CARTA DE LA DIRECTORA · la feminidad recurrente·

Aún cuando el canon de la “intelectualidad” convencional se resista, todavía, y en lugares como Latinoamérica, a percibirla como un tema de sustancia, la moda ha sido musa de pensadores que ese mismo gremio no hesitaría en celebrar.

 

“La moda es la eterna recurrencia de lo nuevo”, escribió el pensador alemán Walter Benjamin, en su intención de arrojar una red filosófica sobre ella. ¿Qué quería decir con eso y por qué habría un filósofo, en los treinta, de ocuparse de uno de los asuntos que, a pesar de ser humanamente omnipresente, se ha estimado casi por descontado como banal?

 

Benjamin desentrañaba los hilos de la moda como una lógica estética, conectada con la naturaleza de ciertas imágenes, poderosamente vinculada con la experiencia de lo moderno y la urbanidad. Consignó anotaciones sobre ella porque comprendía su dimensión, mucho antes de que la moda se convirtiera, como explicaría otro pensador, Gilles Lipovetsky, en el orden mismo de la sociedad hipermoderna, el fenómeno más ubicuo en la cultura popular y digital.

 

Antes, Kant, uno de los patriarcas de la filosofía occidental, expresó su inquietud por la moda también. Le sorprendía, en su afán instrumental, que existiese un sistema basado en lo que para él era meramente irracional – la búsqueda de lo nuevo sin miras a alcanzar perfección, el apetito de reemplazar algo por otra cosa, así, siempre y hasta siempre. Su antipatía hacia la moda se debía, en parte, a una desconfianza por las transformación meramente estética. Y anclaba también en la colisión que existe entre un oficio que busca desvelar lo esencial y que desafía de las formas o las apariencias.

 

Poco podía saber Kant que su extrañamiento era fruto también de un hecho fundamental: que en la academia, en el pensamiento, en la escritura, y en la cotidianidad vital, la mirada y la experiencia femenina eran vistas como algo ajeno, alterno, secundario y banal. La moda, entonces, no era asunto de filósofos sino de féminas en sus tocadores domésticos. Lo que para Kant era meramente “irracional”, es una lógica mucho más compleja, que rebasa las simplificaciones de la dicotomía instrumental (y el pensamiento generalmente fabricado como masculino).

 

Ese ejemplo demuestra los muchos terrenos hacia los cuales conduce la moda. Si se la mira a través de la temporalidad y con intención filosófica, la moda es una anticipación del futuro, un cansancio ya anunciado, una promesa que deja de fulgurar pronto, un apetito difícil de saciar.

 

El asunto es que la moda, como tantas otras cosas, ha sido vista mucho más tiempo desde la mirada masculina occidental. Y eso explica una antipatía que no han tenido, por ejemplo, los intelectuales hacia la comida, la decoración y las indulgencias sensoriales diversas. La moda conecta con lo femenino, construido rápidamente como sensiblero y alterno. Conecta con el cuerpo, que evoca, sin quererlo, asociaciones con el sexo y la muerte – dos temas que históricamente han intimidado al pensamiento racional y a las ideologías religiosas.

 

Deliciosa contrariedad entre superficie y hondura, la moda es un caleidoscopio de ambivalencias, una coincidencia de elementos.

 

Sí es, indudablemente, omnipresente – pocas son las sociedades humanas que existen por fuera del vestuario, del acto de vestirse como una parte fundamental de la condición humana. Sí es, como industria, por ejemplo, un espejismo de vanidades, un caudal de frivolidades que persiguen, sin descanso, lo novedoso sin ningún otro afán que reemplazar lo que ya fue. Así, infinitamente.

 

Sí ha sido, también, reflejo de las situaciones constreñidas que históricamente experimentaron las mujeres, simplemente por el hecho de ser mujeres. Sí ha sido, de la misma manera, una forma de articular liberaciones y derechos femeninos inéditos. Sí ha sido un reflejo de cómo la feminidad se ha fabricado como algo subordinado, dócil y dependiente. Pero también ha sido conducto de fuerza e igualdad.

 

Vista bajo una luz más minuciosa y menos patriarcal, la moda es contrariedad. Superficie y hondura. Banalidad y significado. Lo efímero y lo recurrente. Simultáneamente.

 

La eterna recurrencia de lo nuevo significa que la moda siempre está reinventado lo que significa novedad. En su historia, érase una vez cuando las siluetas eran longevas durante décadas. Luego advino la era de las revoluciones en las siluetas. Luego los ciclos, de seis meses, donde las temporada estacionarias regían la vida útil de una tendencia. Luego vinieron los nuevos ritmos en esos ciclos, más vertiginosos, más hambrientos, multiplicando estaciones y ciclos, haciendo que todo durara menos tiempo. Luego “lo nuevo” pasaría a un nivel de mayor vértigo – ya no ciclos de seis meses sino la transformación imparable de imágenes en pantallas de celular. De reemplazar un objeto a la moda por otro, cada tanto tiempo, nuestros ojos orbitan incesantemente al ritmo de imágenes que se reemplazan a sí mismas en cada espabilar. De la sustitución pasamos a un régimen de acumulación, como anotaría otro filósofo interesado en la moda, Lars Svendesen.

 

En Colombia y en Latinoamérica, la moda ha sido vista como un tema de entretenimiento, ligado a las mujeres bellas de turno, conectada a las élites y al repertorio criollo de celebridades y estrellas. Ha sido percibido como un tema para mujeres, consignado en revistas que con variedades pero sin especialidad en el tema, específicamente.

 

A pesar de que en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Suecia, Canadá, la moda haya alcanzado un lugar dentro de las academias, la prensa y el pensamiento crítico, en nuestros terrenos persisten asociaciones que guardan una ambivalencia: siguen conectadas a ideas que ya no son tan presentes y ofrecen también semillas y promesas.

 

¿La escena actual? Ausencia significativa de medios de moda en Colombia; la ausencia de sustancia en la mirada editorial frecuente; la creencia que persiste y que insiste en que la moda no es un tema del pensamiento, la intelectualidad o la academia. Audiencias significativamente más informadas que añoran leer lo divertida, lo caprichosa, lo efímera, lo provocativa, lo necia, lo estimulante y también lo transformadora, simbólica, honda, política, cultural, social y poderosa que puede ser la moda.

 

Ligera y sustanciosa. Musa de formas y de sentidos.

 

Esas son las variables que componen a ETERNA RECURRENCIA. Una revista hecha por una vanguardia de mujeres jóvenes, sensibles, inteligentes, pensativas, sustanciosas y entregadas a una mirada editorial que materializa, al fin, una visión que ha sido también el sueño de alguien que ha usado la moda para el ensayo, el periodismo crítico, la búsqueda de equidad, y la batalla femenina de posicionar un tema construido también como femenino, como el tema exuberante que es para el ejercicio intelectual también.

 

Una revista de moda para nerds. Para los que quieren leer sobre moda en toda su esplendorosa complejidad.

 

El viaje apenas comienza.

 

 

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Vanessa Rosales
ESCRITORA. CONSULTORA. CULTURA, ESTILO, HISTORIA Y TEORÍA DE MODA​

Vanessa Rosales | Desarrollado por: Binach