Categoría: Moda

Creatividad vs Velocidad

Foto: Racked

Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Siempre hay una palabra que palpita fuertemente en el corazón de la moda: novedad. Si la moda fue, al surgir, un fenómeno tan rompedor, controversial y fascinante, fue precisamente porque su apetito, su objetivo, su musa, su búsqueda, su base, siempre fue lo nuevo.

Buscar, producir, crear, fabricar, inventar lo nuevo.

Pero si la moda, como la conocemos, tiene ya varios cientos de años ¿podemos creer que lo nuevo sea algo que pueda seguir existiendo?

Hay otra palabra que palpita también en la moda con frecuencia: reciclaje. Desde hace unas décadas ya que la moda está reinventando, con nuevos ojos y según sus tiempos, lo que alguna vez representó para ella algo nuevo. Vuelven los noventa. Reaparecen los setenta. Se enciende la nostalgia por las siluetas del cincuenta. Se hacen odas al modernismo de los veinte. Todo regresa, adaptado al momento actual, pero como prueba de que lo nuevo es un concepto complejo.

Y aún así, crear cosas nuevas sigue siendo la tarea que se le asigna, pesadamente, a muchos capitanes de casas de diseño. ¿Pero cómo crear algo nuevo cuando todo en la moda digital va tan rápido, al ritmo de un espabilo, al compás de imágenes que cada segundo cambian y se desaparecen, que son reemplazadas por otras, ante nuestras miradas? Miradas que cada vez miran menos con detenimiento y se han acostumbrado más al parpadeo.

¿Cómo crear algo nuevo en un mundo de vestir donde, desde hace tiempo ya, las cadenas de moda rápida filtran lo importante de las pasarelas y hacen versiones lo suficientemente similares como para saciar el apetito de la consumidora que se antojó al ver algo en forma de imagen?

¿Cómo crear algo nuevo cuando todo parece haberse inventado, cuando vivimos sumergidas en una era ecléctica que todo lo acoge y lo celebra precisamente porque la novedad parece haberse agotado, extinguido?

¿Se puede ser creativo cuando el gran imperativo de la moda que nos rodea es la velocidad?

Antes, lo nuevo en la moda se concentraba en los grandes desfiles, celebrados dos veces al año en sus cuatro ciudades principales. Pero en los últimos años, “lo nuevo” no parece tener pasado ni futuro, no se concentra realmente en ninguna parte fija, siempre está sucediendo en Internet. Cada instante es novedad, cada instante dibuja y borra una imagen, un pedazo de información, un look, una pieza, un personaje.

Hace unos meses, Raf Simons, el capitán de Dior, desistió de su posiciónen la mítica casa francesa. Antes de renunciar habló con Cathy Horyn, una de las críticas más prolíficas del periodismo de moda, para la revista System. En sus intercambios, Simons le confiesa a Horyn que todo en Dior (lo cual incluye seis colecciones en un solo año), debe hacerse siempre con un lapso de tres semanas. Esa presión, de crear a un ritmo tan veloz, no permite lo que Simons llama “la incubación” de ideas; es decir, la pausa del proceso creativo, el tener idea, dejarla un poco y reevaluarla bajo otra perspectiva; el poder dejar que la creación se asiente y asuma nuevas direcciones.

Todo se hace para saciar los tiempos de una moda digital, motivada por un ritmo de tiempo que es implacable.

Por eso, no es extraño que casas como Burberry hayan cambiado las reglas de juego para siempre cuando, hace muy poco, anunció que sus pasarelas no sólo serían mixtas – para hombres y mujeres- sino que además no estarían ceñidas a las estaciones y lo más impactante: que estarían disponibles poco después en las tiendas. No más seis meses, como ha sido siempre.

Así, una de las palabras que ciertamente palpita en la moda actual es, sin duda: velocidad. Y cada vez que se reencienden las pasarelas y su circuito bianual, los debates vuelven a brotar. ¿La moda de hoy puede ser creativa cuando tiene que ir a ritmos tan fugaces de tiempo?

No hay que olvidar que una de las palabras principales de la moda es y ha sido siempre cambio. Y que todo en ella se transforma – para algunos para bien, para otros para mal. Tal vez la creatividad de hoy consiste para muchos en fabricar ideas y visiones de vestir al ritmo de la velocidad digital. Para otros, la creatividad ha sucumbido a los apetitos voraces de tiempos, tecnologías y ciclos cortos y fugaces. Los debates y las preguntas de la moda siempre están llenos de capas fascinantes.

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¿Adiós a las estaciones?

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Las seguidoras más fieles de la moda sabrán a estas alturas que, hace poco, Burberry hizo un anuncio que sacudió los cimientos de esa estructura múltiple y titánica llamada moda. Reveló a sus consumidores y al público digital, que atrás quedaban los días en que sus colecciones se seguirían por las dos grandes estaciones que definen el circuito bianual – primavera/verano y otoño/invierno.

En otras palabras, con el anuncio, Burberry informó que abandonará dos de los indicadores más poderosos y significativos de la moda global. A partir de ahora, la nueva ruta escogida por la casa será la de escenificar sus colecciones sobre un principio inter-estacional. Sin ceñirse ya por los códigos tradicionales de lo que funciona o no para temperaturas frías o momentos cálidos. Una movida audaz y transformadora; y una movida que refleja en gran parte los ideales de combinación y de ciclos veloces a los cuales nos hemos acostumbrado.

Porque la moda es un fenómeno europeo, es decir, el fruto de un hábitat geográfico marcado por el cambio temporal a través de cuatro estaciones, una de los vínculos más fuertes entre moda y tiempo es justo este: que las mujeres, las personas y los habitantes urbanos, cambian de vestimenta conforme cambia la temperatura, el dolor del firmamento y el ánimo que éstos imprimen en la experiencia de la ciudad donde a diario se sumergen.

La moda es cambio y también es tiempo. Y los indicadores que la han marcado desde hace décadas son esos dos grandes momentos en los cuales, en los sitios con estaciones, el clima muta de frío a cálido. Esos indicadores no sólo esculpieron todo un calendario global al cual se ciñe la moda hace largos años, sino que han creado, por supuesto, efectos de funcionalidad. (Si hace frío, se hace preciso un abrigo o determinado material. Si las temperaturas han empezado a subir, con ellas siguen los ánimos generales de los habitantes de una ciudad y se abre la disposición a los colores, los lemas florales, los gráficos vivaces y un sentido de alegría y cambio general).

Y sin embargo, desde que la moda se volvió un gran mar de combinaciones y reciclajes, los ciclos se han acelerado y acortado. Todo se ha hecho más rápido. Y esa antigua idea, de que había que esperar seis meses completos para usar lo que nos muestran las pasarelas se ha ido reinventando y cobrando formas distintas que se acoplen más y más a estos tiempos veloces que nos rodean. Por eso la moda rápida es un negocio efectivo y millonario. Por eso surgieron las colecciones intermedias – Pre-Fall y Cruise/Resort. Todo para saciar - o intentar saciar - los apetitos de una consumidora que para ver lo “nuevo” sólo tiene que asomarse a la pantalla de su celular. Allí, instante a instante, imagen tras imagen, las tendencias, los patrones, piezas, hábitos e ideales de vestir se presentan ante la mirada.

En ese paisaje, algo más ha comenzado a suceder: los códigos de siempre se han invertido y trastocado. Atrás quedaron las épocas en que las flores eran sólo para la primavera – ahora son parte del repertorio invernal. De antes son las creencias que dictaban que los tonos oscuros y hasta el cuero eran terreno exclusivamente otoñal. Un componente importante de nuestro eclecticismo consiste, también, en cómo se han alterado esos lineamientos.

Si bien las estaciones siguen siendo grandes marcadores para la creatividad global (en torno a la cuales siguen concordando, por ejemplo, los materiales de trabajo), también es cierto que hace un tiempo ya que la moda dejó de provenir únicamente de Nueva York o ciudades europeas. Eso también ha cambiado la noción de una moda estacional. Siempre es verano en alguna parte, decía una crítica de The New York Times, pero además, el cronograma de la moda nunca ha coincidido con las necesidades reales de una compradora ordinaria. (Rara vez se consigue un abrigo en pleno invierno, por ejemplo).

Un mundo global, motivado por el conocimiento y la información constante a través de Internet, ha cambiado también la idea de que la moda está regida por las estaciones. Eso explica por qué las colecciones intermedias – y las más comerciales últimamente – son una mezcla de esto y aquello, muestrarios de looks para climas de transición o para lugares donde no existen ciclos tan marcados.

¿La moda está diciendo adiós a las estaciones como marcadoras principales de tiempo? Sí y no. Porque, al final de cuentas, la moda siempre es contradicción. En un escenario de moda ecléctica, las estaciones hace un tiempo que no son lo más importante y sin embargo, son las que marcan el calendario del circuito bianual y global. Los temas típicos de la primavera ahora se ven con frecuencia en invierno y viceversa, y sin embargo, en los lugares donde las temperaturas sí cambian drásticamente, aún se necesita tener una dosis de sensatez y funcionalidad.

Así que la relación actual entre moda y estaciones sólo revela un poco más ese estado mixto, saturado, rápido, cargado, libertino y ecléctico que experimentamos.

¿Qué opinas sobre la relación entre moda y estaciones?

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Fotos de Juan Moore

Una historiadora de moda escribió que vestirse a la moda es un afán por encajar con lo que domina el paisaje visual de nuestro momento.

Queremos coincidir con esas imágenes que nos rodean.

Y esas imágenes siempre varían con el tiempo.

Al comienzo de los 30, las mujeres tenían la imagen del cine y querían verse como Norma Shearer. En los 50, se sentían motivadas por la supervivencia del Nuevo Look y Grace Kelly. En los 70 la imagen para seguir era más desenfadada, libre y natural.

Hoy, las imágenes dominan nuestros ojos en su cantidad excesiva. El impulso por vestirnos a la moda proviene de lo que vemos en las imágenes, en lo que ellas se repiten, en lo que ellas - hoy con muchas formas de “vestir a la moda” - nos sentimos reflejadas.

Esas imágenes van cayendo como gotas en nuestro inconsciente o en nuestra intencionada búsqueda por inspirarnos, de manera invisible llegan a las elecciones que hacemos frente a nuestra colección de ropa personal. Nos vestimos para vernos como las imágenes que vemos.

Fotos de Juan Moore

Sucede que las mujeres nos ponemos algo, una pieza, una silueta, que va en contravía de los gustos convencionales masculinos. “Mom jeans”, pantalones harén, zapatos gruesos, formas holgadas -finalmente, formas que, en cambio, sí apelan a la mirada femenina, que evocan admiración estilística en las mujeres que pueden ser sensibles a los ritmos contemporáneos del vestir.

La contraparte de esa falta de complacencia hacia lo predeciblemente seductor puede ser un sentimiento de confort y auto posesión que surge, a veces, al habitarse con un vestir que se siente asertivo, correcto, ingenioso, conectado con el espíritu del momento.

Se puede estar vestida para complacer sus propios filtros, para sintonizar con las imágenes que la animan, vestida para alentar eso que también es la moda: jugueteo con formas distintas.

Mom jeans, boho embroidery, timeless pieces

¿Para quién te vistes? ¿Y cómo traduces la intención? ¿Hay motivación singular, es el confort o el ánimo de ornamentanción? ¿Te inhibe una cierta mirada, como la masculina, o te hace sentir posible un peformance situado en las esferas del estilo? ¿Para sintonizar con las imágenes que dominan el momento de moda o para nutrir algún apetito anímico? Miradas y motivaciones potenciales, conscientes o inconscientes, esculpen los looks femeninos.

Cartera de Tatiana Luna Prime Leather

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En la París del siglo diecinueve surgió una interesante figura llamada el flaneur. Su actividad principal consistía en deambular por las calles parisinas, observando la experiencia estética que ofrece una gran ciudad. Su destino no era fijo, ni su andanza particularmente trazada; su propósito era observar, sumergirse entre anónimos y activar su sentido profundo de esteta. La contraparte femenina de esa figura se llama bellamente flaneuse y es posible que las mujeres que viajen a ciudades cargadas de experiencias para los ojos se sientan ocupando el lugar de esa figura siempre.

Hoy, sin embargo, y gracias a la tecnología digital, todos somos de cierta manera flaneurs y flaneuses. “Viajamos” virtualmente de manera constante. Podemos ver lo que sucede, a través de postales digitales, lo que sucede en los lugares que nos producen fantasía o ensueño.

Para muchas mujeres que sienten conexión con la moda, con el vestir, con la exquisitez y con la cultivación de la belleza, París es un punto de la geografía que marca un espacio de añoranza. El lugar que escogió el fotógrafo icónico de moda después de la Segunda Guerra para retratar a una bella Suzy Parker vestida de Dior. El espacio donde aparece Dovima, en blanco y negro, sentada en sus icónicos cafés. Donde está la majestuosa casa original tanto de Dior como de Chanel. El punto clave de la auténtica Alta Costura. Y el lugar que aún se conoce, en el circuito global, por su gracia elegante y su tradición de moda inquebrantable.

Para la flaneuse digital, Instagram es una ventana para viajar actualmente. 5 ventanas para acceder a París de manera constante:

1. @parisinfourmonths – Ensoñadoras postales cargadas de romance y belleza fantasiosa a través de los ojos de una sensible norteamericana que habita la ciudad y captura de manera constante su exquisitez.

2. @lifeofboheme – Uno de los grandes mitos que tiene París gira en torno a la parisienne, la mujer maravillosamente vestida. Esta es una parisina ultra-contemporánea, afilada, con un sentido muy actual de vestir edgy.

3. @alixcherry – Conocida en el mundo de la blogosfera como The Cherry Blossom Girl, la suya es una estética romántica, girly, llena de pasteles y fábulas. Su bebé y nueva acompañante fortalece su estética delicada.

4. @jeannedamas – La gran it girl parisina. Su estilo, su belleza, su vida, sus amigos, sus imágenes, todos son una poderosa representación de la simplicidad seductora de lo parisino chic.

5. @asos_alice – Otra francesa de origen, esta viajera, insider y parisina tiene el lado más urbanita, desenfadado y accesible de una tendencia fuerte de la actualidad.

Mujer como Imagen

La relación entre las mujeres y las imágenes es diversa y antigua. Cuando eran invisibles a nivel político y cultural, eran ellas quienes llenaban todo tipo de retratos. Durante siglos, esos retratos venían exclusivamente de la interpretación masculina. Pero las distintas liberaciones a partir de los años sesenta empezaron a cambar ese ritmo. Y la era digital ha hecho posible que las mujeres puedan crear, como nunca, sus propias imágenes, representándose a sí mismas de manera constante y sin límites. ¿Libertad total o poder ambiguo? ¿Será posible que el exceso de imagen refuerce la apariencia como gran fuente de identidad femenina?

Reflexión y despedida personal de la imagen digital.

Vanessa Rosales

Fotos: Juan Moore

Bella locación: Maison Privat

Bogotá

Una de las imágenes más familiares para las niñas que crecen en tierras latinoamericanas se concentra desde temprano alrededor de la Virgen María. Sin saberlo y poco a poco, ésta se convierte en el referente de ideal femenino para las mujeres que se crían bajo las redes del catolicismo. La imagen cobra vida en estampillas, en la pequeñez tridimensional del rosario, en esculturas silenciosas que observan al feligrés aplicado durante las soñolientas misas. En los rincones domésticos, ella tiene forma rumana o mexicana, es ornamento y talismán. Pero ella es, en el fondo, una imagen reconfortante, la encarnación de lo que una mujer debe ser: suave, entregada, maternal y no obstante virginal.

Que una de las figuras más limpias y sacras en el dogma religioso sea también una poderosa presencia visual sirve aquí para mostrar la fuerte relación que existe entre las mujeres y las imágenes. La mujer más extraordinaria de todas – la que procrea al hijo de Dios intocada por la mundanidad – es retratada de múltiples maneras, en múltiples lugares. Su fuerza está también en su imagen.

Es interesante recordar que al tiempo que se consideraba que las mujeres sólo estaban designadas al destino del servilismo y la domesticidad, ellas eran, no obstante, las grandes protagonistas en las imágenes más variadas. Las mismas épocas donde no se creía en que podían actuar públicamente las posicionaban como centro de todo tipo de representaciones y retratos. Los hombres, los seres que sí actuaban en público, que sí tenían posibilidad social, eran los encargados de representar a las mujeres, de volverlas imagen. Y mientras, ellas, invisibles de la vida cultural, iban acostumbrándose a verse a sí mismas como una imagen representada por alguien más.

Como escribe Karin Sagner, citando al historiador Georges Duby, “las mujeres estaban presentes en imágenes antes de ser descritas, antes de que se narrara sobre ellas y antes de que ellas mismas tomaran la palabra”.

Esto explica tal vez por qué histórica y culturalmente las mujeres han sido endosadas la noción de que la estética y la apariencia son sus ámbitos de por excelencia, una suerte de filiación de esencia, un rasgo inescapable de su identidad. (En algunos casos incluso el gran rasgo de su identidad, uno que crea la imposibilidad de disolver los límites entre identidad y espejo).

La historia de la mujer como imagen es larga, compleja y arraigada, imposible de condensar aquí. Pero es, ciertamente, un vínculo histórico y constante.

Mujeres de Aspecto Digital

El tema está colmado de matices y de espinas, y no es este el lugar donde entregar respuestas finales o definitivas, pero sí un pequeño paisaje para reflexionar cómo esa tradición femenina se vive hoy en el mundo digital.

Desde mediados de los 00, vivimos la época de la blogosfera. Los blogs, como sabemos, tienden a concentrarse en historias y representaciones personales del mundo. Son lugares para la auto-conciencia y la auto-expresión. Una cultura que fomenta semejante celebración indulgente de la individualidad se acentúa y exagera a través de la naturaleza efímera de los medios digitales que la alimentan. Ninguna de las dos (individualidad indulgente y velocidad digital) habrían sido posibles sin la entrada del posmodernismo – es decir, la multiplicación de la subjetividad, al acceso a mundos distintos a través de nuevos medios de comunicación y la entrada a un mundo donde los más diversos estilos y corrientes conviven tranquilamente entre sí.

Ahora, la hipermodernidad, es decir nuestro paisaje actual, crea un esquema social donde abundan los más distintos puntos de subjetividad y donde la narración del yo puede hacerse más visible a través de los canales de comunicación instantáneos de las tecnologías digitales. Vivimos rodeados de un flujo de auto-conciencia que se digitaliza y que se expresa a través de la ropa y la fotografía. Vivimos rodeadas por imágenes de mujeres que se hicieron célebres a través de Internet, narrando su propia mirada, creando su propia historia digital.

Nada encarna esto mejor que ese género tan abundante llamado blog de estilo personal. Allí, a comienzos de los 00, las mujeres “ordinarias” comenzaron a ofrecer relatos del yo a través de su interpretación peculiar de las tendencias de vestir. Hoy, los lemas de ese tipo de blog se han extendido a otras modalidades: Instagram, Snapchat, Periscope. Cualquier persona puede hablar de sí en el gran público virtual, auto-celebrarse, representarse visualmente, crear interpretaciones tanto de imagen como escritas.

Lo cierto es que con la entrada al mundo digital, las mujeres ganaron un poder que nunca habían tenido: encontraron que podían hacerse fotos de ellas mismas, representarse a sí mismas, generar su propia versión visual de sí. La ruptura de la gran mirada masculina, se había ido gestando desde los 70, sí, pero las tecnologías digitales reventaron la posibilidad de auto-retratarse y de auto-transformarse en imagen. No es necesario tener un blog para hacer esto. Las pantallas de los celulares se han convertido, como analiza una teórica de moda, en nuevos espejos. A ellos se transfiere la identidad femenina.

Las mujeres pueden volcar la cámara del celular hacia sí para verificar su maquillaje; pueden sostener el teléfono hacia arriba y sacarse una selfie individual o con otras mujeres; pueden hacer fotos de sus cuerpos delante del espejo para vigilar sus progresos en fitness; pueden hacerse retratar un día que se sienten bellamente vestidas.

Así que el mundo digital concedió a las mujeres una liberación y la posibilidad de ser ellas sus propias representantes a nivel visual. No en vano, el blog de Leandra Medine, The Man Repeller, existe también como una confirmación de que una mujer que crea sus propias imágenes digitales puede tener motivaciones al vestirse que no necesariamente implican querer atraer la mirada masculina. Al contrario, Leandra está para complacer el apetito visual femenino actual, que se complace al observar eclecticismos salvajes y mezclas que no coordinan pero que crean una fascinante armonía.

Pero aún cuando esto se sienta como una forma de libertad, como una manera de haber roto definitivamente con que sean los hombres quienes transformen a las mujeres en imágenes lo cierto es que también estamos sumergidas en un exceso visual. Durante mucho tiempo, una de las pugnas del feminismo consistía en demostrar que las mujeres también pueden actuar y no sólo aparentar. Y la historia más reciente se ha encargado de demostrar la certeza de esa convicción.

Y sin embargo, esta indulgencia con la imagen, ahora más fácil de lograr gracias a lo instantáneo, parece por momentos reforzar la apariencia como fuente de la identidad para las mujeres. La mayoría de los blogs de estilo personal nos inducen en unas suculentas fantasías de chicas con cuerpos espléndidos, jóvenes y bellas, capaces de transformar su guardarropa de manera lujosa y consecutiva, que llevan vidas de esplendor, de hoteles glamorosos, sillas en primera clase, movimiento global y constante, y vidas donde sin duda la apariencia es un gran goce, una fuente de ingreso y una manera de relacionarse con el mundo.

Las blogueras, que se han convertido en iconos de feminidad contemporánea, nunca están tristes, rara vez reflexionan sobre aspectos de la vida más allá de alguna frase centelleante de la importancia de ser quien es. Y bueno, la moda tiene mucho de eso, de vendedora de fantasías y sueños, de carnada de promesas de una vida más glamorosa, más espléndida. Por supuesto que los blogs y las imágenes digitales incluyen esos temas.

Pero la reflexión aquí no es puntualmente sobre las blogueras de estilo personal - ellas son un gran emblema del tipo de imágenes que circulan en el mundo digital y ellas reflejan lemas importantes en la feminidad actual, una que se mece entre las posibilidades amplias y el régimen de las apariencias.

La reflexión aquí es sobre lo que implica ser mujer como imagen digital. ¿Cómo se siente ser imagen en la experiencia femenina?

Puede ser una tortura, seamos francas, puede llevarnos a un sentimiento de cautiverio, de estar conectadas con algo tan pasajero y sin embargo tan inmediato como la apariencia. Puede ser también un gozo que nos anima y nos complace: estar allí, ante las miradas de otros o sentir una corriente de adrenalina, de aprobación ante nuestro propio reflejo. Comprobarnos bellas en una imagen. No reconocernos en una fotografía, sentirnos ajenas. Puede ser un recurso de afirmación o una forma de sentirnos inadecuadas. Y también, creo, como dice Berger, es frecuente ser mujer y sentirse yendo por el mundo, siendo imagen, por eso atrapamos nuestro reflejo en los vidrios, de las tiendas o hasta de los carros.

Y también hay algo más que es cierto: en todas las épocas las mujeres se sienten inspiradas por las imágenes de otras mujeres. Como escribió otra escritora: “Las mujeres toman placer de la ropa, no sólo al ponérsela, pero también en mirarla y en ver imágenes de otras mujeres con ropa, porque ellas exhortan fantasías de transformación y transportación”.

Agnès Rocamora escribe: “Las imágenes pueden ser una mirada panóptica, de vigilancia, donde las mujeres son interpretadas como objetos, pero citando a Michelle Perriot, si para las mujeres las imágenes son sobre todo algo tiránico, las imágenes también pueden ser una fuente de deleite: el placer de ser destacada, celebrada, embellecida, la Virgen encima de la puerta de una catedral, la dama en los murales de un castillo, y uno puede ahora agregar, la mujer a la moda en la pantalla digital, un placer que presumiblemente aumenta por el sentimiento de control que viene de representarse a sí misma”.

Cuando miramos la imagen digital de la mujer gloriosamente vestida, de la jovencita de la vida fabulosa destilando su alegría y sonriente, nos transportamos, sentimos cierto placer, el goce que produce el deseo, la presencia de lo bello o la identificación. Pero en un universo donde las imágenes cambian sin cesar, donde abundan, colmadas de estilo y de belleza, también puede desatarse en nosotros la ansiedad, la añoranza, el deseo que no se consuma, el apetito por transformarse a nivel de apariencia únicamente.

Como mujeres, la imagen puede ser inescapable. Es nuestra herencia cultural, nuestro goce, nuestra ambigüedad. Pero al final, ¿qué somos? ¿Actuar o apariencia? ¿Estética o ser? No hay respuesta lineal. La moda y la feminidad son mundos donde la contradicción es una característica esencial. Hay mujeres que concilian todos los elementos con goce extraordinario. Nos inspiran a reconectarnos con el deleite de la estética. Hay otras que nos recuerdan que la fealdad y la carencia de espíritu puede venir envueltos en una apariencia que encarna el ideal estético de nuestro tiempo. La mujer de sustancia aprende que la belleza existe como un componente más en una identidad laberíntica, integral y compleja. Y habremos mujeres que luego de saborear los encantos y los sinsabores de la estética, querremos resguardarnos un momento, despedirnos, y que queden las palabras, que quede el texto.

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https://www.businessoffashion.com/articles/global-currents/colombias-creative-boom-designers

BOGOTA, Colombia — “We’re interested in showcasing a different side of Colombia, one that’s detached from its folklore and tropical spirit,” says Vanessa Gómez, a long, lean and pale figure with shaved head and piercing eyes, who — together with partner Nicolás Rivero — designs a fashion brand here called A New Cross.

Dabbling in the avant-garde and anchored in Bogota’s underground scene, A New Cross is probably not what the outside world expects from Colombian fashion. A minimalistic aesthetic influenced by punk and rock subcultures, theirs is a brand that has grown in popularity in Asia and in Europe, where the duo holds a showroom during Paris Fashion Week.

A New Cross Autumn/Winter 2017 collection | Source: Courtesy
A New Cross Autumn/Winter 2017 collection | Source: Courtesy

Brands with Latin American provenance often evoke kaleidoscopic images of sensuous style, framed either by tropical glamour or an exuberant kind of coquetry. While this typecast may seem accurate enough for designers like Johanna Ortiz — whose frothy Caribbean-infused confections are popular with retailers like Bergdorf Goodman in New York — designers like Gomez are a reminder that fashion creativity in Colombia is incredibly diverse and that there is more than one route to success.

“Colombia is incredibly rich in talent and craftsmanship. Sadly, until recent years, Colombia-based talents have been obscured due to violence and corruption,” says Nina García, the Colombian-born fashion critic who has held the role of fashion director at the American editions of Elle and Marie Claire.

“Fashion is a mirror of our society and, in recent years, Colombia has experienced a huge political, economic and cultural change,” she explains. “Cities like Medellin have been going through an enormous healing process. Steps like the rescuing of Ingrid Betancourt [and] cracking down on money laundering have, in effect, curtailed drug wars. And finding peace with the FARC [rebels] have all helped move the country forward in a very significant way. All these changes have been reflected in fashion too.”

In a new era of peace and prosperity, Colombians are now on the international fashion radar.

Colombian-born designers like Nancy Gonzalez, Haider Ackermann and Esteban Cortázar made an impact on the fashion capitals years ago, but in this new era of peace and prosperity, others are now finding their way on the international fashion radar. Besides Johanna Ortiz, Garcia cites names like Edgardo Osorio of Aquazzura, Paula Mendoza and Melissa Losada Bofill and Marcela Velez, the duo behind M2Malletier.

That Ortiz was chosen to be featured in the windows of an iconic luxury department store like Bergdorf Goodman is testament to the greater confidence felt in Colombian design. Ortiz, whose Tulum top was a best seller after being worn by New York socialites, will showcase a collection as part of Colombiamoda, Latin America’s largest fashion trade show which starts tomorrow.

The annual event will hold its 27th edition in Medellin, a centre for the country’s vast, integrated garment and textile industry that exports apparel, footwear and leather goods worth $790 million annually. According to Carlos Botero, president of Colombiamoda and Inexmoda, international interest in the fair has been growing. Last year, it welcomed more than 1,700 international buyers from over 50 countries and he estimates that combined domestic and international revenues from sales made at Colombiamoda will grow 7 percent this year to around $340 million.

“Like many countries in Latin America, Colombia has a rich culture in terms of art and its artisans. Because of its history, the country developed a strong economy with established designers that have their own local boutiques and loyal clients,” says Kelly Talamas, the former editor-in-chief and recently appointed creative director of Vogue Mexico and Vogue Latin America.

Colombia gained an unprecedented spotlight in the pages of the magazine under Talamas’s direction, thanks to her appointment of a local editor position. She also expanded Vogue events in the country and initiated a collaboration with Colombiamoda and Vogue Talents Corner to promote emerging Colombian designers.

“Many Colombians are well travelled and have a keen eye for design and style. They’re a proud culture, which celebrates its unique style so you’ll find that designers here innovate and create very original collections that translate well in global markets,” she adds, explaining that she recently moved from Mexico City to Bogota in order to increase the magazine’s presence in key Latin American markets.

Johanna Ortiz Autumn/Winter 2017 | Source: Courtesy
Johanna Ortiz Autumn/Winter 2017 | Source: Courtesy

One of the most vivid examples of the rise of Colombian fashion has been the inclusion of several of them on online retailer Moda Operandi. This month, Leal Daccarett, a playful and eclectic Colombian brand made up of husband and wife Francisco Leal and Karen Daccarett, announced their presence on the platform, joining others like Pepa Pombo, Paula Mendoza, Aquazurra, Mercedes Salazar, Johanna Ortiz and Firma Polite.

“Colombia is slowly but surely making its mark on the global fashion industry,” says Elizabeth Leventhal, general merchandising manager of ready-to-wear at Moda Operandi. “There is a common thread — no pun intended — of excitement and liveliness, and a uniform attention to detail from Colombian designers, [and many] are producing new, exciting silhouettes.”

Other examples of success include Edgardo Osorio from Aquazzura, whose luxury shoes are carried by major retailers around the world. Osorio has been a hot name for a while but his international business hit its stride after he opened his own boutiques on Madison Avenue in New York and in London’s Mayfair.

Design duo Melissa Losada Bofill and Marcela Velez have also created a globally recognised brand in M2Malletier. “When we launched the brand [in 2012], we were featured in Vogue’s May issue and Kate Bosworth was photographed carrying one of our bags. A while later, we started seeing other amazing actresses and It girls wearing our bags like Cate Blanchett, Nicole Kidman, Elisabeth von Thurn und Taxis and Alexia Niedzielski among others,” explains Losada Bofill.

Typically, the US is the entry point for Colombian designers with global ambitions. Designer Silvia Tcherassi just opened a boutique in Madrid after opening in Miami, where tastes are similar and many Latin Americans live or work. But most designers now wholesale through New York where there is room for more variety, including Laura Laurens from Bogota who sells at Opening Ceremony and Linda Dresner.

Edgy young designers are also gaining momentum in Europe. Miguel Mesa Posada had a special mention last year when showing his work at the International Fashion Showcase competition during London Fashion Week. Meanwhile, the work of veterans like Olga Piedrahita — a conceptual designer with 30 years experience in the industry — would sit comfortably in upmarket European boutiques.

Building retail networks out from other Latin American countries is another route to the global market. Colombian megabrand Arturo Calle, a menswear label, boasts boutiques in 25 cities throughout Colombia and several more in Panama, Costa Rica and El Salvador. Lingerie and swimwear are categories where Colombian fashion has a particular strength and brands like Onda de Mar, Agua Bendita and Touché are now well known around the world.

“In terms of fashion and lifestyle, I’d say Colombia is one of the most mature in the region [but] it’s been a mix of influences that have put it on the map over the last decade. Firstly, I’d say [the coastal city of] Cartagena, as a destination for the jet set and fashion insiders, helped to bring attention to the country,” says Talamas, referring to the popularity of Cartagena’s design scene among the likes of Marc Jacobs, Angela Missoni and Lauren Santo Domingo.

St Dom boutique in Cartagena, Colombia | Source: Courtesy
St Dom boutique in Cartagena, Colombia | Source: Courtesy

While the focus of the domestic market is on retail hotspots like Bogota, Cali and Medellin, coastal cities such as Barranquilla and Cartagena have become a window for Colombian brands hoping to lure in the international buyer. The country’s most exciting retailer for all-Colombian fashion is the concept store St Dom in Cartagena.

Created by husband and wife Alex Srour and Maya Memovic, St Dom’s luxurious mix focuses on fashion with handmade touches, eclectic silhouettes and audacious bursts of colour.

“We felt that, while there was such a great diversity of quality design products, there wasn’t one single place that presented a well curated selection of them. Cartagena being a prime tourist destination — a so-called St Tropez of the Caribbean coastline — seemed a perfect choice to showcase the most current and innovative designs that Colombia has to offer,” explains Memovic.

Efforts like the one made by St Dom are reinforced by the emergence of companies such as Creo Consulting, founded by Colombian cousins Giovanna Campagna and Cloclo Echavarría, who promote Colombian and Latin American talents in New York. According to Colombiamoda’s Botero, the country’s maturing market can be a mixed blessing for locals.

“Competition from global brands has made local brands grow closer to their consumers [but also] change production schemes, [often to] a short-lived model,” he says, indicating that while Colombia’s newly vibrant design scene should certainly be celebrated and encouraged, it is nevertheless a fashion culture in the making.

Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​