Colette: emblema de la mujer global

Ilustación Lorenza Ramírez (@lorenzalamas_)

¡Spoiler Alert!

Mirar el reflejo ilusorio del espejo, no reconocerse y encontrar en él una construcción ajena a la convicción propia. Decidir salir de él y buscar más allá de lo que la vista alcanza a percibir. Colette fue una escritora, periodista, y actriz de la Francia del fin de siecle, hoy recordada por sus facetas casi infinitas En esta ocasión queremos hablar de una película que retrata la valentía de Colette, de su determinación y de la travesía para encontrarse en su propio reflejo. Destacamos también algunos puntos de encuentro en los que como Colette, mujeres a miles de kilómetros batallaron al intentar encontrarse frente a la imagen del rol que se les asignaba y su propio ser.

 

La mano que sostiene la pluma escribe la historia.

 

En ocasiones es importante desafiar inflexiones sociales para obtener grandeza. Esto fue lo que hizo la afamada escritora francesa Colette, quien fue una visionaria en términos literarios y artísticos. Keira Knightley es la actriz quien le devuelve la vida a este personaje histórico, y no resulta gratis que sea esta actriz, puesto que en varias entrevistas Knightley se ha declarado feminista y amante de las películas de periodos históricos. La película Colette de 2018, dirigida por Wash Westmoreland, además de tratarse de este célebre personaje, narra las eventualidades que una joven mujer debe enfrentar en pleno cambio de siglo por su condición sexual y por ser una joven adelantada a su época.

 

Además de las fascinantes tomas, lo que logra captar la atención del espectador es la manera como el vestuario define a los personajes de la película, principalmente a Colette y a Missy. Missy es un personaje secundario en esta historia, pero es alguien que genera un impacto positivo en el devenir de la escritora francesa. Es un hombre transexual que finalmente se convierte en la pareja de Colette.  Adicionalmente, la escenografía juega un papel importante para definir al personaje principal. Los espejos por ejemplo, son un elemento que constantemente reflejan el rostro de la escritora, lo cual se podría interpretar como la manera en que esta mujer está sufriendo una transición y un debate interno sobre quién es ella en realidad. ¿Es Claudine o es Colette? Su obra, Claudine à l’école contiene un personaje principal que nace a partir de las experiencias de la misma Colette en el colegio, Colette se ve atrapada en una paradoja en donde quiere evolucionar de acuerdo a sus propias necesidades, pero desea complacer a su marido Willy.

 

Además de la escenografía, cabe resaltar que la película presenta un vestuario bien adaptado a la época de 1900, convirtiéndose en un referente importante de la identidad principalmente de Missy y de Colette. Missy, a través de su vestir, logra posicionarse como hombre trans y en la mayoría de las ocasiones el traje, emblema universal masculino, le permite deleitarse de los beneficios y privilegios del mundo masculino. Por otro lado, el vestuario de Colette representa su proceso de maduración, y este es el que va a ir determinando su carácter. Al inicio de la película, cuando la escritora era una campesina, la vemos usando trajes típicos victorianos (referente al puritanismo de la época) y cuando llega a la ciudad de París, comienza a ser más audaz en su vestir.

 

La relación con Willy fue tormentosa para la autora, y en la cinta Willy continuamente trataba de controlar la vida de su esposa, llegando a tal extremo que la encierra  en una habitación para obligarla a escribir otro libro de Claudine. Además, Willy busca controlar a Colette por medio de su vestuario: el libertino decide moldear su apariencia para tener control sobre su esposa y sacar provecho de ella. Sin embargo, a medida que la trama se va desarrollando, Colette se va dando cuenta de lo manipulador que ha sido su marido y cuando  decide tomar cartas en el asunto comienza por tomar el poder sobre su vestimenta. Una escena que demuestra esta situación se da cuando Colette llega al despacho de su marido vestida como un hombre. Este se muestra inconforme y comenta que la pudieron haber matado en la calle por estar vestida de esa manera.  

 

El vestir y la sexualidad femenina son temas que el film debate: Colette, a través de su vestir y de sus convicciones, demostraba que era una mujer que quería romper con el status quo social de la época. El siglo XX fue un periodo de la historia que trajo consigo muchos cambios significativos para la sociedad y para la manera en cómo lo femenino había sido construido. El film tiene muy en cuenta este contexto y realiza una analogía donde tanto la autora como su época, son una puerta que se está abriendo a posibilidades de nuevos ideales y discursos.

 

A más de 8000 kilómetros del espejo de Colette

 

El dinamismo de París no sólo encantó a Colette. El imaginario urbano de una gran ciudad también logró embelesar a la élite colombiana que, tras la colonización española, decidió llenar el espacio con expectativas representadas en el proyecto de modernidad.

 

Inglaterra, Francia y Alemania se convirtieron en los nuevos referentes de progreso. Así como la llegada de Colette a París inspiró un cambio en su vestir, la idea de modernidad en Colombia se vio materializada en la intención de imitar y apropiar maneras, costumbres y formas de las culturas hegemónicas. Con ello en mente, se hizo explícito el papel del cuerpo como territorio del ‘deber ser’. Los manuales de urbanidad, inspirados en costumbres europeas, se convirtieron en un elemento clave para educar, moldear y representar el cuerpo según los planes del proyecto moderno. En Colombia estos manuales fueron ampliamente difundidos y se convirtieron en punto de partida de la educación que se impartió en la segunda mitad del siglo XIX y a lo largo del siglo XX en el país.

 

Estos manuales de urbanidad tuvieron incidencia en los cuerpos puesto que estos se iban moldeando de acuerdo a las exigencias del contexto. El vestir es una de las herramientas que posibilita que relaciones de poder influyan en la sociedad y en los seres humanos. De allí que lo manifestado en los manuales: la posición que se ocupaba socialmente, los lugares que le eran propios a cada quien, las acciones que se debían encarnar u omitir, lo que se debía o no expresar, haya sido articulado y exteriorizado a partir de los cuerpos, guiados por un ideal de modernidad que tomaba lugar en otros contextos

 

Las mujeres de ese entonces estaban recluidas y construidas socialmente para el espacio doméstico y su cuerpo recibía lo que podría ponerse en términos Foucaultianos como la vigilancia y castigo. Un caso observable ante esta situación se veía en cómo una mujer debía proceder ante diferentes situaciones. Por ejemplo, ante comentarios ofensivos de un varón, se ponía en tela de juicio la dignidad de la mujer y no el comportamiento del hombre. La mujer debía hacerse respetar teniendo en cuenta las condiciones que se le imponían: con firmeza, pero de manera dócil; sin ”salir de sus casillas” o parecer histérica. Cuando Colette es encerrada por su esposo y obligada a escribir, por presiones sociales permite que se le adjudique su trabajo a Willy, ya que ella era simplemente una esposa. Así mismo cuando toma la decisión de vestirse como un hombre es acusada de poner su vida en riesgo. Estos hechos, revelan cómo a pesar de la distancia geográfica, las mujeres han sido enseñadas a dudar de sí mismas y acoplarse a las normas y protocolos.

 

Por otro lado, dado el dominio de las mujeres en el espacio privado, la expresión de su emotividad parecía ser uno de los elementos que gozaba mayor aprobación. Sin embargo, esta estaba también condicionada por aquello que se les permitiera sentir al representar el rol femenino descrito en los manuales. La escritora santandereana Elisa Mújica describe aquel debate interno y oculto, muy familiar a aquel que plantea la interpretación de Colette frente al espejo, entre el querer-deber complacer y el real sentir. “En las imágenes de las fotografías ha quedado la visión de las criaturas con falda larga y ancha, talle de avispa, peinado alto y mantilla de blonda, que cumplían la misión de esposas y madres al comenzar 1900, recluidas en el silencio de las provincias. Pero ¿qué se sabe de ellas, de sus pensamientos íntimos?” escribe Mújica en su libro A dos tiempos.

 

La historia de Colette que proyecta la gran pantalla recuerda las limitaciones que se han impuesto a la expresión femenina y cómo el control del cuerpo puede condicionar su alcance de injerencia en el entorno. En Francia Colette escribió en silencio durante años para otorgarle brillo a su esposo. En Colombia los valores del deber ser fueron tomados directamente de los protocolos europeos y redactados por hombres. Haciendo énfasis sobre todo en el ‘deber ser’ femenino, reclamando un cuerpo pasivo, modesto y sobretodo, ajeno.

 

Por eso, tanto para la Colette de cambio de siglo, como para las mujeres colombianas que encarnaron los intentos de un proyecto moderno lejano a su realidad, y aún para las mujeres actuales, asumirse como seres públicos y expresarse con autenticidad más allá de un rol construido es una revolución. Mostrarse es rebelarse.  

 

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach