Vanessa Rosales

Fotos: Juan Pablo Lozano (@walkscapades)

La moda colombiana de los últimos años ha mostrado que las sensibilidades y gustos locales son más variados de lo que podría sospecharse. El trópico (lo más evidente), el minimalismo, lo afilado, lo urbanita, el fervor colorista, las reinvenciones de lo que se asocia con lo latino, lo oscuramente vanguardista, lo rotundamente adorado por la camada de moda y lo que bordea los confines de la reflexión artística – todos (nombrando apenas una parte), se conjuntan en ese paisaje que es hoy la moda en Colombia, un terreno donde se palpa una animada energía.

Uno de los hilos conductores que se ve en medio de esa estimulante variedad es el efecto que puede suscitar una pieza colombiana (en la audiencia local o global, en algún viaje, ante la mirada foránea o frente a los estéticamente sensibles).

Se presenta como una pieza de conversación, es decir, que suscita interés, que despierta la pregunta por su origen. La moda colombiana puede tener el sello de lo globalmente apetecible sin desarraigarse de un tinte que Suzy Menkes una vez describió como crafty modernism, una especie de artesanía moderna. Artesanía porque, por lo general también, las piezas colombianas pueden tener materiales de calidad y fabricación manual.

En ese esquema, hay espacio para una sensibilidad femeninamente modernista, angular, afilada, es decir, de discreta exquisitez. La geometría de esta estética celebra una simplicidad asertiva. Y está compuesta por piezas de conversación, con estampa colombiana, que encajan con la sensibilidad femenina que se afirma bella, atemporal y modernista.

 

COMPARTIR

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Comment *