Una historiadora de moda escribió que vestirse a la moda es un afán por encajar con lo que domina el paisaje visual de nuestro momento.
Queremos coincidir con esas imágenes que nos rodean.
Y esas imágenes siempre varían con el tiempo.
Al comienzo de los 30, las mujeres tenían la imagen del cine y querían verse como Norma Shearer. En los 50, se sentían motivadas por la supervivencia del Nuevo Look y Grace Kelly. En los 70 la imagen para seguir era más desenfadada, libre y natural.
Hoy, las imágenes dominan nuestros ojos en su cantidad excesiva. El impulso por vestirnos a la moda proviene de lo que vemos en las imágenes, en lo que ellas se repiten, en lo que ellas - hoy con muchas formas de “vestir a la moda” - nos sentimos reflejadas.
Esas imágenes van cayendo como gotas en nuestro inconsciente o en nuestra intencionada búsqueda por inspirarnos, de manera invisible llegan a las elecciones que hacemos frente a nuestra colección de ropa personal. Nos vestimos para vernos como las imágenes que vemos.