no participa en los asuntos de la belleza, el vestir y los performances de lo que se considera usualmente propio de lo femenino.

¿Feminista? Las imágenes que corren a la mente de muchos incluyen a una mujer masculina, rabiosa, odia-hombres, asexuada, paranoica, excesiva, furiosa y exagerada. La mujer que no se depila, la que no expresa suavidad, la que destila una especie de veneno resentido. ¿Una feminista fashionista? Pausa. En la época en la que vivimos, sí. No siempre. Por buenos motivos. ¿Pero de dónde viene la dicotomía? ¿Por qué se ha instalado de forma tan reticente la idea de que la feminista es la antítesis de la moda? ¿Por qué para muchos no surge la imagen de una mujer pelilarga en minifalda y sí la de una mujer que no cultiva su apariencia?

Feminismo. No hay palabra más cargada de espinas. Para hablar sobre un término tan tergiversado y malinterpretado hay que desenmarañar algunas de las muchas informaciones falsas que existen; ofrecer unas definiciones más simples. El feminismo busca, sobre todas las cosas, que exista una igualdad de posibilidades para mujeres y hombres. No que las mujeres quieran ser igual a los hombres en características. En condiciones, en derechos, sí.

Se trata también de un movimiento que cambia según el momento al que responde y que ayuda a entender lo que significa e implica ser mujer en ese momento —lo que pasó en los sesenta no es igual a lo que está pasando en la época actual (aun cuando existan hilos que los conecten)—. Para hablar de feminismo hay que hablar del momento y del lugar. Hacerlo permite ver, además, cómo y por qué el feminismo se ha relacionado con la moda.

Ustedes, hombres queridos, han tenido amplias libertades y posibilidades desde hace siglos. Si se mira el gran esquema histórico que nos precede, las mujeres llegaron a esas libertades de manera muy reciente. Hay choques y desniveles. Hay poderosas transformaciones. Hay cambios en cómo se relacionan los sexos, en cómo pueden comportarse las mujeres. Pero vale la pena cuestionarse por qué el feminismo ha sido radical en algunos momentos. Por qué buscó fórmulas masculinas, por qué ha tenido que salir a la calle a exigir y por qué ciertos momentos más que otros han hecho que existan feministas que no estén tan deseosas de participar en los asuntos de la apariencia, que durante tanto tiempo fueron la única gran fuente de identidad femenina. (Un lema popular dicta: “los hombres hacen, las mujeres aparentan”). El feminismo quiso romper que lo único que una mujer podía ser era una visión bonita.

Sí, hay momentos donde las mujeres tuvieron que masculinizarse un poco para saborear nuevas libertades. La ropa es una demostración espléndida de eso. No en vano y aunque no siempre se le conceda el adjetivo de feminista, Coco Chanel es un gran emblema de cómo, al prestar lemas del vestuario masculino, las mujeres pudieron experimentar nuevas actividades y formas distintas de vivir. (Las que ella misma, en su temeraria y audaz modernidad, experimentó). Si pensamos, por ejemplo, en la primera ola del feminismo (a finales del siglo XIX), veremos que un tema crucial del momento era la reforma del vestuario femenino. Librarse del corset, saborear un vestir menos aparatos. Imaginen, si una mujer deseaba, por ejemplo, aprender a nadar, debía hacerlo ceñida a un absurdo código de vestuario: medias de lana, prendas pesadas que taparan su cuerpo en público. La consecuencia: muchas mujeres no nadaban o muchas, trágicamente, se ahogaban. La historia de la vestimenta femenina es un recorrido también por la historia de las libertades e inhibiciones femeninas.

Que la moda y el feminismo se sientan contrarios se debe, en parte, a que los medios ayudaron a fabricar un estereotipo. Y para hacerlo recurrieron a la versión más sensacionalista, efectivamente, el tipo de feminista radical que también ha habido (así como existen posturas radicales en cualquier partido político o en una fe religiosa). La imagen que se regó es compatible con un segmento del feminismo que sí fue radical, furioso y a veces desmedido.

También es innegable,sin embargo, que el propio feminismo ha tenido sus propias espinas con la moda. En algunos momentos era más que comprensible. Si el movimiento estaba luchando por la libertad femenina y algunas ropas inhibían esa libertad, era más que natural que las feministas rechazaran ciertas cosas. Por ejemplo, cuando Christian Dior emergió en la escena, lo hacía luego de una etapa en la cual, durante la guerra, las mujeres pudieron hacer cosas que solo hacían los hombres. Dior restituía una vestimenta más ornamental, menos compatible con la actividad o la funcionalidad.

El francés Nicolás Ghesquiere mostró este diseño para Louis Vuitton, durante la Semana de la Moda en París.

En los sesenta, por ejemplo, cuando las mujeres del feminismo estaban – como la raza negra, la juventud y otras minorías – sumergidas en el torbellino de nuevos paradigmas que rechazaban el glamour de la élite, en un momento en el que estaban reclamando cosas como el derecho a decidir sobre su capacidad para tener hijos, era lógico que las mujeres no salieran a la calle con tacones, excesivamente arregladas.

Estos ejemplos sirven para demostrar que cada momento del feminismo, además, coincide inevitablemente con el espíritu estético que lo rodea. Por eso, en los ochenta, cuando muchas ganancias del feminismo se habían establecido, teóricas de mirada feminista comenzaron a abogar por la idea de que no había nada más subversivo que la moda femenina, que podía ser una forma incluso de contrariar la lógica uniforme de lo masculino.

Las mujeres del hoy son las que más gozan de los logros del feminismo. Tanto que muchas, aunque disfrutan de todos sus frutos, se rehúsan a relacionarse con la palabra que tanto repele por el exceso de mitos y estereotipos. Hoy, sin embargo, es la era en que una mujer puede proclamarse feminista, empoderada, libre, e incluir en ese proyecto de vida los goces del vestir. No en vano, también, el eclecticismo, las mezclas de contrarios y toda esta orquesta visual de combinaciones que desfilan por las galerías de street style o en las pantallas de Instagram, nos indican que vivimos efectivamente una época inéditamente libre. Nuevamente, el vestir nos señala aspectos importantes de lo femenino en la actualidad.

Pero, sin duda, una de los retos de la mujer empoderada del hoy, la hija de todas las posibilidades que logró el feminismo, es precisamente el cómo usar la moda, el vestir, la belleza, la estética y todos los asuntos de la apariencia para que sean una extensión de su poder y no una debilidad. Tampoco podemos negar que la entrega total a la belleza –que pasa–, que la inversión absoluta a los asuntos de la apariencia física, no limitan las posibilidades de la identidad.

También es necesario entender que, al final, se trata de la posibilidad, de elegir, si se desea o no participar en los asuntos del vestir cultivado. El empoderamiento femenino tiene que ver con ese movedizo y complejo terreno que es la autenticidad. Sin embargo, hombres y mujeres, la nuestra es la era del feminismo fashionista. Donde la mujer empoderada puede incluir en su forma de feminidad los quehaceres de la cultivación estilística. Otro de los grandes mitos que deben romperse urgentemente sobre el feminismo: la moda sí puede hacer parte de sus lenguajes libres.

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https://www.businessoffashion.com/articles/global-currents/colombias-creative-boom-designers

BOGOTA, Colombia — “We’re interested in showcasing a different side of Colombia, one that’s detached from its folklore and tropical spirit,” says Vanessa Gómez, a long, lean and pale figure with shaved head and piercing eyes, who — together with partner Nicolás Rivero — designs a fashion brand here called A New Cross.

Dabbling in the avant-garde and anchored in Bogota’s underground scene, A New Cross is probably not what the outside world expects from Colombian fashion. A minimalistic aesthetic influenced by punk and rock subcultures, theirs is a brand that has grown in popularity in Asia and in Europe, where the duo holds a showroom during Paris Fashion Week.

A New Cross Autumn/Winter 2017 collection | Source: Courtesy
A New Cross Autumn/Winter 2017 collection | Source: Courtesy

Brands with Latin American provenance often evoke kaleidoscopic images of sensuous style, framed either by tropical glamour or an exuberant kind of coquetry. While this typecast may seem accurate enough for designers like Johanna Ortiz — whose frothy Caribbean-infused confections are popular with retailers like Bergdorf Goodman in New York — designers like Gomez are a reminder that fashion creativity in Colombia is incredibly diverse and that there is more than one route to success.

“Colombia is incredibly rich in talent and craftsmanship. Sadly, until recent years, Colombia-based talents have been obscured due to violence and corruption,” says Nina García, the Colombian-born fashion critic who has held the role of fashion director at the American editions of Elle and Marie Claire.

“Fashion is a mirror of our society and, in recent years, Colombia has experienced a huge political, economic and cultural change,” she explains. “Cities like Medellin have been going through an enormous healing process. Steps like the rescuing of Ingrid Betancourt [and] cracking down on money laundering have, in effect, curtailed drug wars. And finding peace with the FARC [rebels] have all helped move the country forward in a very significant way. All these changes have been reflected in fashion too.”

In a new era of peace and prosperity, Colombians are now on the international fashion radar.

Colombian-born designers like Nancy Gonzalez, Haider Ackermann and Esteban Cortázar made an impact on the fashion capitals years ago, but in this new era of peace and prosperity, others are now finding their way on the international fashion radar. Besides Johanna Ortiz, Garcia cites names like Edgardo Osorio of Aquazzura, Paula Mendoza and Melissa Losada Bofill and Marcela Velez, the duo behind M2Malletier.

That Ortiz was chosen to be featured in the windows of an iconic luxury department store like Bergdorf Goodman is testament to the greater confidence felt in Colombian design. Ortiz, whose Tulum top was a best seller after being worn by New York socialites, will showcase a collection as part of Colombiamoda, Latin America’s largest fashion trade show which starts tomorrow.

The annual event will hold its 27th edition in Medellin, a centre for the country’s vast, integrated garment and textile industry that exports apparel, footwear and leather goods worth $790 million annually. According to Carlos Botero, president of Colombiamoda and Inexmoda, international interest in the fair has been growing. Last year, it welcomed more than 1,700 international buyers from over 50 countries and he estimates that combined domestic and international revenues from sales made at Colombiamoda will grow 7 percent this year to around $340 million.

“Like many countries in Latin America, Colombia has a rich culture in terms of art and its artisans. Because of its history, the country developed a strong economy with established designers that have their own local boutiques and loyal clients,” says Kelly Talamas, the former editor-in-chief and recently appointed creative director of Vogue Mexico and Vogue Latin America.

Colombia gained an unprecedented spotlight in the pages of the magazine under Talamas’s direction, thanks to her appointment of a local editor position. She also expanded Vogue events in the country and initiated a collaboration with Colombiamoda and Vogue Talents Corner to promote emerging Colombian designers.

“Many Colombians are well travelled and have a keen eye for design and style. They’re a proud culture, which celebrates its unique style so you’ll find that designers here innovate and create very original collections that translate well in global markets,” she adds, explaining that she recently moved from Mexico City to Bogota in order to increase the magazine’s presence in key Latin American markets.

Johanna Ortiz Autumn/Winter 2017 | Source: Courtesy
Johanna Ortiz Autumn/Winter 2017 | Source: Courtesy

One of the most vivid examples of the rise of Colombian fashion has been the inclusion of several of them on online retailer Moda Operandi. This month, Leal Daccarett, a playful and eclectic Colombian brand made up of husband and wife Francisco Leal and Karen Daccarett, announced their presence on the platform, joining others like Pepa Pombo, Paula Mendoza, Aquazurra, Mercedes Salazar, Johanna Ortiz and Firma Polite.

“Colombia is slowly but surely making its mark on the global fashion industry,” says Elizabeth Leventhal, general merchandising manager of ready-to-wear at Moda Operandi. “There is a common thread — no pun intended — of excitement and liveliness, and a uniform attention to detail from Colombian designers, [and many] are producing new, exciting silhouettes.”

Other examples of success include Edgardo Osorio from Aquazzura, whose luxury shoes are carried by major retailers around the world. Osorio has been a hot name for a while but his international business hit its stride after he opened his own boutiques on Madison Avenue in New York and in London’s Mayfair.

Design duo Melissa Losada Bofill and Marcela Velez have also created a globally recognised brand in M2Malletier. “When we launched the brand [in 2012], we were featured in Vogue’s May issue and Kate Bosworth was photographed carrying one of our bags. A while later, we started seeing other amazing actresses and It girls wearing our bags like Cate Blanchett, Nicole Kidman, Elisabeth von Thurn und Taxis and Alexia Niedzielski among others,” explains Losada Bofill.

Typically, the US is the entry point for Colombian designers with global ambitions. Designer Silvia Tcherassi just opened a boutique in Madrid after opening in Miami, where tastes are similar and many Latin Americans live or work. But most designers now wholesale through New York where there is room for more variety, including Laura Laurens from Bogota who sells at Opening Ceremony and Linda Dresner.

Edgy young designers are also gaining momentum in Europe. Miguel Mesa Posada had a special mention last year when showing his work at the International Fashion Showcase competition during London Fashion Week. Meanwhile, the work of veterans like Olga Piedrahita — a conceptual designer with 30 years experience in the industry — would sit comfortably in upmarket European boutiques.

Building retail networks out from other Latin American countries is another route to the global market. Colombian megabrand Arturo Calle, a menswear label, boasts boutiques in 25 cities throughout Colombia and several more in Panama, Costa Rica and El Salvador. Lingerie and swimwear are categories where Colombian fashion has a particular strength and brands like Onda de Mar, Agua Bendita and Touché are now well known around the world.

“In terms of fashion and lifestyle, I’d say Colombia is one of the most mature in the region [but] it’s been a mix of influences that have put it on the map over the last decade. Firstly, I’d say [the coastal city of] Cartagena, as a destination for the jet set and fashion insiders, helped to bring attention to the country,” says Talamas, referring to the popularity of Cartagena’s design scene among the likes of Marc Jacobs, Angela Missoni and Lauren Santo Domingo.

St Dom boutique in Cartagena, Colombia | Source: Courtesy
St Dom boutique in Cartagena, Colombia | Source: Courtesy

While the focus of the domestic market is on retail hotspots like Bogota, Cali and Medellin, coastal cities such as Barranquilla and Cartagena have become a window for Colombian brands hoping to lure in the international buyer. The country’s most exciting retailer for all-Colombian fashion is the concept store St Dom in Cartagena.

Created by husband and wife Alex Srour and Maya Memovic, St Dom’s luxurious mix focuses on fashion with handmade touches, eclectic silhouettes and audacious bursts of colour.

“We felt that, while there was such a great diversity of quality design products, there wasn’t one single place that presented a well curated selection of them. Cartagena being a prime tourist destination — a so-called St Tropez of the Caribbean coastline — seemed a perfect choice to showcase the most current and innovative designs that Colombia has to offer,” explains Memovic.

Efforts like the one made by St Dom are reinforced by the emergence of companies such as Creo Consulting, founded by Colombian cousins Giovanna Campagna and Cloclo Echavarría, who promote Colombian and Latin American talents in New York. According to Colombiamoda’s Botero, the country’s maturing market can be a mixed blessing for locals.

“Competition from global brands has made local brands grow closer to their consumers [but also] change production schemes, [often to] a short-lived model,” he says, indicating that while Colombia’s newly vibrant design scene should certainly be celebrated and encouraged, it is nevertheless a fashion culture in the making.

https://www.facebook.com/ByVanessaRosales/videos/625776847573682/

 

Nos miramos al espejo, ¿qué vemos?
Nuestro reflejo explícito, los adornos que escogemos y algo siempre presente, que siempre nos concierne a las mujeres: el pelo.

Si vemos una imagen de los 40, la ropa nos da pistas sobre la época, pero los peinados también han sido capaces de definir épocas.

El sistema antiguo de Hollywood, al hacer películas históricas o de época, derrochaba esfuerzos en evocar un vestuario preciso y convincente pero tenían un truco más: mantenían el pelo más o menos acorde a la época en la que se hacía la película para que la audiencia se sintiera más conectada con la estética.

María Antonieta fue conocida por múltiples excentricidades - una de las cuales consistía en excesos legendarios en el pelo estilizado.

El pelo es componente sustancial del estilo. Es ciertamente una obsesión de mujer.

Cuando vamos a estilizarnos para una aparición extraordinaria, la forma que tendrá el pelo es tan importante como lo evidente: las ropas, sus combinaciones, las terminaciones, los complementos.

La variedad es la esencia del mundo de las mujeres. De allí que L’Oreal tenga respuestas para las obsesiones de distintos tipos de mujer.

Cada obsesión tiene un color
¿Se unen a mi equipo negro?

Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​