Cháchara con Edward Salazar

Foto: Laura Rocha

En Eterna Recurrencia quisimos entrevistar a Edward Salazar debido a que se ha dedicado a estudiar y problematizar temas relacionados con los sectores populares colombianos, su  estética, la moda y los aspectos culturales del presente siglo. Edward es sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia con magíster en Estudios Culturales de la Universidad de los Andes. Tuvimos la oportunidad de entrevistarlo en su casa, donde también disfrutamos una deliciosa taza de té.

 

ER: Gracias Edward por estar aquí con nosotras y darnos la oportunidad de entrevistarte. En primera instancia, nos gustaría preguntarte lo siguiente: Tu trabajo se ha centrado mucho en la estética de las clases populares en Colombia, ¿de qué manera crees que los accesos democráticos a las redes sociales complejizan o alimentan estos grupos populares? Digamos el caso de las instagramers populares que están circulando en este momento,  por ejemplo el polémico video de Andrea Marmolejo en el que dice qué es de buen gusto y qué no, qué es guiso y qué no lo es.

 

ES: Yo haría primero una aclaración de términos y es la diferencia entre lo popular, lo que consumen los sectores populares que a veces clasificamos como en el estrato 1 y 2, y lo popular como aquello que es masivo. Si tú me preguntas por lo popular como aquello que se hace masivo, incluso en ambos casos, las redes sociales lo que han hecho es dar la ilusión a los consumidores, a veces aunque no puedan pagar las cosas que están deseando, de cercanía y de deseo de esos productos de moda, de belleza, de buen gusto, que digamos en el caso de las bloggers, tratan de posicionar. Creo que lo que ellas hacen es tratar de establecer un puente directo entre el consumidor final masivo y unas marcas y productos que las contratan digamos para las nuevas fases de la comunicación empresarial, para llegarle mucho más directo a los usuarios. De pronto donde la TV, las propagandas tradicionales, los referentes tradicionales no arrastran el público de interés a las que estas personas quieren llegar. Y creo que en ese canal justamente lo que hacen las redes sociales es presentar nuevas versiones o popularizar el concepto de clase y de estilo de vida. A veces de aspiración, a veces tu no eres, pero tú puedes aspirar a ser, y a veces incluso no te alcanza, pero puedes aspirar a través del deseo, como un movilizador de esa aspiración de clase. Y creo que las redes sociales han jugado un papel muy importante en eso porque a veces tú no puedes comprarte la cartera o la camisa de Gucci, pero puedes darle like a Gucci en Instagram, y seguir todas sus publicaciones e incluso aspirar a su estética. Y desearla e incluso practicarla, no quizás con las cosas de Gucci, pero sí con la estética que propone para la temporada. Entonces tu armas tu self Gucci en Zara, etc, y buscas elementos. Y las redes sociales permiten justamente que te enteres muy rápido de esos vectores y esas ideas de moda que circulan, en donde tu puedes consumir sin comprar.
Bauman decía que en la sociedad, el consumir como el acto físico de intercambiar dinero, queda en segundo plano. Porque lo más importante es desear el consumo y desear hacer parte de esa comunidad que, considero yo, que las redes sociales te posibilitan. Y justamente es mucho de lo que se observa respecto al estilo de vida en las redes sociales. La gente por supuesto pone su mejor cara, su mejor pose, su mejor día, el mejor ángulo de las cosas, desde lo que considere que es correcto. Pero esa curaduría del “yo” también se ve justamente como una manera de aspirar socioculturalmente a un estatus, a un estilo de vida. Y pues las redes en últimas son ese lugar de la escenificación de la belleza, del deseo de ser y de la curaduría absoluta en donde tu no muestras por lo general fragilidad, ni pobreza, ni escasez, sino todo lo contrario.

 

ER: A propósito de la Met Gala que prontamente se celebrará el primer lunes de mayo en Nueva York. Me gustaría que nos explicaras a nosotras y a nuestros lectores ¿qué es Camp y qué lo diferencia de lo Kitsch?

 

 

ES: Esos son temas que me interesan mucho. Todas las estéticas que se encuentran dentro de la esfera del mal gusto, porque yo creo que una de las cosas tradicionales que ha hecho la moda es ser el abanderado del buen gusto. Y en general lo que nosotros entendemos por “gusto” es el gusto “correcto”. Y hay una historia que por ejemplo Bourdieu la estudia mucho, que es cómo la historia del buen gusto es la historia de la élite, de las clases dominantes política y económicamente. Que a su turno por lo general marcan las pautas del buen gusto. Ese por ejemplo era el modelo sartorial o de diferenciación de clases desde Luis XIV hasta el siglo XVIII; XIX; XX. Esas teorías de la moda ya se han replanteado, es decir, ya la moda no es solamente la invitación de las clases altas, pero en general yo creo que el gusto en muchos escenarios todavía sigue reproduciendo esa lógica de clase, a pesar de que ya la haya problematizado.
Y en toda esa proliferación, nacen y ocurren otros estilos subalternos como underground, como fuera de la norma. Que son todas las estéticas del mal gusto.

 

ER: ¿Eso podría llamarse como una subcultura?

 

ES: Si, de pronto sí, desde la gente que la practique. Porque yo consideraría que una subcultura necesitaría gente creyente en esa práctica. Y yo diría que sí, por ejemplo la palabra Kitsch viene del alemán, y así se denominan esas cosas como recargadas y cursis. Y para nuestra historia latinoamericana, gran parte del Kitsch nos llega de España. España es un país absolutamente marcado por las maneras Kitsch de vivir, por ejemplo los sectores populares, como hablan, como decoran. Para mí Pedro Almodóvar es uno de esos grandes referentes de la cultura Kitsch en lo visual. Entonces el Kitsch para mí sería como la cursilería, como lo popular mal hecho que no tiene un límite digamos entre lo empalagoso y lo no empalagoso. Y que además no lo hace como una estética deliberada, sino que simplemente ocurre. Mientras que el Camp, por lo general, sí puede tender a ser una estética deliberada en donde se quiere hacer una alusión pintoresca a algún otro referente de la cultura elevada. Por ejemplo, Paris Hilton en su reality The Simple Life con Nicole Richie y la publicidad que eran ellas dos vestidas de campesinas estadounidenses como referencia al cuadro emblemático de American Gothic pintado por Grant Wood. Eso sería Camp, que es una referencia queer, naive y torpe de lo rural estadounidense. El Camp y el Kitsch se parecen en el sentido de que son estéticas del mal gusto, un gusto no producido por la hegemonía de la belleza. Y mezclan y recicla elementos. Por ejemplo hay un autor que dice que es el barroco latinoamericano lo que a nosotros nos salvaría estéticamente e incluso culturalmente de la dominación del Norte Global. Porque el barroco latinoamericano es esa pérdida del asco a la mezcla, a mezclar elementos de lo popular, con lo religioso, con lo campesino, con la alta moda, etc. que serían todas esas hibridaciones culturales. Y yo creo que lo que hacen de alguna manera el Kitsch y el Camp es hibridar de un montón de referencias muy populares, y muy sintéticas. El Kitsch por ejemplo mezcla mucho los referentes religiosos, este quiere ser como fino y en esa pretensión de finura, y en esa mezcolanza hace cosas ridículas. Por ejemplo, algo muy Kitsch sería un juego de té muy clásico pero decorado con peluches o decorados con patitos. Es esa cosa medio aniñada y ridícula.

 

ER: En tu texto de Muy Bonito Todo, pones un ejemplo que a mí me sonó mucho que fue el de Andrés Carne de Res. ¿Eso lo puedes asociar a lo Kitsch?

 

ES: Sí, total. Esas son prácticas como Kitsch barrocas justamente por que atraen los elementos que mencioné anteriormente, elementos de la cultura popular, la cultura campesina, elementos de la religiosidad católica que nos fue heredada, la plaza de mercado como lugar físico, y todo eso en una mezcolanza muy recargada y como muy de collage. Andrés Carne de Res lo que hace es una representación un tanto estilizada y para ciertos sectores de clase de esa plaza de mercado. Es como limpiando la experiencia. La plaza de mercado está en el barrio popular, mientras que Andrés Carne de Res está en El Retiro, el de Chía de toda la vida, es decir que está sectorizado y eso habla mucho de cuál es su público. Pero es interesante en el sentido de cómo se ha apropiado de toda esa estética Kitsch colombiana muy relacionada con el Divino Niño.

 

Lo interesante es que a veces, incluso más allá de nuestra clase social, sabemos quién es el Divino Niño. Y es posible que nuestra abuelita, tía haya tenido una estampita del Divino Niño. Pero otra cosa es cómo se usa. De pronto una tía de clase media alta, no tendrá un altar de dos metros con estampas del divino niño y velas y flores de plástico y guirnaldas y una virgen que alumbra. Pero sí tiene la religiosidad. En lo popular como no hay ese asco a la mezcla, coexisten lo heredado, lo nuevo, lo viejo, lo robado, lo feo. Por ejemplo en un texto de Juan Sanín, se habla de cómo se deifican por ejemplo figuritas de plástico de la virgen así esté mal cortada, así la inyección de plástico esté rebosada, y la imagen sea fea en términos de la calidad en sí misma, pero no importa, porque es más lo que representa que como se ve. Y esa fealdad torpe coexiste en el Kitsch.

 

En el Camp es mucho más cercano a la tradición estadounidense, de esa cosa de querer como referenciar algo de manera un poco paradójica, teniendo un referente que pudiera parecer de buen gusto y tratar de emularlo a ese nivel como queerky de hacer las cosas. Me parece que el Camp es más referencial a esa cultura. Muy a propósito del tema de la Gala del Met de este año que es el Camp, porque hay diseñadores que son muy Campy [adjetivo para decir Camp], como por ejemplo Jeremy Scott a las referencias que hace a McDonald’s. El Camp es más redneck, quiere emular el arte country. El arte country son todas estas cositas pintadas de madera, que trata de copiar lo rústico. El Camp es una emulación al campo, a ese deep south de Estados Unidos y sus casitas, las camisas de cuadros, etc.

 

ER: ¿Qué opinas del hecho de que el diseño y el capitalismo masivo permite que tanto las clases populares como las clases altas compartan un mismo sueño aspiracional?

 

ES: Muy interesante pregunta, el capitalismo tiene muchas contradicciones desde muchos niveles, desde cómo está configurado el sistema de producción, cómo están divididos los recursos y la tenencia de los recursos y cómo se reconoce el trabajo de las personas que están en la parte inferior de la pirámide laboral. Pero una de las cosas que ha producido es la posibilidad de que la clase social no te marque tu estilo de vida como una camisa de fuerza. Eso permite, como una de las frases de Martín Barbero dice,  <<hacer soñar a los pobres el mismo sueño de los ricos>> y ese sueño permite esa masificación de los bienes de consumo y de la masificación de productos con diseño en el capitalismo. ¿Qué significa eso en términos de clase? Que la gente no está condenada a verse (en la parte estética de la moda) como su sector de clase le dijo contextualmente que debería hacerlo. La gente tiene la posibilidad de armar un relato de sí mismo y una narrativa de su presentación del yo a través del consumo. Porque el consumo permite conseguir productos más baratos, la información te llega más y tienes más ideas de cómo vestirte.

 

Yo le decía por ejemplo a una amiga que en los 90s todos éramos horribles porque no teníamos tantas referencias tan inmediatas de la ropa. Como qué se está llevando, qué se usa, qué no se usa, e incluso la gente que no se pregunta eso y no consume revistas, se entera por que ve a otra gente vestida en la calle, esa es una manera de consumir información de la moda. Y entonces en los 90s no había tanta circulación de eso y adicionalmente el sistema colombiano de marcas e industrias de la moda pues era un poco más precaria. Uno se vestía con Pepe Jeans, Azúcar, Americanino y todas esas marcas del momento, que en todo caso eran caras. De repente llegan a Colombia hace 10 años Bershka, Zara, Stradivarius y todas esas marcas del grupo Inditex que lo que hacen es cambiar culturalmente el patrón de consumo de los bogotanos. Y yo me atrevería a decir que no solamente a los bogotanos de la clase media, alta, sino de los bogotanos en general. Porque esa moda rápida permite aspirar a ese lujo con unas condiciones de precio más bajas. E incluso puede ser que para alguien, comprarse una chaqueta de Pull & Bear no signifique nada, mientras que para otra persona en otras condiciones socioeconómicas, esa misma chaqueta pueda significar un objeto muy atesorado. Pero se ven en últimas en la calle (que es la presentación pública) iguales, que es una apariencia que tiende a igualarse.

 

En ese sentido el capitalismo y las ofertas de consumo es igualar de una manera aparente las clases sociales. Pero eso sí marca diferencias en la manera como la gente experimenta el espacio público y en cómo se apropia de unos elementos, sin temor a sentirse amenazado por las estructuras clasistas de la ciudad. Hay segregación espacial en la ciudad, la clase media y la clase alta viven en una parte, mientras que los sectores populares viven en otra parte. Pero hay unos barrios donde la frontera es supremamente marcada. La moda permite … hay una frase de Lipovetsky que dice <<esa es la grandeza de la moda, que nos permite ser más libres, pero es la miseria de la moda, que nos hace estar más presos de lo que los otros piensen de uno>>.

 

ER: Y lo que tu mencionabas alguna vez, que cuando te hacen una encuesta a tí te preguntan qué estrato eres.

 

ES: ¡A claro! La figuración del estrato nació en Bogotá para cobrar servicios públicos, en relación a las calidades urbanísticas del barrio de tu residencia, como el acceso a vías, etc. Un montón de esas características, para que tu casa sea estrato 1, 2, 3 y en esa proporción, cobrarte los servicios públicos. No para que tú como individuo que habita ese espacio seas estrato algo. Y esa pregunta a veces no se qué tanto circula por ahí todavía. Cómo se le confieren esas propiedades a las personas, cómo esas propiedades se materializan en hechos concretos y en imaginarios de quién se supone que eres. Y además hay que considerar cómo eso se vuelve en una pirámide de clasificación social.

 

Porque incluso la gente no dice que es clase media, sino que también dicen qué estrato son. Esa es la herencia de que en Bogotá hay una brecha que existe entre personas con mayor poder adquisitivo y las personas con menos poder adquisitivo. Justamente creo que en esa brecha lo que la moda hace es establecer un puente entre las apariencias.

 

ER: ¿Es pertinente afirmar que las clases populares buscan darle su propia interpretación estética al “Statu Quo” de la moda?

 

ES: Sí. Yo creo que sí. Vestirse es un hecho que pasa por el cuerpo, y cuando pasa por el cuerpo, tú tienes una relación histórica y personal con el. Tu tienes unos deseos sobre ese el, tu tienes unas ideas preconcebidas por muchos vectores históricos de clase , género, raza etc. Y necesariamente todos cuando vestimos ese cuerpo alguna modificación le hacemos con aquello que llevamos en mayor o menor medida. O así no se note, uno toma decisiones pequeñas: esta media, este buzo, etc. Y yo considero que lo popular tiene sus propios referentes en lo estético.

 

Yo en el 2015 dicté un curso en los Andes y me acuerdo que en ese año hubo una feria de Inexmoda. Uno de los productores de jeans y brasieres para mujeres dirigidos a los estratos 1, 2, 3, e incluso 4 y 5, tenía unas referencias que decían que a las mujeres con clase les gustaba mucho el brillo, y por eso él le ponía pepitas y perlitas a todos los brasieres y a todos los pantalones y él decía que era de buen gusto. Y tiene razón en dos sentidos: para él sí y para sus consumidoras sí. Porque el problemático colombiano jean levantacola, digo problemático porque la opinión pública piensa despectivamente respecto a esto. El dichoso simbol es problemático en el sentido que es una pieza que marca mucho nuestra adscripción a la clase y es muy difícil salirse de eso. Es muy dificil renunciar a eso, pero en los sectores populares sí existen esas estéticas propias, por ejemplo el brillo es una de ellas, en ese sentido habría como esa relación con lo popular. Al comienzo de la entrevista decíamos que lo popular es aquello que está caracterizado por la recarga, por la acumulación (pues la ropa tiene estas características de recarga y acumulación). Pero no la recarga y acumulación que propondrán unos diseñadores como Dolce & Gabbana desde una herencia italiana en donde ese barroco adquiere otras formas, sino que es una acumulación desde lo aspiracional. El brillo por ejemplo, las telas brillantes con elementos brillantes, con una cosa muy latinoamericana que es marcar las siluetas. Sobretodo en el caso de las mujeres, marcar el cuerpo en el sentido que se noten tus curvas. Esa necesidad de sexualizar y no lo digo en un mal sentido, porque la sexualización del cuerpo no es esencialmente mala, sobretodo cuando es una decisión autónoma. Yo diría erotización más que sexualización. Pero sí produce estéticas propias, como por ejemplo marcar el cuerpo, la propensión al brillo.

 

Yo tengo una teoría personal y es que en los 90s y 00s, en donde no teníamos tanto consumo rápido y de referentes de moda. Coincidió con un momento en que nos venían las referencias de la televisión con sus referencias urbanas como jeans rotos, buzos anchos, Tazmania, Bugs Bunny y todo eso que estaba de moda. Y yo pienso que lo que pasa con la moda en los sectores populares es que el ciclo de cambio es mucho más lento, o sea de salto de una tendencia de una propuesta a otra. Y que muchos elementos pasan de ser moda, a ser vestido, o sea, a ser lo normal del consumo. Y en ese proceso eso se constituye en un estilo, un estilo popular. ¿Existe?, yo sí creo, ¿es problemático afirmarlo?, también, porque eso es esencializar la clase. Pero sí hay un estilo, y uno puede verificarlo en qué jeans, qué camisas, qué zapatos se ofertan en lo popular.

 

Y a mi juicio mucha de esa ropa sigue siendo referente de los años 00’s del buen gusto, y no ha cambiado. El jean descaderado, la ombliguera, los jeans rotos y desteñidos, las cosas con pelitos, etc. Eso era lo que las celebridades llevaban a finales de los 90’s hasta mediados de los 00’s, como Ashley Tisdale. Y yo creo que eso se quedó instalado en lo popular ya no como tendencia histórica sino como estilo y entonces esas gradaciones estéticas en lo popular no salen, y se constituyen. Y pues también eso tiene muchas explicaciones, y también tiene que ver con lo siguiente: no toda la gente puede ir cambiando de closet cada determinado tiempo, generando que esas prendas se queden. Y la segunda es que muchas de las empresas que producen moda popular, como una marca que se llama Arequipe, en general mucha moda popular inicialmente no tenía diseñadores profesionales, en el sentido de gente que esté confiriendo a la ropa ese valor de clase y de estatus. Sino que era un proceso mucho más orgánico de lo que se iba percibiendo como bonito y de lo que se está llevando. En mi trabajo que mencionaste hice unas entrevistas y la gente de esos almacenes populares decía: <<es que es esto lo que es gomelo>>. Porque lo gomelo sigue operando como una figura de deseabilidad de gusto, sobretodo en los jóvenes. Desde su versión y percepción particular de lo gomelo, que a mi juicio tiene que ver con los referentes estéticos de los años 00’s, jeans rotos y desteñidos. Y de alguna manera todo eso está volviendo, todos esos tennis de Balenciaga que son sobreactuados, los dad sneakers. Los desfiles de D&G en el 2004 y 2005 eran muy parecidos a lo que a veces en Bogotá consideramos como de mal gusto.

 

Pero volviendo a tu pregunta para cerrar, sí creo que hay una estética popular que se ha sedimentado y solidificado como ocurre en muchas estéticas de clase o de culturas urbanas o de subculturas, etc. Los emos tienen su moda, los punks tienen su moda, las señoras bogotanas tienen su moda, su manera incluso de llevar el pelo. Los señores bogotanos tienen su moda de cómo llevan sus zapatos, blazer, etc. Y así mismo como es normal que se sedimenten ciertas ideas estéticas, pues también lo van a hacer ciertos sectores en cuanto a la ropa. Y lo podemos ver en cómo se venden las cosas, cómo circulan, cómo están ahí. Yo tengo la teoría de que en lo popular la ropa y los ciclos de lo estético tienden a durar mucho más, y que muchos de esos productos ya no son como la gran moda que son productos de circulación efímera. Sino que son productos que se establecen dentro del consumo básico del vestido. Y eso es lo que nos llevaría es a la necesidad de replantear la definición de moda que se ha hecho tradicionalmente, que es algo efímero. No necesariamente, porque yo no creo que haya una moda. Uno dice la moda en singular porque uno se refiere a la Alta Moda, la moda de los diseñadores, de las revistas, desfiles. Pero yo creo que hay las Modas, muchas modas, una de ellas es la moda popular. Yo considero que hay dos modas, la moda popular y la moda hegemónica.

 

Edward ganó una beca del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional en el 2016. Con esta pudo tener acceso a diferentes archivos fotográficos de la clase media en Bogotá, donde observó fotografías entre los años 50 y 79 y llevó a cabo una investigación. A través de estas fotografías observó a la clase media bogotana y analizó cómo se puede entender a este segmento poblacional. Esperen muy pronto su libro donde podrán adentrarse más en este proyecto investigativo.

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach