Una cartera es un componente vital en el vestir de una mujer y en sus más variados estilismos. Objeto de deseo, ideal de una época, símbolo de lujo, también es un objeto donde se mezcla siempre función y ornamento. Historias visuales con Tatiana Luna, creadora de carteras para la mujer de estilo colombiana, latina, global, del presente.

Fotos: Juan Moore

Cartera: Tatiana Luna Prime Leather

Escenario: Castanyoles Four Seasons Casa Medina

Los elementos más sutiles nos transforman. Con una pizca retro, podemos ser una visión que se alimenta de otra década. Con ausencia de color, podemos acentuar algo más distintivo sobre lo que se ha calado de nosotros en lo que llevamos como vestimenta. Con una cierta manera de coordinación podemos evocar mezclas que responden a nuestros ideales mixtos de estilo. Con juegos de formas - longitud, proporción, mangas, corte, color, complementos - evocamos algo distinto a lo que nos viste cotidianamente.

Un clima, una ocasión, un momento, una inspiración, una estética - todos pueden dejar en nuestra apariencia un efecto. Podemos interpretar una estética. Llenarla de elementos distintos entre sí. Hacerla nuestra. #Resort puede hablar de un performance lleno de grafías y colores yuxtapuestos. Pero también una pureza retro, una fantasía náutica, un feeling pulido y fresco. Todo momento estético lleva, si lo creamos, nuestro sello.

En nuestro mundo, donde las estaciones se han diluido, donde la audiencia reclama ropa inter-estacional a lo largo del año entero, donde las colecciones intermedias son rotundamente comerciales, Resort es eclecticismo y vibrantes sinergias de elementos, sí, pero también evocaciones de lo que fue en otro momento: pulcritud marina, estilismo mediterráneo o tropicalista, glamour fresco de clima cálido, el delicado vigor de lo monocromático.

En el vestir, hay una creencia de que el blanco y el negro, en sus absolutismos, permiten como ningunos lo que Chanel perseguía: hacer visible a la mujer más que al vestido. “Las mujeres piensan en todos los colores, menos en la ausencia de colores”, declaró Chanel. “He dicho que el negro lo tiene todo. El blanco también. Ambos tienen una belleza absoluta. Son la armonía perfecta. Viste a una mujer de blanco o de negro en una gala: ellas serán las únicas que podrás ver”. Así que cuando Chanel se vestía de blanco, se vestía, como escribe en una de sus biografías Justine Picardie, para ser vista.

Vestirse de blanco no es, como al hacerlo de rojo, un llamado para hacerse ver de manera conspicua. Tampoco requiere, como con el negro, y como escribió Clarice Lispector, esa nitidez, impecabilidad y seducción que una mujer deba emanar envuelta en la oscuridad del color más radical de todos. Pero vestirse de blanco sí es una forma de ser vista. De mostrar al individuo detrás del vestir. De entrar en el terreno de lo radical y lo simple: dejarse ver y al hacerlo, gozar de una indulgente libertad de ornamentos y estilismos.

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