Siempre es interesante cómo las imágenes de estilo que nos rodean y que saturan nuestra experiencia de la ropa pueden ablandar nuestra noción inicial de una tendencia, de un look o de una estética.
Una mujer puede mirar, por ejemplo, la reciente inundación setentera con cierto recelo.
Al comienzo podría parecerle alejada de sus gustos habituales; desconectada de la hipermodernidad vibrante y ecléctica; desligada de la urbanidad confortable que sintoniza con su presente. Al principio se le podía antojar teñida de un leve aire de disfraz o sencillamente de aquellos lemas que a grandes rasgos definieron algunas características de los 70 - naturalidad, cierta bohemia, proporciones acampanadas, flores libertarias, prendas pensadas para el poliéster.
Pero las imágenes que la rondan, donde se puede ver que los 70 cobran vida hoy a través de la interpretación, pueden terminar por seducirla y replantear su percepción. Se vuelve entonces ella intérprete de la estética que sale, una y otra vez, en las imágenes que la rodean. Acoge la estética con su sello y temperamento.