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Publicado el 24 Mayo, 2017 en VICE.COM
https://www.vice.com/es_co/article/en-este-nuevo-libro-la-moda-es-una-celebracion-feminista?utm_source=vicefbcol
Fotos: Aldo Decaniz
El mundo dejó atrás hace varios años la concepción de que hablar y escribir sobre moda era algo frívolo. Considerando que la moda es un tema fundamental en el ámbito de la cultura, desde el cual se puede hacer teoría social, las discusiones se volvieron otras: ¿de qué manera las redes sociales están influenciando a la industria? ¿Qué tan feminista es realmente la tendencia feminista actual en la moda? ¿Qué problemas están generando las reapropiaciones culturales que hacen indiscriminadamente algunos diseñadores?
Estas son algunas de las discusiones que Vanessa Rosales plantea en su libro Mujeres Vestidas, publicado este mes en la Editorial Planeta y lanzado con mucho bombo en la Feria del Libro.
Vanessa es cartagenera, estudiante de Filosofía e Historia de la Universidad de Los Andes y tiene una maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato di Tella y un programa de Fashion Studies de Parsons en Nueva York. Hace años emprendió una carrera profesional compleja en Colombia: la de hacer teoría social y crítica cultural basada en la moda teniendo de referentes a mujeres como Judith Thurman, Holly Brubach y Kennedy Fraser, todas escritoras de estilo del New Yorker. Vanessa empezó a hacer lo propio en publicaciones como Arcadia, El Heraldo, La Nación, en Argentina, Cromos, Diners y Vogue Latinoamérica.
Con motivo de su nueva publicación hablé con ella acerca de los nuevos lenguajes de la moda, sus implicaciones sociales y su lectura acerca de esta industria en Colombia.
VICE: ¿Cómo es escribir sobre moda acá en Colombia?
Vanessa Rosales: Es…Yo sentí, digamos, el instinto. Era una muchachita de 20 años cuando tuve esta noción de escribir de moda, sobre todo en un contexto académico como el de Los Andes, donde la moda no era un tema considerado digno de estudio y examinación intelectual.
Como la moda ha sido acá en Colombia un tema inédito, siento que ha habido ambivalencia: hay gente que lo ha recibido como lo que es, y hay gente que lo ha rechazado un poco. La discusión sigue estando muy viva, sobre si se toma como un tema cultural y no como un tema de entretenimiento.
Dices que desde los 20 tuviste el instinto. ¿Cuáles fueron las referencias visuales de tu adolescencia que te lo generaron y por qué?
Yo no tuve divas ni fashionistas ni icónicas como referencia. Para mí el gran referente visual siempre fue el rock n roll, nunca la moda. De hecho, cuando yo tomé la decisión consciente de escribir sobre moda, mucha gente se extrañó porque yo era la típica jovencita intelectual: mi estética nunca fue inclinada hacia lo fashionista, menos en un contexto como el cartagenero. No era mi tema, pero siempre me apasionó la estética conectada al tiempo. Entonces mis grandes influencias realmente fueron Guns n’ Roses, Jim Morrison de The Doors, Led Zeppelin…
Me fascinaba de ellos esa noción de coraje, de ser individualmente libre. Una vez le escuché a alguien decir una cosa hermosa: que lo cool era como el amor a primera vista, lo sabes enseguida o no, y siento que el rock n roll encarna eso. Es un sonido precedido por el rockabilly, por el rock n roll de los cincuenta, destiló hacia el punk, el postpunk, el new wave y todas conexiones me apasionaban, yo creo que por ese elemento del coolness.
En el libro haces un análisis de varias prendas que han sido significativas en la historia de la moda y las personas, ¿para ti cuál ha sido la prenda más revolucionaria de todas?
La minifalda. El terreno de las longitudes femeninas fue visto durante mucho tiempo, por las feministas más ortodoxas, como un terreno de regulación de las libertades femeninas porque, en teoría, eran los diseñadores los que regulaban los largos y los cortos de las faldas. Y la minifalda llega al mundo precisamente en los sesenta, cuando están estallando todos los movimientos culturales de esa década. No fue en vano esa coincidencia: ese fue el primer momento en la historia donde los muslos femeninos fueron aceptables, aunque escandalizaron al mundo entero.
Es muy curioso también ver cómo las feministas ya no querían ponerse minifalda después de los 60, para no ser cosificadas. La minifalda se vuelve entonces un gran símbolo de cómo una prenda puede reflejar las libertades femeninas.
Ahí entramos en terreno feminista. La moda siempre ha sido un arma de doble filo cuando uno menciona el término. ¿En qué momento para ti la moda deja de ser feminista?
La moda se sexualizó en el siglo XVIII: la época en que los hombres entraron a la modernidad y las mujeres se volvieron un símbolo del poder adquisitivo del varón; para que una mujer subsistiera económica y socialmente debía casarse con un varón. Esa época claramente es vista como antifeminista, porque era un reflejo de la mujer como adorno.
Otro caso fue durante los años cuarenta y cincuenta, justo después de la guerra, cuando surge Christian Dior con su intención de volver a feminizar a la mujer, y la redomestica. Ya luego, en los sesenta, con todas las liberaciones femeninas, las mujeres rechazaban la moda. Y era algo comprensible, porque, si estábamos luchando por cosas que eran fundamentales, un par de tacones se veía como algo contradictorio.
Pero el juego de la moda siempre es ese, el de la ambivalencia, incluso en esta época que me gusta llamar feminista-fashionista; la moda puede seguir encarcelando o ser una fuente de identidad femenina, que es lo que está pasando con las blogueras de moda.

Es chistoso que menciones a Dior, porque esta casa de moda lanzó el año pasado su icónica camiseta de “We Should All Be Feminists”, que aún sigue marcando la tendencia mundial. ¿Qué tan feminista es esta tendencia feminista en la moda? ¿Es algo real o es una reapropación ideológica más de la industria?
Yo creo que es una reapropiación y la empezamos a ver cuando Lagerfeld en Chanel hizo esa pasarela en el Grand Palais que parecía una marcha feminista. La consigna era algo así como “feminista pero femenina”. Y es positivo en la medida en que circule la palabra, pero es peligroso si es un símbolo vacío.
La moda siempre se apropia de las cosas: las mastica y las escupe. La reapropiación es algo bueno en cuanto se genere una consciencia, para que las chicas empiecen a investigar sobre feminismo; pero si se queda en ese humo, como ese hashtag tan light de #girlboss, es perjudicial. Yo creo que es bien ambivalente que haya camisetas estampadas con feminismo y que blogueras como Chiara Ferragni las tengan puestas, pero puede ser positivo en la medida que genere consciencia.
Chiara es una de las blogueras de moda que mencionas en tu libro, cuando mencionas a Instagram como una de las plataformas que más han moldeado la manera en la que queremos vernos.
Algo muy importante que la gente pierde de vista es que estas chicas, antes de convertirse en blogueras, tenían un poder adquisitivo significativo y convirtieron eso en un negocio, porque la bloguera de estilo personal a la final es una valla publicitaria.
Hoy en día las mujeres, las más jovencitas sobre todo, están confundiendo dos cosas: la ensoñación fantasiosa de un estilo de vida con querer emular y poseer ese estilo de vida, algo a lo que puede acceder un porcentaje muy mínimo de la población. Y al crear esta noción de negocio, las blogueras han creado esta identidad donde lo más importante es la pose, la transformación del vestuario y no hacen nada más. Hay algunas que sí, como Leandra Medine, que tiene todo un concepto detrás de su blog Man Repeller.
Esta situación con las blogueras, o con it girls como Kendall Jenner y Gigi Hadid, que son contratadas como si fueran las mejores top models del planeta Tierra es producto de las redes sociales. ¿Estas nuevas formas de comunicación están “matando” a la industria de la moda como la conocíamos?
No es que la hayan matado, pero sí han matado algunos temas. Por ejemplo, un diseñador dura x tiempo haciendo una colección, y luego en la pasarela alguien le toma una foto borrosa con su celular, y ahí queda todo. Siento que, ineludiblemente, la moda ha caído bajo los tentáculos de lo digital, que es una de las cosas que le da forma a la industria hoy en día. Las pasarelas ya no son bianuales, ahora suceden a cada segundo en nuestros celulares.

Entremos en terreno más local. Haces una lectura histórica de prendas que significaron mucho globalmente, pero si te pregunto a ti qué prendas han marcado la historia de nuestro país, ¿Qué me responderías?
Yo diría en un comienzo que la ruana. Lo que pasa es que debemos ser conscientes de que somos un país fragmentado, y no hay un sentido de identidad tan homogéneo como el que puede haber en otros sitios. Colombia no es así; yo puedo decir que la ruana es una pieza fundamental en el país y un costeño me va a decir que no, y me va a hablar de otro elemento. Y hay varios… digamos, la apropiación de la mochila Wayuu ha sido muy significativa. Ahora siento que hay una apropiación del carriel, algunas marcas como Adriana Castro crearon unas versiones más modernas. Lo que sí es claro es que tenemos una cultura de moda en formación, y seguimos explorando a ver qué elementos clásicos, tradicionales o folclóricos pueden servir en la formación de esa identidad.
La moda, como muchos otros ámbitos, también refleja repetidamente nuestro complejo postcolonial, nuestros problemas de identidad. ¿Crees que en algún momento podamos desarrollar un discurso visual a partir de nuestra verdadera identidad?
En el capítulo de mi libro sobre moda colombiana añadí imágenes de esos jeans sin bolsillos de los que tanto reniegan las personas que se consideran fashionistas. Y algo que señalo en ese capítulo es que, como somos un país con una identidad tan fragmentada, la moda en Colombia también refleja nuestra desigualdad económica y social. Un ejemplo de esto son las chicas que tienen como ideal estético ese modelo de jeans, que lo quieren no solo porque se crían en poblaciones donde esa prenda es el ideal, sino porque hay un tema de poder adquisitivo en juego. El ideal estético es una mezcla de lo que queremos conseguir y lo que podemos conseguir.
Yo creo que hay una gran polarización entre la moda popular, como la llamamos, y la alta moda colombiana, si se le puede decir así, y ese enfrentamiento revela nuestra fragmentación como país. Temas como el de la narcoestética, que es una palabra con la que hay que tener cuidado, porque muchas de esas muchachitas no se están adhiriendo conscientemente a una estética relacionada con lo narco, eso es una adjudicación externa. Figuras como esas son las que toca examinar para entendernos mejor como país y entender la historia de la moda en Colombia.

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“La moda es el espejo de la cultura del entorno donde se desarrolla”.
Las palabras se quedan cortas para describir a Vanessa Rosales. Es escritora, consultora de estilo y cultura, experta en historia y teoría de la moda, periodista, columnista, editora de moda y es considerada la mejor pluma del país en temas de moda. Vanessa participó esta semana en una tertulia en el centro comercial Pereira Plaza y dictó una conferencia en el marco de Eje Moda 2017, donde presentó su libro “Mujeres vestidas”. Esta cartagenera es graduada en filosofía e historia de la Universidad de los Andes y con estudios de Maestría en Periodismo en la Universidad Torcuota di Tella, ha laborado en prestigiosos medios como La Nación de Argentina, las revistas Semana, Cromos, Diners, Caras y Vogue Latinoamérica, el periódico El Heraldo y actualmente edita el blog de femenidad y estilo de la marca Naf Naf y es cofundadora de Inédito, un medio digital especializado en modas.
Fue halagador, creo que mantengo esa posición. Hay muchas personas que respetan y se adhieren a mi trabajo así como hay otras que no tiene mucha simpatía hacia mí, pero haber sido nombrada de esa manera significa que de alguna manera estoy sembrando una mirada crítica hacia un tema como la estética y el vestido.
Muchos, Colombia siempre ha querido ser moderno y hoy en día es un país que aspira ser global. Con frecuencia se quiere imponer el ideal al cual tienen acceso muchas personas que salen, que viajan, que están expuestas a las redes sociales, a una masa de personas que en su mayoría tienen acceso a otras cosas. Se necesita estudiar más la moda contextualmente y entender esos ideales estéticos que muchos desprecian y que se asocian, por ejemplo, a lo narco.
Hay que tener mucho cuidado con esa palabra por que las mujeres que se adhieren a esa estética no se asocian conscientemente con nada que ver con el narcotráfico, han heredado una estética femenina y el gran reto es entender que si bien han habido unos casos de éxito significativos, hay que ver cómo se mantienen en el tiempo. Así mismo, tomar nuestros elementos locales para crear alquimias creativas y un lenguaje más global y también estudiar el contexto de los ideales estéticos locales y respetarlos.
¿Cuál fue su trabajo como asesora del Concurso de Belleza?
Cuando entré al Concurso Nacional de Belleza como asesora, hice una investigación exhaustiva de lo que significaba cultural e históricamente este concurso en nuestro país, que es la institución estética mas antigua con mas de 80 años, que fué durante muchas décadas la única gran plataforma de moda que tuvieron los colombianos en una época donde solo se tenían tres canales de televisión y es gran momento lúdico de mujeres bellamente vestidas se situaba en el reinado.
Pero a partir de los años 90, eso empezó a cambiar, por que se profesionalizó la industria del modelaje por que ya las señoritas de ciudad no eran las que participarían del reinado sino que entró el tema del narcotráfico, y cómo Raimundo Angulo trata de deslavar todo tipo de relación entre concurso y el narcotráfico y por ende las uniformó.
Y cuando yo entré al concurso la idea era crear una serie de uniformes que eran muy difíciles por que son mas de 20 candidatas en el mismo número de eventos por lo general, entonces en ese momento estaba muy metida en un trabajo del Caribbean Chic, pero que fuera más sobrio, más limpio y conectado con lo global guardando la proporción de que eran uniformes y también tuve la oportunidad de vestir a la Miss Universo 2014-2015, que con ese cuerpo se hace mucho más fácil asesorar a una mujer
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En las artes escénicas y audiovisuales, el vestuario posee una importancia infinita pues, permite al espectador comprender de un modo más profundo al personaje que lo porta. Con solo observar el modo en que cada uno de los individuos de una obra o película visten, es posible realizar una lectura acerca de sus características y facetas de personalidad más importantes. El vestir es entonces una herramienta de comunicación clara y concisa que envía mensajes de fácil comprensión entre seres humanos. Sin embargo, la mayoría olvida su importancia considerando la moda un tema banal y superficial dejando de lado la antropología e historia que transportan los contenidos simbólicos de la misma.
Con su libro Mujeres Vestidas, Vanessa Rosales, demuestra los contenidos intrínsecos y la importancia de la moda. Permite comprender al género femenino a través del entendimiento de su vestuario. El libro Mujeres Vestidas de Vanessa Rosales se centra en enseñar cómo el vestuario influye en aquello que las mujeres piensan de si mismas, fundamentándose en el conocimiento de diversas historiadoras de moda que han impactado el pensamiento personal de la escritora quien a lo largo de su trayectoria se ha dedicado a comprender y cuestionarse acerca de los impactos del vestir en la sociedad femenina.

Uno de las mayores influencias de Vanessa Rosales fueron las premisas teóricas de Anne Hollander, quien definió que el ideal de cada época se construye a partir de las representaciones visuales predominantes del instante en que se genera una tendencia. Es así cómo en su escrito, Vanessa centrándose en cada década, enseña al lector cómo la moda debe observarse de modo contextual para comprender el porqué de la misma y a su vez entender las dinámicas, deberes y poderes que el género femenino posee en la sociedad de cada tiempo.
Para comprender el porqué de las prendas y comportamientos de cada época, Vanessa Rosales hace una comparación entre la sociedad y su representación audiovisual en las películas. Pues, tal y como expresaba Anne Hollander, es aquello que vemos lo que define nuestros ideales y el cine junto con la fotografía ha sido una de las mayores influencias a nivel cultural. Vanessa resalta que la mayoría de las mujeres representadas en el arte, se han mostrado a través de la mirada del hombre “The Male Gaze”, lo cual ha impactado a la mujer en cuanto a que aprendió a auto percibirse y observarse como objeto del deseo masculino.

Así, el libro Mujeres Vestidas permite comprender cómo las percepciones culturales que en la actualidad consideramos naturales, son tan solo construcciones generadas por los mismos seres humanos, lo cual nos permite cuestionarnos acerca del concepto de femenino y masculino que conocemos en la actualidad y su representación en el vestuario y comportamiento de las mujeres. Como relata Vanessa Rosales aún nos encontramos en la búsqueda de la modernidad que el hombre ya ha abarcado desde hace 200 años, implementando elementos de sus prendas en nuestro vestuario que nos permiten obtener comodidad y auto confianza.
Paso a paso el libro desglosa diferentes elementos de la cultura femenina y del vestuario que permiten visualizar cómo cada prenda carga consigo un sin fin de significados simbólicos y cómo estos a su vez son maleables dependiendo de la época en la cual se porte. El texto llega incluso a abarcar el tema de la nueva concepción espacio temporal que trajo consigo la post modernidad, consecuencias en el mundo de la moda y en la auto percepción femenina con el comienzo de lo que Vanessa Rosales denomina el Eclécticismo, donde a partir de las redes las tendencias se generan en instantes y tiempo real, no poseen duraciones y lo nuevo pasa rápido.
Este auge en redes ocasionó que el espejo ya sea el único lugar donde la mujer reafirma su identidad, pues en la actualidad posee múltiples pantallas que le permiten observarse desde diversos ángulos generándole nuevas necesidades, un exceso en la vigilancia de la imagen personal. Este modo de auto percibirnos y vigilarnos ha generado lo que para Vanessa Rosales es una regresión de la identidad femenina representada por las Bloggers de estilo personal quienes, para la autora se han centrado en vender la idea de qué lo más importante en la identidad de la mujer es la apariencia, la suntuosidad y posesión de objetos y el cómo las observan los demás.

En pocas palabras, Mujeres Vestidas permite a los lectores observar cómo se realiza la construcción de personalidad y auto percepción femenina a través de las imágenes de la época, cómo las prendas de vestir permiten comprender los acontecimientos y características de lo femenino, del momento en que se desarrollaron y a su vez, permiten conocer el concepto personal de feminismo de Vanessa Rosales: la mujer a través de un prisma contextual que le permite observar qué es y qué no es valido para las mujeres en determinadas épocas.
Así, tal y como logramos analizar al personaje sobre el escenario a partir de su vestuario, Mujeres Vestidas nos ayuda a comprender a las mujeres que a través de los años han actuado el papel de su vida sobre este escenario al cual llamamos mundo real. La cuestión del presente está, en determinar si la mirada del director de nuestras escenas estará determinada por nosotras como género femenino o continuaremos bajo el lente masculino que nos ha marcado desde el pasado.
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NUEVA MUJER: http://www.nuevamujer.com/mujeres/moda/colombia/mujeres-vestidas-un-viaje-por-la-historia-a-traves-del-vestido-femenino/2017-05-16/144801.html
La crítica, ensayista y escritora de moda cartagenera Vanessa Rosales condensa en su libro todo lo que puede abarcar la moda en la sociedad.
Luz Lancheros
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¿Cuál es el significado de que una mujer acorte su falda o de que una mujer de Ibagué se ponga un jean levantacola? Todas estas implicaciones, culturales, históricas, políticas y sociales, desde lo universal hasta lo local, son las que toca el libro “Mujeres Vestidas”, a través de un fascinante viaje que abarca desde la historia de la moda hasta cómo se ve el tema en la Colombia contemporánea.
Publimetro habló con su autora, la escritora y crítica de moda con maestría en Fashion Studies de Parsons, Vanessa Rosales, quien a través de temas como el feminismo, o prendas como el dénim pone a la moda como un tema intelectual a nivel editorial por primera vez en Colombia.
¿Cómo condensaste tantos temas y los hilaste hasta llegar a la moda colombiana?
Creo que los trece ensayos son un reflejo significativo de mi sentido personal de mezcla y eclecticismo. Mis intereses personales por la estética pueden ir desde la Londres post-punk de 1980 hasta la magia exuberante de La Fania, en la Harlem sesentera. De cierta manera, la idea era crear una mezcla estimulante, entre lemas atemporales, temas contemporáneos y esos grandes ejes alrededor del vestir que permiten reflexionar sobre la moda a través del tiempo. El esquema original, de mi propuesta a la editorial, tenía esa intención: que el libro fuese una cartografía ecléctica.
El libro es un viaje que te lleva por infinidad de épocas y crea un viaje placentero.
Una de las mayores intenciones del libro es sembrar una semilla: la de encontrar y crear literatura en español que le de a la moda un tratamiento más pensativo. Creo que esa variedad de elementos - el pasado, el presente, la actualidad, la teoría, los fenómenos actuales y la historia - hablan mucho también sobre mi perfil como pensadora. Me formé en filosofía, en historia, en periodismo vieja guardia y en teoría de la moda. Soy una mujer de la era digital, que adora el género del ensayo y que también se sumerge como en un hechizo en la literatura. Creo que toda esa hibridez es un reflejo de mi temperamento y mi forma de pensar y escribir el mundo.
¿Crees que en el panorama digital, los personajes hiperfigurativos y sobreproducidos , llegarán a aburrir para que el internauta busque otro atisbo de autenticidad, o es una palabra sobrevalorada?
Creo que la autenticidad es uno de los grandes lemas de esta era nuestra, donde el exceso de información ha propiciado estas tendencias de la consciencia y el auto-conocimiento. Pero también lo es el exceso de imagen. Y existirán, tal vez, audiencias para todo lo que encontramos en esa posibilidad constante de profundidad y de superficie. En lo personal, creo que hay temas - del alma - inefables, que se sienten, que conectan precisamente desde esa difícil y esquiva posición que es la autenticidad.
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Ahora, hablemos de feminismo, otro gran tema en “Mujeres Vestidas”. ¿Por qué a pesar de todo lo que ha cambiado para nosotras en los últimos años , los conceptos de sexo, deseabilidad, atractivo, siguen siendo tan dicotómicos y tan polémicos? Podemos vestir pantalón, pero nos acosan y nos culpan por usar faldas cortas, por ejemplo.
Para mi eso tiene profundas raíces en la tradición religiosa, en nuestro caso, en la judeocristiana. Son siglos de concebir la feminidad desde la dicotomía que mencionas. ¿Cómo vamos a amarnos las mujeres cuando nos han enseñado, durante siglos, que solo podemos concebirnos en una dualidad improbable? ¿Cómo vamos a estar cómodas con nuestras contrariedades cuando nos han enseñado, de todas las maneras posibles, a que debemos rechazar nuestra mismísima humanidad femenina? El machismo no es solo un esquema externo que está en las expresiones del sistema judicial, en las expresiones cotidianas y afectivas hacia la mujer - también es una presencia interiorizada por las mujeres mismas. Mi segundo libro es mucho sobre esto.
Pasemos al último capítulo: ¿cómo ves el panorama de moda en Colombia, tan bien condensado en tu libro? Sobre todo en temas de identidad.
Creo que la moda, en un país como Colombia, refleja altamente rasgos inescapables de nuestra identidad. Somos un país acomplejado, que rechaza lo propio porque, en esencia, somos un lugar desraizado, colonizado, fundamentado sobre la violencia misma. También sí es cierto que hay ese elemento de señorialidad persiste por nuestro sistema de clases. Nuestra asimilación de la moda en general suele estar marcada por estos síntomas. Asimilamos desde el rechazo de lo propio, desde la aspiración a ser modernos (hoy globales), desde la literalidad.
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Blog de La Feria del Libro:
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Vanessa me está esperando. Tiene las piernas cruzadas y viste unos jeans con perlitas bordadas. Me está esperando para hablar de moda, de esa fuerza cultural que ha permeado la vida cotidiana cada vez más a través de los medios digitales que enmarcan fotos fugaces, falsas noticias, luchas de ego y que son espejos de esta sociedad que vive de la inmediatez y la novedad. Cuando le pregunto por Instagram (donde llega casi a los sesenta y dos mil seguidores), Vanessa se ríe y se refiere a las descripciones de sus fotos como “esos parrafones”. Me río también por que sé que esos parrafones no tienen nada que ver con los emojis y las frases motivacionales que circulan en internet como pan caliente. La historiadora cartagenera, que presentó y conversó sobre su libro Mujeres vestidas en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, conoce muy bien estos medios porque los ha usado para darles la vuelta hablando de cosas importantes. Le ha dado lugar a lo trascendente en un espacio que aparentemente representa todo lo contrario. Su libro está compuesto de trece ensayos sobre moda escritos desde un punto de vista histórico y sociológico que revelan qué hay detrás de lo que vestimos todos los días.
Su interés por la moda tuvo que ver más con una pulsión vital que con lo académico. Recuerda con precisión que su abuelo argentino le ponía películas de Gardel y de Gene Kelly desde muy pequeña, pero la película que la deslumbró fue Grease –de ahí nace su amor por las chaquetas de cuero–. Además del cine, Vanessa también piensa la música como sustrato estético. Piensa en el Rock N’ Roll y cuenta que su aspiración de niña era ser cool, pero ¿qué era ser cool?, le pregunto, y ella me responde entre risas “Yo pienso que era ser flaco. Si tú te percatas, por ejemplo, la estética del rock está dominada por la flacura. Slash, que era mi favorito, era un hombre muy flaco, y podía ponerse pantalones de cuero. Jim Morrison también se ponía unos pantalones que me generaban fascinación. Recuerdo que vi el video de Patience como a los once o doce años y me di cuenta de lo mucho que su estética había generado en mí esa inquietud.”
No es extraño que una escritora como Vanessa se encuentre con caras incrédulas a la hora de hablar. Lamentablemente, la moda es un tema que se ha relacionado convencionalmente con lo tonto, con lo falto de profundidad, con la mera vanidad femenina. “Todavía estoy librando esa batalla”, dice entre suspiros, “la sentí muy tempranamente cuando estudiaba historia en la Universidad de los Andes. Ya tenía esa inquietud pero el tema no era considerado digno de estudio académico. Entonces yo tuve que llevarme a mí misma a otros terrenos como la escritura periodística, muy improvisada y muy instintiva en ese momento, persiguiendo esa noción de que yo quería generar una hondura a partir de un tema que claramente no era tomado en serio en un círculo académico en el que estaba”.

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Es muy significativo que Mujeres vestidas sea un libro impreso porque de alguna manera el formato libro entra en la categoría de lo serio en oposición a lo rápido, a lo digital. Es mejor el libro que la película, oímos decir por ahí en tono condenatorio. Pero como es un libro sobre moda, los estereotipos pesan todavía:
“Cuando recién salió, yo sentí mucha tristeza porque se estaba percibiendo el libro como una guía de estilo: la portada es bonita, el color es plácido y está escrito por una mujer, por una mujer que ha hecho carrera en la moda.” Aunque trata de deslindar su imagen de la figura de la blogger, todavía es clasificada como tal, lo que encuentra enigmático porque si bien usa su imagen personal, esta siempre ha sido una excusa para ver más allá, para descomponer y analizar en las formas propias de su formación académica. “Cuando me asomé al mundo intelectual, al mundo académico, me pareció tan machista, tan tedioso, tan carente de glamour. Todavía las mujeres que participan de ese mundo se han persuadido de que deben abandonar su estética para ser tomadas en serio. Porque de cierta manera esos medios refuerzan esa idea todavía.”
Vanessa, con un pie aquí y el otro allá, tiene que lidiar con un limbo que apenas se está explorando en Colombia:
“Lentamente empecé a descubrir que yo habito como un no espacio, un intersticio, que es muy difícil de encontrar en un medio como el nuestro. Siempre sentí la dicotomía de que para ser una mujer pensante, que lo fui desde muy pequeña, tenía que asesinar esta vanidad que es muy propia de lo caribeño, y solo hasta ahora he podido encontrar en ese intersticio un lugar cómodo.”
No es blogger, pero en su libro sí habla de las bloggers; habla de los hombres, que en los últimos siglos han sufrido una timidez ornamental característica; de la figura del espejo, artefacto que ha sido sostenido históricamente por la mirada masculina; habla de la moda colombiana:
“Colombia siempre aspiró a ser moderna, pero tal vez hoy en día Colombia aspira a ser global. En el contexto colombiano la moda como fuerza cultural ha servido para deslavar esta imagen global de narcotráfico, de violencia, de terror que rondó el fantasma de Colombia durante mucho tiempo. Colombia hace parte de todos estos países de la periferia tradicional de la moda, entendiendo la periferia como todo lo que no es Nueva York, Londres, Milán y París. Se ha sumado al boom de la moda que se volvió la gran moda también gracias a estos aparatos”, dice al tiempo que señala con los ojos el celular con el que la estoy grabando. “Hay varias contradicciones. Como fuerza cultural la moda ha servido como una manera de imaginarnos diferente como comunidad pero por otro lado es muy interesante ver cómo, aunque hay otros casos de éxito global, hay un gran rechazo interno a lo que es considerado moda por la mayoría del país”.
Vanessa fue poeta, como hasta los veintidós años, me dice. Pero ahora tiene otros planes para cuando sea grande:
“Mi aspiración en la vida es ser ensayista. Es un género que me apasiona, que permite escribir de todo, un género sumamente maleable. Llevaba años tratando de que lo que yo colgaba en mi página fuera considerado ensayo y aun así todavía me dicen bloguera.”
En su carta a la moda, que fue publicada en su página y en el que se percibe un tono de desconcierto, se puede leer que le dice a ella Fuiste un lente, una forma de mirar, un terreno inicial. Le digo que suena a despedida, y ella me responde “Me agota, me agota. Lo que pasa es que tuve un momento cuando escribí esa carta en el que estaba hastiada. Me hastían son ciertas formas de la moda. El medio de la moda, lo que implica a veces participar en este medio, esa cuota de narcisismo, de auto indulgencia y de disposición para posar y tener una identidad sustentada en la nada. Es innegable que la moda sí puede ser un portal a través del cual reflexionar intelectualmente pero la moda también es tremendamente banal y de hecho la mayoría de personas que participan en ella no son muy pensantes. Hay mujeres que tienen una gran destreza para lo visual pero no necesariamente están muy involucradas en lo significa.”
La moda, que ha sido capaz de desestabilizar estructuras tradicionales, de crear identidades diversas, de incluir y de rechazar, de conmover, de empoderar, merece que nos aventuremos a pensar en ella como cosa seria, como lo hace Vanessa. “El propósito de este libro es sembrar una semilla para que la moda sea pensada y escrita desde lo teórico o desde cualquier prisma de las ciencias sociales.”
Por último le pregunto qué libro quiere que se ponga de moda. “En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno. Daría todo para que todas las mujeres de este país lo leyeran. Las mujeres y los hombres.”
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Entrevista para La Revista de CM&