Categoría: Moda

El triunfo de nuestra época: el empoderamiento de mujer. Todo empoderamiento es contextual, particular.

Lo que empodera a una mujer pertenece a su amalgama individual. Un gesto, invisible pero palpable; una pieza, asertiva pero confortable; un rito, solitario pero en sintonía con sus necesidades.

Lo cierto es que empoderamiento, en lenguaje femenino, significa, sobre todo, tener la maravillosa osadía de llevarnos en nuestros propios términos, de escuchar nuestro fuero interno e invisible, de crear gestos y acciones que estén en sintonía con nuestras características más reales. Empoderada es la mujer que actúa y vive al ritmo de su autenticidad. De qué hablamos cuando hablamos de empoderamiento femenino. A qué se refiere ese término tan omnipresente, al parecer tan manoseado. Por momentos parece hablar, para algunos, de un reclamo de poder que se confunde con dominación. Pero la palabra empoderamiento tiene todo que ver con cómo, durante siglos, las mujeres tenían vidas restringidas, hechas solo para la apariencia, destinadas a ser sobre todo, decorativas.

Empoderamiento se refiere a un proceso largo y complejo donde las mujeres han asumido la posibilidad de tener vidas más libres, de poder dedicarse a oficios que les eran prohibidos, de ser más que modelos limitantes, y sobre todo: de tener agencia sobre sus vidas. Tener esa agencia implica conocerse, ser fiel a sí misma, aprender a escucharse, juntar las piezas de su individualidad y escoger siempre la autenticidad.

Gloria Saldarriaga

 

Story by Vanessa Rosales

Photos by Santiago Marzola

 

In the world of Colombian fashion, Gloria Saldarriaga needs little to no introduction. She is constantly praised as one of the country’s chicest and most inventive creatures. Her sartorial abilities transfigure simple dressing into artistic composition. She is a master in eclecticism – capable of wearing anything from a market find, fast fashion, high-end design or local emerging talent.

She is close to the art world and collects both fashion and art, creating a dazzling and always inspiring visual language in what she wears, what she sees and how she lives. Gloria is also a lively emblem of how style transcends dress and can extend into every sing gesture when it comes to living.

We asked her for a stylish guide of her hometown in Medellin.

 

  1. Vivero Tierranegra, to see

“Colombia is filled with garden centers that lend urban settings a fresh perspective. Visitors or foreigners can even appreciate the exuberance of local floral by bending conventional visits and coming to places like this one. I am fascinated by this place, it’s even become a place of contemplation and meditation.”

(Black top by Carlo Carrisoza, earrings by Mercedes Salazar)

  1. Lokus, to visit

“It’s a young art gallery that in spite of being novel is already achieving important relevance on a national level. It’s admirable how its young director is able to make contemporary, emerging art, commercial.”

(Dress by Olga Piedrahita)

 

  1. Clandestino, to eat

“There are not a lot of restaurants in Medellin that stand out for assembling a nice equation that includes aesthetic coolness, good music and opening on Sundays.”

  1. MAMM (Museo de Arte Moderno de Medellin), to not miss

One of the city’s iconic cultural beacons, el MAMM recently added a new wing to its premises, making the place an arquitectural marvel and a place that bustles with activity.

 

 

Cartografía de Medellín con Gloria Saldarriaga (para CooperativaShop)

Fotos de Santiago Marzola

 

 

 

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Vanessa Rosales

Fotos: Santiago Marzola

 

 

Los estilos están poderosamente conectados con el tiempo. No sólo porque cada momento en el tiempo - envuelto en sus circunstancias, cargado de ánimos y movido por vicisitudes particulares - suela impulsar ciertos estilos concretos, sino también porque los ritmos de la temporalidad están siempre inscritos en la creación de los estilos más diversos.

 

Los estilos se hacen dentro de un tipo de tiempo.

 

La manera más eficaz de comprender esta idea es a través de la moda rápida. Su fundamento es la velocidad. Se crea en masa y de manera constante. La moda rápida, el fast fashion, contribuyó a que se alteraran los ciclos de la moda tradicional. Mientras que, antes, por ejemplo, una tendencia solía tener un lapso de vida de seis meses, la moda rápida comenzó a quebrantar el tiempo y la forma de experimentar las tendencias. Por un lado, comenzó a ser posible conseguir simulacros de lo que se veía en las colecciones más importantes .- a precios bajos y de forma mucho más rápida. Vestirse de simulacros y versiones similares a lo que está en los dictámenes de la moda encumbrada es otro fundamento de la moda rápida.

 

El resultado de todo eso fue que el tiempo mismo de la moda comenzó a cambiar.

 

Más atrás, cuando el gran discurso de la moda estaba fundado sobre el oficio de los maestros de la Alta Costura, el tiempo de la moda tenía otra naturaleza. Se hacía a la medida, con base a la exactitud del cuerpo. No se hacía en masa. Y lo que sí se hacía masivamente era para los mortales, desconectados del místico círculo de la moda real. No había tendencias quebrantadas en ciclos semestrales. Los estilos eran más homogéneos – conformaban un gran credo al que las mujeres se adherían con el fervor de la seguidora que obedece los ritmos de un oráculo.

 

La velocidad de nuestra moda actual tiene todo que ver con la manera en que nuestra percepción de las cosas también se ha acelerado. Desde los ochenta en adelante, hemos acortado la forma cómo vivimos el tiempo y el espacio. Podemos ver lo que sucede en otras partes. Podemos acceder a informaciones sin filtro o espera.

 

Toda esa aceleración es imposible de entender sin otro gran índice temporal de nuestro actualidad: las tecnologías digitales. De muchas maneras, las redes y la moda rápida son inseparables.

 

La velocidad con la que cambian las imágenes digitales, siempre reemplazándose ante nuestra mirada nerviosa; la presencia que tiene la moda en esas imágenes; las formas cómo se ha alterado cómo vemos, cómo vestimos, cómo compramos – todo nos habla sobre una subjetividad, una experiencia del tiempo y del espacio habituada a la celeridad. La velocidad está inscrita en nuestra experiencia visual y vital.

 

Una de las consecuencias de eso es que las cosas terminen por parecerse demasiado. Una de las contradicciones de lo digital consiste en que, al estar tantas personas sintonizadas con las mismas referencias visuales y al tener acceso a las mismas tiendas, las identidades comienzan a diluirse, perdiendo singularidad, haciéndose más uniformes y tal vez un poco más planas. La sincronía con las mismas imágenes y los mismos estilos ha hecho que gran parte de la globalización sea precisamente la de crear un tanto más de homogeneidad entre las expresiones estilísticas.

 

Lo que se hace en serie y a ritmos tan veloces cae también en esa uniformidad. Y esa es la lógica a la que nuestro tiempo nos ha condicionado, ese es el tipo de estilo que se nos ha hecho habitual.

 

Por eso en Expoartesano hay un relevo de lo que es ya cotidiano para los que viven sumergidos en la moda como materia. La temporalidad de las piezas, estilísticas o decorativas, tiene la impronta de la lentitud y la singularidad.

 

El hacer manual requiere justo eso: tiempo, pausa, proceso. De allí que se encuentren piezas y objetos que se hacen espejo entre sí pero que nunca son idénticas. Son reconocibles dentro de un saber y una estética, pero poseen un atributo esquivo en los tiempos del estilo actual: unicidad.

 

Los tejidos de Guapi, alegremente cromáticos; los abanicos de Sandoná, Nariño; las pinceladas distintivas de las vajillas del Carmen de Viboral; las fibras coloridas que denotan patrones, conocimientos que se materializan en formas repetidas - todas tienen la marca de una temporalidad que se hace en el saber manual, en tiempos distintos, y que provienen además de tiempos distantes.

 

Toda tradición de artesanía contiene ese rasgo del tiempo: se trata de una herencia, de una práctica que viene de antes y que se reinventa en nuevos tiempos y ritmos. Para el seguidor dedicado de la moda, para el observador del estilo, el campo visual en Expoartesano es la inmersión en un terreno donde el estilo tiene el sello, casi extinto, de lo singular, de lo que se hace dentro de un tiempo refrescantemente distinto.

Empoderamiento de mujer. ¿Qué es?

Ubicarse en la eléctrica sinergia entre la blandura femenina, la ferocidad individual, el centro propio, la expresión y el sentido del ser.

Encontrar los límites entre lo que es externo y lo que nos habita. Hacer lo que nos sintoniza con nuestro sentido; con las capas de nuestro propósito; movernos hacia lo que vamos reconociendo como nuestra esencia.

Reconocer que solo de adentro destila nuestro verdadero poder. Afinar la voz interna. Escarbar adentro. Empoderarse: Mujeres que nutren, crean, cultivan vidas propias, centros internos potentes; que quieren aprovechar las libertades inéditas que tenemos.

Que se conocen y reconocen. Que buscan crear vidas que las reflejen.

Empoderarse es hacer lo que amamos, conectar con lo que compone nuestro ser; estilizarnos con cuidado y toque pensativo; llevar ropa bella debajo de los ojos para sentirnos poderosas más allá de lo que se capta de nosotras.

Y muchas reconocerán que la sutileza de la lencería es un gesto cotidiano, del estilo, que puede ser extensión de ese empoderamiento.

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El poder femenino es una presencia interna e invisible. Viene del interior. De ese centro que sostiene el ser de una mujer.

Como tantas cosas de lo femenino, hay en el poder femenino un juego entre lo visible y lo imperceptible.

Sentimos la presencia de una mujer poderosa. Sentimos los hechizos del estilo. Sentimos más belleza en el aspecto de una mujer por la forma cómo se conduce; por aquello que la guía desde el interior.

Empoderarse es eso también: llegar a puntos invisibles, en el interior, que se hacen visibles en las maneras cómo nos tratamos, nos llevamos y nos percibimos. Poderosa no es tosca. No es arrogante. No es dura.

Poderosa significa la valentía de ser, temerariamente.

De adentro viene lo que conduce esa fuerza femenina. Empoderarse es hacer de ese centro invisible la fuente de todo lo que nos conduce, en sentimientos y acción.

Sentirnos poderosas desde el interior. Traducirlo en gestos y decisiones. Hacerlo código estético.

Empoderarse es conservar fuerza desde el interior.

Poderosa nueva colección de Ímpetu, de Tania.

Entre sus muchas posibilidades, la #moda también crea formas de mirar. Y las formas de mirar tienen todo que ver con la relación que tenemos con el tiempo, con el espacio, con la realidad.

Hace unos años ya que estamos sumergidos en este mar visual, imparable, que cambia cada vez que espabilamos, que se transforma mientras vamos desplazándonos sobre la pantalla.

Ese es uno de los motivos por los cuales las pasarelas bianuales - antes el gran acontecimiento de la moda global y todavía, sin duda, un momento importante - ya no generan tanta fuerza de asombro o sentido de novedad.

Lo nuevo, como escribió una teórica, está pasando a cada instante. En las pantallas. Día y noche. A donde vamos con nuestros aparatos digitales.


Para saciar esas formas de mirar que nos ha dado la moda digital, algunos como @tommyton han creado lenguajes - de acercamientos y detalles hiperreales - que ya tampoco nos parecen nuevos. Pero que ciertamente hacen parte de la forma cómo vemos y experimentamos la moda actual.

Las ecuaciones detallistas del estilo

Un solo elemento poderoso a nivel visual permite variaciones de contundencia sutil.
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Cinturón de @extension_leatherlab
Fotos Juan Lozano @walkscapades
¿Qué han aprendido las seguidoras de la moda del mito de las francesas o del mito de lo parisian chic? Todo en ellas se esconde pero también se muestra en una delicada conjugación de pequeños arreglos. Un matiz, un ligero desvío, una forma inesperada de estilizar algo cotidiano y simple.
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Vanessa Rosales

Contraste en clave rebelde

En el vestir actual, la ropa que tiene la carga simbólica de la rebeldía puede ser para algunas la fórmula más acertada para crear una estética con sentido.
Chaleco: Extension Leather Lab (@extension_leatherlab)
Fotos: Juan Lozano (@walkscapades)
Muchas mujeres saben que el leopardo es uno de los elementos del vestir que más se afirma como controversial. Amor inmediato o repudio rotundo - repelente de hombres o cautivador para miradas audaces.
Elemento de las élites aristocráticas. Demostración de poderío de la realeza. Ítem demostrativa de luminarias del cine. Símbolo para personificar a mujeres cazadoras. Apropiación del punk. Objeto en el rock n roll. Forma de mostrar ferocidad.
Con cuero es una asertiva demostración visual: feroz, conspicua, convencida de su posibilidad de hacerse mirar.
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Woman Power Reinvented

¿Qué es el poder femenino?

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White leather beauty de: Extension Leather Lab
Fotos: Juan Lozano (@walkscapades)

Algo así como que mujer nunca es tan bella como cuando se adora a sí misma. Pero, ¿dónde trazamos la línea entre banal narcisismo y poderío?

Nos enseñan desde pequeñas la importancia que ejerce nuestro físico. Que la belleza es una suerte de poder femenino. Y sin embargo, nuestras falencias - medidas contra cuerpos trabajados y bellezas divinas - nos mortifican. Mujeres fantásticas, de logros, de sustancia, brillantes, sienten su valor disminuido ante la falencia y el acto comparativo al que nos arrastra el mundo digital.

En la era digital, algunas mujeres han asumido la tontería como pose, la demostración física y estética como identidad; constantemente felices, perdidamente enamoradas - perfectas en la construcción artificial que es esta actuación virtual.

Poder femenino: no hay respuestas fijas - pero sí un constante interrogarnos. ¿Cuándo somos poderosas? ¿Cuándo nos sentimos afianzadas por algo que no es exterior? ¿Cuándo sentimos una ráfaga de amor hacia nosotras mismas?

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​