Una tradición visual en la cual se fabricó a las mujeres como objetos pasivos…

una tradición visual en la cual se fabricó a las mujeres como objetos pasivos…

Una tradición visual en la cual se fabricó a las mujeres como objetos pasivos, hechos para agradar a una mirada masculina intensa y activa – ha hecho que la belleza sea un terreno de complejidades y espinas en la experiencia de ser mujer.

Ha sido cárcel y deleite.
Ha sido obligación y elección también.
Ha sido imposición y también, en ciertas instancias, un conjunto de características que una mujer posee y que coincide con los ideales de su momento.

Escribe también Susan Sontag, que “lo que es aceptado por muchas mujeres como una idealización halagadora de su propio sexo es una forma de hacerlas sentir inferiores a lo que son realmente – o en lo que se convierten al crecer. Porque el ideal de belleza es administrado como una forma de auto-opresión”. “No se necesita”, escribe también, “ser alguien en las ligas de una consciencia avanzada feminista para percibir que la forma en que las mujeres son enseñadas a estar involucradas con la belleza incentiva narcisismo, y refuerza dependencia e inmadurez”. Porque en últimas, se ha entendido como algo femenino el cuidado a la apariencia.
El texto es de 1975.
Sontag explica que a las mujeres se les enseña en ver su cuerpo por partes y a vivir un desesperado y ansioso escrutinio. También, dice, la belleza es una forma de poder. Lo lamentable, dice, es que sea – en ese momento – la única forma de poder que se alienta a las mujeres tener. “El poder es concebido en relación a los hombres; no es el poder de actuar sino de atraer. Es un poder que se niega a sí mismo. Porque se trata de un poder que uno no puede escoger libremente – por lo menos, no por las mujeres – o algo que pueda ser renunciado sin recibir censura social”. Todo esto me suscita más preguntas que respuestas.
Ese mismo esquema es tramposo en tanto exige cultivación estética pero condena a las mujeres de frívolas por hacerlo también. Simultaneidad sin salida.

Escribí aquí, con base a mi charla con Lipovetsky en abril, que los oficios son un conducto de liberación más longeva y política.
Pero como estudiosa de uno de los temas más “feminizados” de la historia, es inevitable también preguntarse si las contrariedades que entraña la belleza, la apariencia, la estética, deben mirarse también con nuevos prismas, haciendo evidente la misoginia con que podemos leerlos, observando en qué grado han sido prisiones, cuestionando su capacidad para hacernos libres (¿quién define que es libertad legítima?
¿cómo determinamos si lo que elegimos es verdaderamente liberador?) La belleza, en lo femenino, es un terreno colmado de aristas y de espinas. Lleno de preguntas que seguimos atravesando sin respuestas rígidas o fijas.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach