El varón criollo del Altiplano Cundiboyacense

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Si usted usa jeans desajustados bajo los cuales se ve su ropa interior Calvin Klein, camiseta con logo grande, chaqueta acolchada y tennis blancos, así lo ven las mujeres. 

Valeria AKL

Cortesía de Santiago Higuera y Pablo Londoño

¿Acaso el paisaje de esta caótica ciudad nos ha hecho anclarnos en una rutina incesable y ha ocasionado que nos olvidemos (en especial los hombres) de disfrutar de los deleites del vestir? ¿Qué representa en el siglo XXI el varón de este altiplano? Su atuendo de calle generalmente se componía de abrigos, boinas de paño, zapatos de cuero, chalecos, corbatas, reloj de bolsillo y sombreros. Dependiendo de la hora del día o del evento, el protocolo del traje iba cambiando. Por ejemplo, en eventos especiales de día solía utilizarse el saco leva y en la noche el frac o el esmoquin. La vestimenta de estos señores se basaba en el vestir inglés que se inspiraba en Eduardo VII de Reino Unido. El rey inglés fue quien influenció el vestir masculino de principios del siglo XX, el cual ha perdurado durante casi cien años; en ese entonces las clases sociales altas inglesas imitaban las actividades de la familia real y el vestir sin duda era algo que se mantenía en constante vigilancia.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, las dinámicas de la moda han cambiado de una manera radical; ésta se ha hecho más asequible a diferentes personas gracias la implementación del prêt-à-porter en la industria (la ropa, literalmente, lista para usar, es decir, con tallajes estandarizados), y que las redes sociales, han permitido que la gente tenga un volumen enriquecedor de información. Así mismo, la vida se ha vuelto más dinámica y existe una prisa constante por tener las cosas rápidas, eficaces y en frecuente cambio. Esto ha ocasionado que el vestir se simplifique y con esto, lo sartorial en los hombres ha pasado a un segundo plano. Bogotá es una ciudad caótica con graves problemas viales y de transporte público, lo cual sin duda genera un estrés constante entre sus habitantes. El bogotano siempre trae prisa.

El cachaco promedio básicamente es víctima del actual dinamismo. Este personaje quiere mantenerse al ritmo de la vida moderna y prefiere conservar un look descomplicado para el día a día. Esta generalización se puede hacer específicamente en las clases altas y medias de la ciudad, entre las edades de 15-55 años. Estos son los hombres que por lo general empiezan sus frases con un “marica”, “guevón”, o ambas. Van vestidos con jeans que no se ajustan a la altura de la cadera, haciendo posible que su ropa interior Calvin Klein salga a la vista. Una t-shirt es un elemento que no puede faltar y entre más grande el logo de la camiseta, mejor. En estos años, las chaquetas acolchadas Uniqlo o North Face han estado en furor dentro de este segmento poblacional, al igual que los hoodies, estos no pueden faltar en su closet. Los tennis o zapatos deportivos también son un elemento clave dentro de sus pintas triviales, mejor si son blancos y de marcas como Adidas Stan Smith, Converse o Lacoste. Los pantalones de colores intensos también suelen ser combinados en este tipo de outfits casuales.

En sus atuendos más formales, optan por un look Business Casual, el cual combina un atuendo de oficina con uno informal. Se compone de jeans con zapatos mocasines o botines de gamuza, una correa con hebilla pequeña un blazer o saco tejido, camisa o polo y medias largas con figuras y colores llamativos. Este es el atuendo más atractivo a la vista que un rolo incorporará en su vestir casual y, lastimosamente, pocos capitalinos son capaces de portarlo de una manera consistente. Podría argumentarse que esto hace parte de las

expectativas machistas que han estado presentes durante varios años en nuestra sociedad, donde el hombre no debe de gastar mucho tiempo ni dinero en su apariencia, combinado con el afán de siempre cumplir horarios laborales y expectativas sociales.

Así como en su vestir, en lo que se refiere a la vanidad estos hombres son poco cultivados y constantemente descuidan el aspecto de su piel, de su cuerpo y de su pelo. Una vez llegan a los 35, sucede que varios se quedan calvos y se dejan crecer la panza gracias a la cerveza y la exorbitante cantidad de azúcar que consumen de manera diaria. Debido a estos roles de género que se nos han impuesto desde muy temprana edad, la gran mayoría de hombres heterosexuales le guarda distancia la belleza personal, ya que esto es supuestamente propio de lo femenino. Pero lo cierto es que estos varones rolos no entienden que la belleza no solamente es perteneciente a la vanidad, sino que está más relacionada con la salud, el bienestar y la higiene personal. Gracias a la ola hipster, la barba ha estado en tendencia y muchos hombres criollos que se la dejan crecer, no cuidan propiamente de ella y la dejan prácticamente a la deriva.

Si bien es cierta la falta de cuidados y vanidad por parte de estos varones, esta reflexión no pretende caer en el cliché de todo tiempo pasado fue mejor. Está bien que las prácticas del vestir cambien y se acoplen a su propio contexto, pero es importante rescatar el valor del cuidado y la atención que se le otorga a la apariencia propia. Estos básicos masculinos que fueron mencionados son elementos significativos que pueden ayudar a potenciar la vestimenta de cualquier hombre, y claramente resultan ser funcionales para el estilo de vida capitalino. Pero lo que los hombres están olvidando es que pueden reforzar estas piezas básicas con elementos que puedan reflejar su personalidad y al mismo tiempo su esfuerzo en poder verse bien. Esto se puede lograr por ejemplo con un conjunto básico que se componga de jeans, tennis y camisa, pero que el toque lo otorgue por ejemplo un blazer de un buen material y un reloj. A pesar del estrés y del dinamismo que la vida actual demanda, es importante que tanto hombres como mujeres nos recordemos darnos un espacio para poder dedicarlo a nuestro bienestar, ya que si nos sentimos bien adentro, también reflejaremos eso hacia fuera.

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