Categoría: Escritura

Mujeres Vestidas

Mi primer libro. Sueño hecho realidad.

#elprimerodemuchos #mujeresvestidas

La ilustración de portada es de mi mejor amiga y persona favorita: mi hermana, @ameliarosales

Mujeres Poder

La mujer verdaderamente poderosa no quiere ser como un hombre, pero tampoco quiere dejar de ser o hacer ciertas cosas porque es mujer.

Quiere libertad e independencia pero también amor y sustento. Se vale por sí pero es fuerte y vulnerable para sostenerse en quienes ama.

Puede adorar la estética, los ritos de la apariencia y el embellecimiento, pero sabe que ellos son siempre algo externo, que bien usados pueden afirmar más quién es ella. No la definen, la ayudan a afirmarse de mejor manera.

La mujer poderosa usa la ropa para expresarse, para combinar función, identidad y ornamento - pero sabe que la ropa es un vehículo más para decir quién es. La ropa es una herramienta pero no su esencia.

La mujer poderosa no se siente divina todos los días, y no deja de pasar por ella la sombra de la duda o la inseguridad, pero va conociéndose lo suficiente como para ir llevando su vida desde un centro más fuerte, de valor.
La mujer poderosa hace de quererse un acto cotidiano.

La mujer empoderada no rechaza la moda, ni la belleza, ni el estilo - pero sabe que eso es apenas una parte de su identidad. No agota ni llena todo lo que es.

La mujer empoderada aprovecha una época que le permite ser más que los estereotipos donde durante tiempo estuvo limitada la identidad y existencia de una mujer: esposa, madre, mujer bonita pero no pensante.

La mujer poderosa no odia a los hombres, los ama, pero no vive para ellos, ni para complacerlos o agradarlos. Se agrada a sí misma primero. Se afirma desde allí, se expresa desde un lugar de auto-complacencia.

Ella también entiende que las mujeres somos diferentes, que tenemos bellezas y roles diferentes. Celebra esa diferencia, no se compara. Aprecia e inventa sus propios lenguajes. Se inspira de otras. Se nutre de sus mujeres.
Ser una mujer empoderada es un proceso. No es fácil, a veces no sucede rápido, pero ninguna época nos había dado tanta consciencia para lograrlo.

#MujeresPoder

Minifalda

Usemos la minifalda para entender algunas cosas sobre el feminismo y más aún, sobre el empoderamiento femenino.

Poder mostrar las piernas fue una libertad importante en la vestimenta de las mujeres. Una posibilidad revolucionaria que coincidía con un ambiente más amplio donde, por primera vez en la historia, se veneraba la juventud y sus estéticas.

Mostrar las piernas coincidió con importantes momentos de la Liberación Femenina (que estaba rodeada, además, por todo el movimiento de libertades que burbujeó en los 60). Llegar allí, a que las mujeres pudieran andar por ahí mostrando las piernas, tiene como antecedentes una evolución que tiene todo que ver con algo más en la vida femenina: lo que las mujeres podían hacer o no. (Si podían hacer deportes libremente, si podían moverse por la ciudad, si podían desplazarse con la agilidad). La minifalda, que en ese momento representó como un auge de liberación - que las mujeres pudieran escoger libertad de movimiento - se veía muy distinta unos años después. Muchas mujeres en proceso de liberación escogieron, en los 70, la maxi-falda, como una forma de evitar lujuria, para no ser valoradas por su apariencia física.

Entonces, lo que en un momento fue símbolo de libertad, luego fue visto como una limitación.

El empoderamiento femenino cambia de foco según el momento, el lugar y los temas que lo tocan. ¿Usar minifalda es querer invitar la mirada masculina? Tal vez la del hombre de los afectos pero no la mirada callejera y colectiva. ¿Las mujeres que usan minifalda no pueden ser feministas? ¿En serio estamos preguntando eso? ¿Una mujer empoderada puede sentirse cómoda en minifalda en ciertas circunstancias y en otras no.
Una de las cosas más urgentes que tenemos por notar es que no existe un solo feminismo.
Existen muchos. Una de las cosas más necesarias ahora es entender que el empoderamiento de las mujeres tiene mucho que ver con: la individualidad, el momento, el propósito, los objetivos, el temperamento, las ambivalencias y la humanidad de la mujer misma.

Lo que nos ha liberado puede verse, desde otro prisma, en otro momento, como opresión. Varía el sentido y el significado.
Así pasa con el empoderamiento.

Cómo ser una Mujer Poder en la era digital, en la época donde más libertades tienen las mujeres, donde nos enfrentamos constantemente al péndulo de entrega y autonomía; ser y aparentar; radicalidad y libertad. Mucho se está hablando de feminismo por estos días, pero pocas palabras parecen sembrar tanta confusión convulsionada. Así que, ¿qué tal si conservamos el fondo (feminismo) pero cambiamos la forma y hablamos, en términos de lenguaje, de ser una mujer empoderada? ¿Qué tal si hablamos sobre cómo empoderarse aprovechando las libertades de la actualidad sin masculizarnos, despejando mitos y estereotipos, sobre el ser mujer y el feminismo en general?

Estereotipos

 

¿Cuántas de nosotras no hemos sentido el peso de los estereotipos? ¿Cuántas no hemos sentido, debido a los códigos que asumimos en nuestro contexto particular, que debemos vernos de cierta manera, comportarnos según ciertos límites, ser y hacer según determinadas expectativas? ¿Nos hemos preguntado de dónde provienen loa estereotipos que “debemos” llenar, actuar o seguir? Vivimos en un tiempo donde las liberaciones del último siglo están dándonos a las mujeres un momento singular para redefinir modelos, esquemas y estereotipos con los que crecimos.

Son tantos los formatos que repetimos porque se asientan en nuestro subconsciente desde niñas; porque los vemos repetidos en nuestro paisaje inmediato; porque son los patrones regulares en los demás - que a veces no cuestionamos si un estereotipo en particular si compagina verdaderamente con nuestra identidad esencial.

Y esos estereotipos no son solo femeninos. (Voz aniñada, constante alegría, acciones en aras de complacencia a la mirada masculina, frivolidad para agradar). Estamos en un tiempo donde podemos redefinir también estereotipos en el amor, estereotipos masculinos.
Y mi invitación siempre será para que ustedes, mujeres, piensen en esos estereotipos que sus lugares les han impuesto; los que pone la mirada masculina; los que repetimos porque es lo que hacen los demás.
Y también, vigilar si esos contenidos digitales que absorbemos en nuestro día a día refuerzan estereotipos femeninos que nos desconectan del poder femenino; que nos alejan de todas esas cosas que siguen siendo novedosas en el mundo femenino.

No olviden lo recientes que son los logros del feminismo; apenas están decantando sus consecuencias, apenas estamos asimilando esos poderosos ritmos.
Para ser todo lo que pueden, cuestionen los estereotipos.

En el amor. En la feminidad. En la masculinidad. En todo lo que limita.

A muchas nos enseñaron que el amor es posesión, dominación. Las formas del amor van ligadas a otras ideas que en nuestro subconsciente son fuertes y que guían lo masculino y lo femenino. (Los hombres miran, nosotras nos dejamos ver por ellos; los hombres desean, escogen; nosotras somos el objeto escogido). Nos aleccionaron que debíamos añorar ser objeto agradable para la mirada masculina. Que afuera de nosotras está la promesa del amor. Nos enseñaron que el amor femenino es sacrificio, entrega, la pérdida del yo. Nos enseñaron a que la aprobación del otro era la forma de sentirnos asertivas, de tener certeza en nuestro ser femenino.

Nos enseñaron, sin darnos cuenta, ideas sobre el amor que conectan con otros comportamientos comunes y del día a día - cómo nos vemos a nosotras mismas, cómo nos vemos ante los hombres, cómo nos vemos ante el mundo externo.
Y seguimos comprobando que el gran poder femenino está en sentir hacia nosotras amor.
Ese es, tal vez, el más grande poder femenino. Y no, no sentirnos absolutamente divinas siempre, ni ser perfectas, ni sentirnos sensacional todos los días. Es saber que, hagamos lo que hagamos, quiera quien nos quiera o no, seamos o no deseables según exigencias sociales y estereotipos, lo que más nos dará fuerza es ver nuestro valor.
Que el amor no sea, mujeres, una forma de encontrar aprobación en otro; que el amor no sea un escapismo para llenar estereotipos; que sea una forma de afirmar nuestro valor. “Acompáñame a estar solo”, es mi definición favorita de amor.

Vida Femenina

El descubrimiento frecuente es que la verdadera constante de la vida es la transformación, el cambio.

En la vida femenina, este principio siempre es acertado. Cambian nuestros cuerpos, nuestros pelos, nuestras historias, nuestros deseos, nuestras fuerzas, nuestros puntos focales. Cambian los muslos, las caderas, las hormonas, el aspecto, los tiempos, las prioridades. ¿Somos esos cambios, humanos,naturales? ¿Somos más que las fluctuaciones de la apariencia?
La consciencia de eso suena evidente, fácil. Y sin embargo, qué difícil es no identificarse con nuestro aspecto de mujer. Tres kilos más o menos, diez kilos menos o más; pelo más corto, más largo, piel más maciza, más flácida. Ahora, que nos rodean mujeres jóvenes cuya mayor identidad parece estar fijada en las ropas de tendencia, los lugares que sus vidas familiares les permiten costear, la noción constante de que esa “perfección” va con el novio o esposo que promueven dentro de esa misma posición lustrosa y editada para los ojos digitales; ahora que la apariencia parece ser uno de los temas más importantes, cómo no sentir esa dificultad de trazar la línea lúcida entre cómo nos vemos y quién somos. ¿se puede trazar en la fantasmagoría digital? ¿Quiénes son nuestros ejemplos como mujeres? ¿A quiénes miramos? ¿Sabemos que la moda está de moda hace años y que hay más, que existe el talento? Cambiar de ropa y viajar fabulosamente, posar para marcas y verse siempre contenta, ¿eso es talento? ¿A quiénes estamos mirando, mujeres?
La afirmación de Evan Rachel Wood sobre los vestidos anoche; el discurso de Meryl Streep; la presencia de mujeres como Michelle Obama - y también la red infinita, inacabable, de blogueras e “influenciadoras”. “Ser linda” como máximo ideal.
A quiénes estamos admirando, quiénes nos ayudan a mirar esos balances entre los cambios, la vida, el ser, la imagen.

Ser Mujer en Colombia

Ahora sí, hablemos sobre lo que significa ser mujer en Colombia.

Desde la perspectiva tanto de hombre como de mujer.

Sucede con frecuencia que ambas palabras machismo y feminismo producen rechazo y respingo. Que las feministas exageran, se dice, que sus afirmaciones son inflamadas expresiones de paranoia. Los hombres se ofenden ante la noción de ser machistas, y muchas mujeres, al serlo también, retroalimentan muchos estereotipos.
Algunos creen que feminismo y machismo son dos caras de una misma moneda - cuando el primero es realmente una reacción al segundo. Ojalá más hombres entendieran que las cosas que ellos tienen desde el comienzo de los tiempos son novedosas en el mundo femenino. Lo dice la historia; no una fantasía de persecución.
Pasa que el discurso feminista se auto-referencia muchísimo; empoderar a las mujeres es vital pero tal vez se necesita hablarle más a los hombres; invitarlos más a tratar de que imaginen cómo es eso de ser mujer y por qué algunas insistimos en que hay muchos temas difíciles y no resueltos. Que el machismo no es un invento sino una tradición larga, tangible en las historias del poder y la religión.

Por ejemplo: Eva no fue la primera mujer. Eva, el origen del mal, el portal al pecado, la que fue extraída de Adán, el ser secundario. La primera mujer fue Lilit, la rebelde, la que no quiso aceptar que solo Adán durmiera en la cama y en ella en suelo. Símbolos, metáforas, realidades. Lilit resistió tanto que desvaneció y la mujer bíblica, nuestro primer referente, es aquella que sale de una costilla, cede a la tentación e inaugura todos los males que existen. Breve explicación para algo muy diciente sobre cómo se nos ha enseñado qué es una mujer.

Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​