Abanicos: Cacería Visual

Todos los años, el verano de Medellín parece invitar a las acudientes de Colombiamoda a incluir dentro de su repertorio estético a uno de los objetos de estilo más antiguos y femeninos: los abanicos de mano. Breve cacería visual por la más reciente semana de la moda colombiana.

Fotos: Daniel Díaz Cuervo

Vanessa Rosales

Los abanicos arman y adornan a las mujeres. Así lo escribió un reportero del siglo XVII cuando comparó este objeto, aparentemente tan sutil, con lo que podía representar una espada para un hombre del momento en el que escribía. En su repertorio de significados: abrir y cerrarlo ágilmente podía ser una forma de afirmar, desde el dolor de la mujer, “Eres cruel”. Llevar la punta del abanico a los labios decía, simple y figurativamente, “Bésame”.

Además de ser un ítem profundamente femenino – como las faldas, por ejemplo, o el labial – los abanicos poseen otras características que hechizan: su existencia recorre más de 5.000 años de biografía y la versátil capacidad de ser patrimonio de culturas tan distintas como la hindú, la china, la flamenca, la caribeña y la francesa. En la Europa del siglo XVIII fueron, además, objetos de lujosa indulgencia, con todo tipo de imaginerías y sobre todo una forma de hilvanar lenguajes secretos y hasta subversivos. Con un abanico una mujer podía romper las convenciones y las reglas, arrimarse a algún deseo prohibido y expresar algo de manera discreta y sutil: sus sentimientos más íntimos.

En Colombiamoda surgen como armas ornamentales para apaciguar el color e incrementar las potencias de los estilismos. Cacería por algunos de los que dotaron de gracia y feminidad a sus portadoras en Medellín.

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